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Relato Luna mágica y más cosas



Buenas tardes a todas!!! Espero que estéis pasando una buena semana, como prometí voy a intentar poner al día el blog, aunque sea una vez a la semana, para que podáis estar atentas a mis futuros proyectos, a las novedades varias, sorteos o relatos que tengo guardados en un cajón desastre en mi pc.

Hoy toca subir un pequeño relato que tiene ya cinco años y agradeceros que estéis apoyando mis novelas llevándolas a los primeros puestos de los más vendidos en amazon.

¡¡¡Muchas gracias!!! De corazón.








LUNA MÁGICA



A las afueras de Ronda, 2008



Briaden McNill cayó de rodillas, respirando con dificultad. Las heridas que cubrían su cuerpo sangraban con intensidad, mermando sus fuerzas y debilitando su núcleo mágico. A pesar de ser un brujo de nivel siete, especializado en las artes oscuras, había sido tomado por sorpresa mientras recolectaba la energía mágica que se proyectaba bajo la luna llena en el solsticio de invierno, por una avanzadilla de cazadores de brujos. Estos no mostraron piedad, saltaron sobre él y lo acuchillaron con sus dagas ceremoniales, hundiendo el afilado metal hasta que su sangre manchó las vírgenes tierras conocidas como La Caldera.

Llevaba dos semanas en la ciudad de Ronda, asistiendo a un Congreso de hechicería elemental, un requisito imprescindible en su currículum si deseaba entrar en el selecto grupo de Masters Elementals, para especializarse en su elemento guía: el fuego.

Aquella noche, aprovechando las extraordinarias condiciones astrológicas y la magia que se respiraba en los valles que rodeaban la ciudad de Ronda, salió en busca del llamado polvo estelar, diminutos resquicios del inicio de la vida que brillaban en las noches de solsticio con una tonalidad dorada. Pocos eran los lugares donde se podía obtener este preciado ingrediente de pociones. Su precio en el mercado oscilaba en torno a los 12.000 euros el gramo y su poder curativo era muy solicitado por las altas esferas de la sociedad mágica.

Briaden se levantó mascullando una retahíla de maldiciones al escuchar pasos detrás de él. Los cazadores se acercaban, estaban tan convencidos de haberle cercado que no ocultaban su presencia. Sus pisadas eran claras y sus gritos eufóricos retumbaban en el silencio de la noche. Al levantarse, tosió con fuerza, escupiendo sangre. Estaba débil, lejos de la seguridad del escudo protector que rodeaba a la finca del Hechicero jefe de Andalucía, un brujo de sesenta años y con un extraordinario poder, que organizó el 9º Congreso de hechicería elemental.

Briaden echó a correr, sin atreverse a mirar atrás, atento a donde pisaba y manteniendo sus sentidos en alerta para no ser sorprendido de nuevo. Buscó desesperado el lugar donde aparcó su moto, una Kawasaki negra que se compró con su primer sueldo como ayudante de laboratorio. Un capricho que no dudó en darse.

—¡Maldición! —susurró al comprobar que después del ataque por sorpresa de los cazadores se había desviado de la ruta inicial que tomó para acceder a la cima de la montaña—. Mi vía de escape queda en la otra dirección.

Antes de que pudiese lamentar el no haber tomado el camino correcto, sintió como un puñal se clavaba en su hombro derecho, lanzándolo al suelo por el impacto.

—Ah, joder —se quejó, tanteando su espalda para arrancarse el puñal. Una vez que lo encontró, lo arrancó siseando de dolor y lo tiró al suelo—. No me queda otra opción...

Si quería sobrevivir debía transformarse. Adoptar su forma animal e intentar llegar consciente a los límites de la propiedad, esperando que los sanadores acudiesen a su encuentro al notar una perturbación en las barreras mágicas.

—¡Ahí estás, monstruo! ¡No te escaparás! Esta noche morirás.

Briaden se giró y miró por encima del hombro. A menos de seis metros de distancia se paró el cazador, sonriendo abiertamente al saborear el triunfo. En sus manos tenía el gemelo del puñal que le clavó. Detrás del cazador aparecieron los demás humanos, que salían de noche en busca de los de su especie, cazando cada brujo o bruja que se encontraban en el camino sin importarles que ellos nunca se involucraron en los asuntos de los humanos, viviendo al margen de la sociedad, estableciendo pequeños asentamientos protegidos por barreras mágicas que crecieron con el paso de los años.

«Ahora o nunca» pensó Briaden cerrando los ojos, alterando su magia para levantar un escudo que lo protegiese de los ataques de sus enemigos mientras cambiaba de forma.

Los cazadores lanzaron sus puñales, que rebotaron en el invisible escudo. Enfurecidos al ver que sus ataques no surtieron el efecto esperado, corrieron hacia donde estaba el brujo. Pero antes de atraparlo, el brujo se transformó en un halcón, que se elevó velozmente en el cielo estrellado, perdiéndose de la vista entre las nubes grisáceas.

Briaden luchó contra el dolor y la somnolencia, que le gritaban en su cabeza que se dejara llevar y permitiera a su dolorido y maltrecho cuerpo descansar. El viaje hasta el límite de la propiedad de Anmanuelle Zurera se le hizo eterno, dolorosamente eterno.






Miralles Zurera, hija del Hechicero jefe de la Comunidad mágica de Andalucía se despertó sobresaltada al sentir una pequeña perturbación en las barreras mágicas que rodeaban la mansión de su familia. Se levantó y sin parar a buscar una bata para cubrir su cuerpo, pues solo llevaba puesto un ligero camisón, salió del dormitorio y corrió escaleras abajo. Fue cuestión de segundos lo que tardó en llegar a donde se encontraba el causante de los temblores en el escudo. Un pequeño halcón peregrino, malherido.

Entrecerró los ojos y vislumbró su auténtica forma. Era uno de los estudiantes que acogió su padre para impartir sus últimas clases de la materia de Magia elemental. Preocupada por el lamentable estado del hombre, Miralles murmuró un hechizo que lo hizo recuperar su auténtico cuerpo y llamó a gritos a los sanadores, que no tardaron en llegar junto a ella. Entre todos lo cargaron y lo llevaron hasta el salón.

No fue hasta el día siguiente, cuando el paciente despertó, que descubrieron que un grupo de cazadores, humanos temidos por la sociedad mágica, rondaban los alrededores de la ciudad de Ronda. Gracias a la valiosa información del joven Briaden pudieron evitar una tragedia, al avisar a los brujos que vivían en armonía entremezclándose con los humanos en la bella ciudad.

Todos se escondieron detrás de los escudos protectores de las fincas de los terratenientes bajo las órdenes de Anmanuelle, y el equipo de limpieza salió en busca de los humanos que el odio les cegó convirtiéndoles en unos asesinos.

Aquel año, Briaden conoció el amargo sabor del odio y el dulce néctar del amor, al enamorarse de su cuidadora. La sanadora Miralles Zurera, con la que se casó a los seis meses, iniciando una nueva era en el clan Zurera.



FIN




Y como ya comenté arriba, os quiero agradecer que le estéis dando una oportunidad a mis novelas, posicionándolas entre las más vendidas en Amazon, muchísimas gracias. 







Y sí, se que lo digo muchas veces, parezco un spam cojonero, pero de verdad que cada comentario que subís a amazon, goodreads, o reseñas en vuestros blogs ayudan muchísimo a las autoras. Así que...

¿Me regaláis un comentario?







Espero que paséis un buen día, hoy toca escribir mucho y aprovechar el tiempo que tengo mucho por hacer y poco tiempo libre disponible.

¡Deseadme suerte!











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