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Un lobo sexy o un dragón


¡Buenos días a todas!

Espero que estéis pasando un buen día, hoy toca trabajar así que apenas dispongo de tiempo para pasarme por las redes sociales y por el blog. Sé que no lo actualizo mucho pero me podéis encontrar por Facebook, Twitter e Instagram, además de por mi Web. 






Como véis, le he dado un lavado de imagen para que sea más sencillo poder encontrar mis tres seudónimos y mis novelas. Espero que os guste ;)


Actualmente estoy escribiendo (o más bien puliendo y rematando) tres novelas: 

Consumido por el fuego (novela única, romántica gay)

Salvado por el lobo (novela única, romántica gay)

Grabado en piedra (tercero de la saga SoulMate, romántica gay)


Espero poder tener los tres para marzo. 



En mi grupo de Las chulísimas de Sheyla Drymon de vez en cuando escribo un micro relato para regalar a mis lectoras, ellas son las primeras en leerlo... y ahora lo subo al blog. Es un relatín diferente, divertido y muy tierno. Espero que os guste. 







Paca, Paca...

Azahara Vega


Voy a llamar a la policía.
Manolo dejó el periódico sobre la mesita de noche y se giró para poder ver a su mujer, quien permanecía tras la cortina observando el exterior con un disimulo parecido al de un elefante en una cristalería. ¡Sí con las luces encendidas los de fuera podían verlos!
—Paca, mujer. ¡Déjales! Son jóvenes y no hacen tanto ruido.
Treinta años al lado de su esposa y aún no aprendía el momento en que debía callarse, darle la razón y dejarla cuando entraba en modo "siempre tengo la razón".
—¿Cómo que no hacen ruído? Si están con esas horrorosas motos encendiéndolas y apagándolas. Ojalá se queden sin gasolina y tengan que regresar a casa andando, para que aprendan. Además, comienzan con las motos y luego acaban haciendo una acampada hippi. —Manolo negó con la cabeza y ocultó la sonrisa al verla negar efusivamente mientras movía los brazos, alertando a los de fuera de su presencia al bailar las cortinas junto a ella—. Y no quiero ver a ninguno de ellos corriendo como Dios los trajo al mundo, mientras se endrogan y se emborrachan. Que ya sabes como son ahora la juventud de hoy en día. —Quien negó esta vez con la cabeza fue ella—. Voy a llamar a la policía, ¡no soporto más este demencial ruído!
Manolo se encogió de hombros y aceptó finalmente:
—Haz lo que quieras, Paca. —Tomó el periódico de nuevo y buscó las noticias locales aunque de reojo vio como su esposa caminó hacia la cama, ayudada con el bastón que le regaló en Reyes y que por suerte aceptó comenzar a usarlo. Treinta años juntos y aún la veía hermosa. ¡Qué rápido pasaba el tiempo!
—¡Me sale un contestador!
Dejó de lado definitivamente el periódico sabedor que hasta que no se solucionase el problema que tenían con los "vecinos" ruidosos su mujer no pararía.
—Paca, ¿a qué número has llamado?
—Al 112.
—No, mujer llama mejor a la policía directamente es...
—¡Ya lo sé, Manolo! No me des lecciones.
Este alzó las manos en señal de paz y optó por cruzarse de brazos y permanecer en silencio para ver como su mujer actuaba.
—Señorita, os llamo porque tengo una banda de moteros frente a mi jardín. Creo que van a comenzar a tomar esas drogas que toman y a beber, y hacen un ruido que... Sí, se que con las diez y media. Tengo mi despertar al lado del teléfono. ¡¿Cómo que por que son las diez y media de la mañana pueden hacer ruido!?
Sin darle tiempo a responder al otro lado, Paca colgó de mala manera.
Manolo estaba a la espera, aguantándose las ganas de reír como podía. Seguro que hasta estaba rojo.
—Manolo, no te puedes creer lo que me ha dicho la policía. Resulta que...
No pudo aguantar más. Rompió a reír. Mal. Muy mal.
Su Paca cuando se enfadaba daba miedo. Sobre todo porque no le iba a hacer esas filloas tan ricas que hacía y el caldo gallego hasta que se le pasara el cabreo contra él.
«Un libro. Le compraré una novela romántica rosa de esas de mujer que tanto le gustan. Así me perdonará antes. Siempre funciona», pensó él mientras intentaba abrazarla y darle besos.
Treinta años juntos y la amaba más que el primer día, pese a sus muchos defectos; al igual que ella le aguantaba a él, pese a que fuera un viejo cansino que hablaba hasta con los cactus del banco.


FIN


Y continuando con las novedades de esta semana, tanto Terapia frustrada como Un dragón para Navidad siguen en el top 100 de los más vendidos en Amazon. ¡Muchas gracias a todas por hacerlo posible! 


Y si tenéis curiosidad por ellas, en mi Web podéis descargaros y leer los primeros capítulos de las dos, para ver si os llaman la atención o no. 

Todas mis novelas están en KindleUnlimited, así que si podéis hasta las váis a leer GRATIS






Gracias al blog de Claudia in Bookland, podéis leer la reseña de Un dragón para Navidad. Muchísimas gracias, Claudia. Me alegra saber que te gustó. 




Reseña: AQUÍ



De la mano de Candy del blog de Alea Jacta Est tenemos las reseñas de Terapia frustrada y Un dragón para Navidad. Muchísimas gracias, guapísima por darles una oportunidad y por reseñarlas.











Y hasta aquí las novedades de esta semana. Para febrero me acercaré al RA en Madrid así que lo más seguro es que escriba una crónica del Evento y la compartiré tanto por aquí como desde el blog Pasión por la Novela Romántica. 


Como siempre digo, gracias a todas por apoyarme en mi andadura como autora y si podéis... ¡Comentar las novelas en Amazon, por favor! Ayuda muchísimo a las autoras y a las futuras lectoras, pues mucha gente se decide a leer una novela después de curiosear los comentarios subidos en Amazon. 

¡Hasta febrero!


Pasad un buen fin de semana. 



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LINK DEL RELATO 


Es necesario leer Nunca hagas enfadar al lobo feroz para poder comprender mejor la historia de Nunca digas no a un lobo feroz. 





Registro Safecreative: 1503133451057
Imágenes de la portada: Pixabay


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PRÓLOGO

Vancouver, primavera 2005
Local Moon´s Bitte

As luzes de neon do local brilhavam com intensidade atraindo aos homens que circulavam pelas ruas aquelas altas horas da noite. A música que se escutava dentro do local tocava com força enlouquecendo com o seu frenético ritmo, aos que dançavam na pista. Os garçons si moviam fluentemente entre os clientes equilibrando bandejas com as bebidas. Aquela noite a festa duraria até perto da meia-noite, e ninguém queria perder nem um segundo. Desde o fundo do local, uma jovem de não mais de vinte e cinco anos observava a pista desde a escuridão, se escondia na zona que se abria de dia como restaurante. Como cada noite, esperava a que se fossem os clientes para limpar o bar junto aos demais garçons e preparar o local para o dia seguinte.

Duas horas depois…

—Me diz que esta é a últim…