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Adelanto de Eres mío



Comenzamos la semana con energía, y os quiero mostrar el primer capítulo de mi próxima novela homoerótica (me estoy centrando en esta novela sola, hasta que no la termine no comienzo o continúo con otra) titulada Eres mío. Aviso, es una novela oscura, llena de drama, de escenas duras y mucho erotismo. Me está gustando cómo está quedando y espero que os sorprenda mucho cuando salga publicada en ebook y en papel por Amazon.








Eres mío

Ursula Brennan


Capítulo uno


Esto es una puta locura—gruñó Alexei con voz grave, desgarrando su propia camisa con las manos. Deseaba con fervor el contacto de piel con piel, y la jodida camisa era una barrera que le molestaba, que iba a destrozar. Así lo hizo, rompiéndola en varios pedazos de tela que cayeron olvidados al suelo. 
—Si dices una palabra más, te juro que esta noche tendrás que pajearte. 
Alexei sonrió con arrogancia, mirando fijamente a los ojos de su belicoso amante. Era el único hombre al que le permitía hablarse con esa falta de respeto, a cualquier otro le habría roto el cuello sin miramientos. 
—No deberías ponerme a prueba Razven, o acabarás de rodillas y suplicándome que te folle duro.
Razven se congeló en el sitio, con las manos sobre el cinturón de su pantalón. Le jodía que su cuerpo reaccionara de la manera que lo estaba haciendo cuando el arrogante hombre que tenía frente a él, se mostraba dominante, con esa pose orgullosa de ser el amo absoluto del mundo. Una parte de él deseaba romperle la cara y recordarle que los dos tenían polla, y no era una de sus putas con tetas de silicona y cerebro de mosquito que gemían como perras cuando las montaba pero que luego lloriqueaban como crías malcriadas dispuestas a todo por dinero, por los caros regalos que le hacía Alexei. 
Ahogó la rabia y el dolor que sintió cuando pensó en esas perras. Era una absoluta pérdida de tiempo hacerlo, no debería ni siquiera perder un segundo en pensar en que el hombre que le estaba devorando con los ojos se follaba a todo un harem de mujeres cuando regresaba a su hogar, cuando se alejaba de él sin mirar atrás. Él mismo aceptó la situación en la que se encontraba. Él fue quien le puso nombre a los ardientes y explosivos encuentros que tenía con Alexei, minutos furtivos que le robaba al destino en esos moteles de mala muerte: folleteo salvaje extremo. Un tú me rascas porque estoy a punto de explotar por el deseo, y yo te devuelvo el favor. 
Pero no podía negar que con cada encuentro quería más, necesitaba más, deseaba más, por mucho que fuera imposible.
Le observó en silencio, luchando contra los encontrados sentimientos que estaba sintiendo por culpa de su estupidez, por no aceptar que aquellos furtivos minutos era lo máximo que estaba dispuesto a darle Alexei. Él no iba a perder su posición social, ni sus mujeres, ni el poder que ostentaba por un culo al que follar. No era más que una puta más pero con polla, que se abría de piernas cuando él le llamaba y jadeaba su nombre cuando se corría.
Razven apretó los dientes con rabia contra sí mismo. Había llegado a un punto de no retorno, lo sentía, ya no podía soportarlo más.
—¿En la cama o en el suelo?
La voz de Alexei le devolvió a la realidad. Estuvo a punto de reírse en alto al ver que cuando él estaba ahogándose con los sentimientos que tenía, su amante ya estaba erecto y dispuesto a clavarle su gran polla hasta encontrar su liberación. 
Ya no puedes negar que esta relación no tiene futuro, que lo más sano es cortarla de una maldita vez y largarse lo más lejos posible sin mirar atrás. Pensó con pesar, cerrando los ojos unos segundos. La culpa era de él, por aceptar aquella situación desde el minuto uno, por continuar con aquella tóxica relación y permitir que su corazón anhelara un imposible que lo estaba torturando cuando estaba lejos de él, que era prácticamente el 90 por ciento de su tiempo. 
Al ver que Razven no le respondía, algo raro en él pues a esas horas ya estaría gimiendo su nombre entregándose por completo, Alexei dio un paso hacia delante y le apoyó su mano derecho sobre el hombro. Se sorprendió al notar como se sobresaltó por su toque. Algo raro estaba pasando, no era normal su actitud tan pensativa, tan silencioso, esquivándole la mirada. Le observó con atención sin apartar la mano de su hombro, apretándoselo un poco para que levantara la cabeza y le mirara a la cara. No le gustaba como estaba actuando, que se cerrara de aquella manera a él, que en cuestión de segundos pasó de devorarle con los ojos a evitarle. 
Desde el momento en que lo vio supo que iba a ser suyo. Razven no era una belleza, pero su aura oscura le atraía y le provocaba unas terribles ganas de destrozar aquella oscuridad, de marcarla con su semilla, de hacerlo suyo. Le sacaba una cabeza, pero Razven siempre se mostraba orgulloso y muy seguro de sí mismo, alardeando de las cicatrices que mostraba su atlético cuerpo como trofeos, pues cada línea que marcaba su dorada piel le mostraba que había sobrevivido un día más en aquel mundo, que era un superviviente que no le temía a la muerte pues se había enfrentado a ella en varias ocasiones saliendo indemne de cada encuentro. 
Alexei pertenecía a los Nersus, la raza que poseía la mayoría de las acciones de la sociedad Laeterus. Eran el ochenta por ciento del Consejo, provocando con su abrumante mayoría que la balanza de la sociedad se moviera a favor de los suyos. Como todos los Nersus poseía la piel de un tono grisácea, y cabellos blancos, que él mantenía largos y atados en una coleta baja que le llegaba al final de la espalda. Su aspecto era muy similar a otros machos de su raza, de complexión fuerte, mandíbulas cuadradas, labios finos de un tono azulado, y su cuerpo marcado por unos tatuajes tribales con los que se podía saber a la familia a la que pertenecía. En cuanto un Nersus nacía se le marcaba con láser, tanto con su nombre como con el de la familia a la que pertenecía. Eran marcas que le acompañarían el resto de su vida y que eran muy importantes para ellos. Como nota discordante, sus ojos eran de un color marrón oscuro, muy diferente a los ojos celestes tan habituales entre los suyos. Por mucho que le preguntó a su padre por aquel hecho, éste nunca respondió a sus preguntas, hasta que se llevó a su tumba las respuestas. Nunca sabría porqué él era diferente, porqué era el único de su raza en tener unos ojos como el chocolate. 
Por otro lado Razven pertenecía a los Primares, la raza que luchaba cada día por tener más derechos, por aumentar su porcentaje en el Consejo, presionando con las pocas armas que poseían: la tenacidad y la fuerza física, pues eran los responsables de la seguridad del planeta. En el pasado se les conoció como la mano de obra, sujetos a las leyes de los Nersus y a sus caprichos, pero con el paso de los siglos consiguieron romper las cadenas que los mantenía presos y se liberaron por completo. Los Primares eran fuerza bruta, muy temperamentales que se dejaban llevar por sus sentimientos, muy capacitados para ser los primeros en caer y luchar con todas sus fuerzas. Y Razven era un ejemplo claro de que las características de los Primares se evidenciaban en él. Poseía unos cabellos cortos del color del trigo, con ojos dorados y un cuerpo marcado por los duros entrenamientos que sufrían desde la niñez. Eran entrenados desde su más tierna infancia para soportar y superar el umbral del dolor, de conocer sus límites y luchar por romperlos. 
Eso era lo que le atraía de él, su falta de control, su capacidad por dejarse llevar por los sentimientos, la rabia que se leía en sus ojos, en sus gestos, su fuerza bruta que era su salvaje compañera y su mayor virtud. 
Pero en esos momentos…Razven era un lienzo en blanco, mostrando una máscara de frialdad que le estaba enfureciendo. 
—¿Pero qué coño te sucede?—luchó contra la tentación de agarrarle por los hombros y zarandearle, para que le mirara a los ojos. 
Razven negó con la cabeza sin mirarle. Aquello fue la gota que colmó su paciencia. Con un gruñido, le sujetó por los hombros y lo empujó contra la cama, lanzándole por el cuarto hasta que quedó tumbado boca arriba en el colchón.
Esta vez sí que le miró.
—¿Pero que cojones te pasa?
Alexei sonrió con sorna y avanzó los metros que le separaban de su amante, hasta que quedó frente a él. Con arrogancia alzó la barbilla y le miró fijamente, devorándole con los ojos, ansiando arrancarle lo que le quedaba de ropa y poseerlo con fuerza, hundirse en su interior sin miramientos, hasta llenarle con su semilla. 
—Esa es mi frase, Razven. Te estás repitiendo. 
—Maldito bastardo—gruñó él poniéndose de rodillas en la cama, dispuesto a partirle la cara al hombre que le volvía loco con su sola presencia. 
Alexei podría ser un hijo de puta que le provocaba una dura erección cada vez que le miraba a los ojos, pero no dejaba de ser un bastardo sin corazón que jugaba con todo el que le rodeaba, que no dudaba en mover los hilos de sus marionetas para que bailaran al son que él mismo tarareaba sin piedad. Le odiaba por lo que le hacía sentir, por hacerle débil ante él, por tenerle comiendo de sus manos, y le amaba con igual ferocidad, con toda su alma, a su pesar. 
Porque era un amor sin salida, un futuro incierto en el que solo le esperaba dolor. 
Las carcajadas de Alexei le devolvieron a la realidad. Estaba de rodillas en la cama, a un paso de él, si estirase el brazo lo podría tocar, si…
¡No! Se gritó a sí mismo por dentro. Si quería librarse de las cadenas que lo aferraban a su captor tendría que levantarse de la cama e irse sin mirar atrás, hacer oídos sordos a los gritos agónicos de su alma cuando se jurase no volver a verle. 
—Cuando te enfrentas a mí me pones duro. Consigues que desee borrarte esa sonrisa orgullosa que pones, que quiera marcarte el cuerpo con mis manos, con mis dientes, llenarte la boca con mi semilla, aplastarte contra el colchón mientras te follo con ferocidad hasta que gimotees que te permita correrte—con cada palabra Alexei se iba acercando al paralizado y boquiabierto hombre. Sabía que a su amante le ponía que le dijera lo que quería hacerle, que fuera franco con las palabras, y que le mostrara quien era el que dominaba en aquella relación. 
Con sus otros amantes no disfrutaba sometiéndolos, marcándoles para que le recordaran los días posteriores al encuentro, con Razven sentía la urgente necesidad de hacerlo suyo, de hacerle daño para que cuando se sentara y sintiera dolor, le recordara. Quería morderle en el cuello para cuando se mirara en el espejo cada mañana viera su marca en su bronceada piel. Se sentía un animal posesivo a punto de volverse loco si no lo poseía, si no lo hacía suyo, si no sentía que se le entregaba en cuerpo y alma cada vez que se encontraban en aquellos moteles de mala muerte a los que acudían para no alertar a sus círculos más cercanos. 
Razven era su mayor pecado, su oscuro secreto que mantendría a buen recaudo siempre, que lucharía por ocultarlo a toda costa, pues en su mundo el amor era una debilidad que se volvía en su contra al concederles a sus enemigos un arma muy eficaz con la que golpearle y dañarle de muerte. 
Alexei estuvo a punto de reír en alto ante lo que estaba pensando. Él no amaba a Razven, no creía en el amor, no era más que una palabra vacía, sin sentido, que se usaba libremente y como moneda de cambio para muchas personas. No era más que una palabra que no significaba nada. Razven era su obsesión, la fuente de su deseo, su oasis, quien lo conocía realmente como era, quien se atrevía a hacerle frente en sus peores momentos, a quien le permitía enfrentarse a él en igualdad de condiciones, pues entre aquellas cuatro paredes eran dos hombres que buscaban sus cuerpos, una conexión más allá de lo sexual.
No pudo reaccionar a tiempo, se quedó paralizado por el deseo, por el fuego que veía en los ojos del hombre que le sometía con su presencia, con sus palabras, con sus… No pudo evitar temblar cuando sus manos le rozaron el pecho, arañándole, clavándole las uñas y sacándole sangre, dejándole una marca parecida a unas garras encima del corazón. 
—Joder—siseó con dolor Razven intentando alejarse del otro hombre. No pudo hacerlo. 
Alexei lo empujó con fuerza contra el colchón, posicionándose encima de él, reteniéndole las manos por encima de la cabeza, sujetándole las muñecas con una fuerza bruta que le hizo daño. 
—A eso hemos venido, Razven, a joder. Y créeme que voy a follarte hasta que me supliques que te permita correrte. Esta noche, vas a llamarme, “mi amo”.
Le acabó dando un cabezazo. Sonrió de puro placer al notar la cara de sorpresa y de rabia que mostró Alexei ante el inesperado golpe. La sangre brotó de su nariz, manchándole la cara. Le había hecho daño, no era la primera vez que le golpeaba intentando marcar su territorio en aquella extraña relación, pero si era la primera vez que sentía puro placer al ver su sangre, al saber que le había hecho daño, que le había demostrado que también era un hombre capaz de devolverle lo que le hiciese. 
Porque no se iba a dejar someter, no iba a llamarle “mi amo”. 
—En tus sueños te voy a llamar “mi amo”, Alexei. Si quieres una perra que siga cada una de tus órdenes sal de este cuarto y búscate a una de las mujeres que te follas. No olvides que puedo romper tu cuello con mis propias manos, que mi trabajo es eliminar a los que les molestan al Consejo. Vosotros los Altos Cargos, los chupatintas me ordenáis acabar con alguien, y son mis manos que se manchan con la sangre de vuestras víctimas. 
Lo sabía. Era consciente de su fuerza, de su potencial en su trabajo, a pesar que odiaba que se expusiera de esa manera ante la muerte, pero no podía hacer nada, si lo degradaba para alejarle de ese mundo en el que se movía, lo único que conseguiría es ponerle en su contra, es transformar el deseo que veía en sus ojos en puro odio.
Pero esta noche, Razven se estaba mostrando más desafiante de lo normal, llegando a rozar la frialdad, provocándole con sus miradas llenas de rabia. 
Si fuera una mujer en esos momentos la echaría sin miramientos de la habitación, asegurándole que se olvidara de su nombre pues no la quería volver a ver en su vida, y si se atrevía a interrumpir en su camino de nuevo se aseguraría a que fuera la última vez de la suya. Con él siempre era diferente, no podía echarle de su vida, por más que tenía el  mal presentimiento que todas las acciones de su amante de esa noche le aseguraban que estaba creando un muro a su alrededor, que lo estaba excluyendo de su vida. 
¡NO! Bramó Alexei dentro de él. Razven era SUYO. No le iba a permitir que se alejara de su vida. Él tomaba lo que quería, sin pensar en las consecuencias, sin detenerse a analizar a quien debía destruir para conseguir lo que deseaba. Era suyo, ya no había vuelta atrás. 
Sería suyo hasta que el deseo que le provocaba se esfumara de su cuerpo, hasta el día en que al mirarle no ansiara follarle hasta la locura. Ese día, él mismo lo alejaría de su vida para siempre, o mandaría eliminarle para evitar futuros problemas, como ya hizo en el pasado con ex amantes. 
La mejor opción era eliminar, borrar la existencia de un amante que podría ser un arma de doble filo que se podría volver en su contra. 
—No hace falta que me digas, “mi amo” porque ya lo soy, me perteneces, no lo olvides—le aseguró mirándole a los ojos, empujando sus caderas contra los del otro hombre, que jadeó al notar la furiosa erección que tenía entre sus pantalones. 
—No, eso no es así—jadeó Razven luchando por liberar sus muñecas, por acallar el deseo que le recorría el cuerpo, que le provocaba que su corazón latiera alocadamente en su pecho. 
—¿Ah, no? ¿Acaso te has atrevido a acudir a nuestra cita armado? ¿Es tu pistola la que siento…—movió la cadera hacia abajo, clavándose contra el cuerpo de su amante, empujando su dolorosa erección contra la de Razven—…o este bulto que percibo es tu polla hambrienta de mi tacto?—agachó la cabeza hasta quedar a pocos centímetros del rostro del otro, sus respiraciones se entremezclaban, sus ojos estaban fijos, y las llamas del deseo ardían en los dos—¿Hambrienta de mi boca? Atrévete a negarme que no deseas que te chupe la polla, que beba de ti hasta la última gota, que te de la vuelta y te parta en dos sin importarme que estés preparado o no para acogerme. Quiero ver como sangras con mi polla, como me la succiona tu vicioso agujero, ansiando que te de mi semilla. 
No podía negarlo. Su cuerpo se derretía con cada palabra del muy maldito, y su polla suplicaba necesitada de atenciones.
Solo es pasión, solo es deseo. Intentó convencerse en vano, desviando la mirada de Alexei, sintiendo dolor al ver la cruda realidad en los ojos de su amante. Le deseaba, era evidente, pero él quería mucho más, necesitaba mucho más, soñaba con tenerlo todo, por no compartirlo con nadie. A su lado se sentía prisionero de su corazón, viviendo un tormento cada día, imaginando a la noche las mujeres que compartían cama con él, torturándose ante las imágenes de sus caricias, de los suspiros de placer, del crujir de las camas que Alexei acudiese. 
Debía alejarse de él. No volver a verle y olvidar la horrible sensación de necesitar sus caricias, de ansiar verle, tocarle, sentirle dentro de él. 
—¡Respóndeme! No te atrevas a desviarme la mirada. ¡ERES MÍO RAZVEN!
Éste se sobresaltó al sentir los dientes del otro en su cuello, mordiéndole con fuerza, marcándole la carne, provocando un gemido de placer y dolor, a partes iguales. Intentó moverse, pero estaba aprisionado bajo él, jadeando entrecortadamente y luchando contra su propio cuerpo que se moría por ser tomado con fuerza. 
—¡No! Nunca lo voy a reconocer—le miró a los ojos con rabia. No iba a darle ese placer, ni a entregarle esa arma arrojadiza, pues cuando lo aceptara, estaría a su merced. Él era un depredador que no tenía piedad de sus presas. 
Alexei soltó un gruñido de furia al ver la negativa en los ojos del otro. Ese día había acudido a la cita con Razven buscando una liberación, alejarse del mundo de sangre y de traiciones que le rodeaba desde la niñez. Su mundo era una jungla en la que los más fuertes eran los que sobrevivían, los que veían un nuevo amanecer, todos los demás se quedaban por el camino, ahogados en su propia sangre. Los encuentros con él eran los únicos momentos en los que podía bajar la guardia ante otra persona, poder mostrarse tal cual era sin temor a no despertar más con un puñal clavado en la espalda. Confiaba en él ya que el díscolo guerrero se le entregaba en cada encuentro en cuerpo y alma, podía verlo en sus gestos, en sus gemidos de puro placer, en sus enfebrecidos ojos. Por este motivo verle tan frío con él le estaba enfureciendo. Quería al Razven que conocía desde hacía unos años de regreso, no a ese muñeco que se negaba a dejarse llevar por el placer y la necesidad de reencontrarse mutuamente y que le estaba jodiendo el día. 
Quería gritarle para averiguar qué coño le pasaba, porqué cojones se comportaba de esa manera, pero la furia que sentía al ver que su oasis se alejaba de él de esa manera, que perdió la razón, se volvió la bestia que muchos temían en su mundo, el hombre que consiguió escalar a lo más alto de la sociedad y a mantener el cargo conseguido con fiereza y crueldad.
Sin dejar de mirarlo, se movió por la cama hasta alcanzar la correa que sujetaba las cortinas. De un tirón arrancó ese trozo de tela trenzada y desgastada con el tiempo, arrancando las viejas cortinas que cayeron al suelo con un sonido seco. La luz del sol penetró en el cuarto inundándolo por completo, iluminando la figura que seguía tumbada en la cama y que lo miraba como si no lo reconociese. 
Razven iba a conocer una parte de él que solo mostraba a sus enemigos, pero que no podía acallar pues estaba impresa en su sangre, en sus movimientos, en cada respiración que daba. Era cruel lo reconocía, pero esa crueldad que muchos temían le mantenía vivo.
—¿Qué haces? —preguntó con nerviosismo Razven, sentándose en la cama, mirando de reojo la distancia que había desde donde estaba a la puerta. Apenas eran unos metros pero temía que no iba a conseguirlo, si Alexei iba a por él estaría perdido.
Éste se giró y le paralizó con la mirada. 
—Voy a recordarte quien es tú amo, a quien le perteneces. No te dejaré ir de este cuarto hasta que reconozcas que eres de mi propiedad, hasta que te rindas a tu destino. 
No lo pensó ni un segundo, se lanzó hacia el suelo y no tardó en ponerse de pie corriendo hacia la puerta de salida. Esos ojos…, no estaba ante Alexei su amante, si no ante el miembro del Consejo más temido por el pueblo, por los otros Consejeros. 
No llevó muy lejos, un golpe directo al bajo de su espalda lo lanzó al suelo, boqueando de dolor. Intentó girarse para levantarse de nuevo y hacerle frente, pero sintió el duro cuerpo de Alexei sobre él. 
—¡Déjame ir! Nada de lo que me hagas conseguirá que cambie de opinión. Soy un Primare, ¿recuerdas? No le pertenecemos a nadie, ya no. ¡Somos libres! Y lo seguiré siendo aunque tenga que morir para mantener mi libertad—amenazó sintiendo como verdadera cada palabra que pronunció. Su raza había luchado siglos por la libertad, y estaba impreso en sus almas que era mejor morir que vivir bajo el yugo de otra persona. 
Aquello fue lo que rompió por completo a Alexei, y con las manos temblorosas, agarró con fuerza las muñecas de Razven y las ató con la correa de tela.
—¡Suéltame, joder! Ya no quiero…
No pudo hablar más. Se quedó sin habla al ver como Alexei rompió parte de su camisa y con ese trozo le cubrió la boca.
Ahora sí tenía miedo. Estaba atado por las manos, y con la boca cubierta, mirando con temor al hombre que se cernía sobre él, con la mirada enloquecida y el pecho subiendo y bajando con cada respiración. Era la viva imagen de una persona salvaje a punto de lanzarse por el acantilado, llevándose a él por delante. 
—Si que vas a querer pertenecerme. No sé que cojones te ha sucedido hoy para que te muestres así de distante conmigo, pero no vas a salir de aquí hasta que no me entregues tu cuerpo y tu alma. 
Con cada palabra, le fue arrancando la ropa, dejándole desnudo sobre el suelo, vistiendo tan solo la ropa interior que se pegaba a su culo como una segunda piel. El cuerpo de Razven era duro por los entrenamientos, marcado de cicatrices y ya mostraba una fina capa de sudor que perlaba toda su dorada piel. Era muy diferente a las mujeres que tomaba para saciar el gusano del deseo que le atormentaba muchas noches, meros agujeros a los que follar hasta correrse, para luego colmarlos de regalos caros para tenerlas contentas, y dispuestas a repetir. 
Razven siempre fue diferente, una debilidad que nunca mostraría al mundo, una obsesión que le volvía loco y que estaba dispuesto a destruir con sus propias manos antes de perderlo. 
—Siempre has sabido cómo trastornarme con tu cuerpo, Razven—le aseguró con voz enfurecida consigo mismo ante esta realidad. Muchas veces deseaba que aquel hombre que temblaba bajo su mirada fuera igual que las otras mujeres, que no ocupara más pensamientos en su cabeza que los minutos que tardara en correrse. Le odiaba por haberse agarrado a su esencia de esa manera, por haberse metido bajo su piel hasta contaminarle con su presencia, hasta envenenarle con su sabor, con la ferocidad con la que se entregaba a él. 
Sonrió al darle la vuelta y ver que seguía duro, pese a sus protestas estaba duro, con su polla presionando con fuerza contra la tela oscura de su ropa interior, mojándola con líquido preseminal. 
Le tocó aquella protuberancia con la mano, aplastándosela con fuerza, disfrutando al ver como Razven jadeaba y cerraba los ojos e intentaba alejarse de él. 
—Tu cuerpo es incapaz de mentirme, sabe que me pertenece, que eres mío, que deseas mi polla partiéndote en dos, follándote con fuerza hasta que te desmayes de placer. Puede que quieras mentirte, pero no puedes obviar esto—le bajó la tela de golpe y agarró el rígido pene con la mano comenzando a bombeárselo sin miramientos, apretándole la base antes de continuar con la ruda caricia—, estás deseando que te folle, no lo puedes negar. Mira cómo gotea tu polla, como desea que la chupe, que pruebe tu sabor, que beba tu semilla antes de que te folle contra el duro suelo hasta que vuelvas a correrte, hasta que te rompas en dos. 
No le permitió ni un segundo de relajación, masturbándole sin piedad, abriéndole las piernas para sacarle con la mano libre la ropa interior. Lo quería desnudo, jadeante por él, con la respiración agitada y moviendo como estaba moviendo la cadera hacia arriba buscando un mayor contacto. 
Alexei sonrió de lado, disfrutando de la vista de ver a su amante reducido a ese estado, salvaje, tembloroso y sucumbiendo al placer que le estaba dando. Tiró lejos el calzoncillo negro y le abrió más las piernas, golpeándole los muslos para que le hiciera caso. 
Ahí Razven abrió los ojos y le fulminó con la mirada. Aquello le encendió todavía más, quería que se enfrentara a él, que mostrara la fuerza que poseía, que le hiciera cara para poder saborear mejor su caída, iba a poseerlo, a hacerlo suyo y a demostrarle que era el propio Primare quien ansiaba ser sometido. 
—Te voy a follar sin prepararte, quiero que me mires a los ojos para que veas quien posee tu cuerpo, quiero ver tu odio, tu placer, tu deseo, tu rabia, prefiero que me odies a que me rechaces como lo estabas haciendo antes. Nunca podrás olvidarte de mí—se colocó entre sus muslos abiertos. Sonrió de nuevo al ver como Razven intentó alejarse, pero no pudo ir muy lejos pues él seguía bombeándole la polla con fuerza. Para tenerlo controlado, le apretó la base y tiró hacia arriba, al tiempo en que decía—. Quieto Primare, ha llegado la hora que te recuerde quien es TÚ DUEÑO—enfatizó esas palabras sabiendo que lo iba a enfurecer todavía más. Quería su furia, no su indiferencia.
Antes de que se recuperara y volviera a intentar alejarse de su lado, Alexei colocó la punta de su polla en la estrecha y sonrosada entrada, y de un empujón se sumergió por completo, tomándole sin preparación, gruñendo al sentir como aquel estrecho pasaje le apretaba su gruesa y larga verga con intensidad, notando hasta los espasmos como pequeñas caricias que le producían puro placer.
Se negó a cerrar los ojos, disfrutando al ver la cara de dolor y gozo que mostraba Razven. Durante unos segundos mientras le permitía que se recuperara de la invasión, comenzó a bombearle la polla buscando que fuera él quien se moviera buscando más, que le indicara que quería que comenzara a empujar con fuerza, poseyéndole con intensidad, golpeándole en aquel lugar que le provocaba a su joven amante que se estremeciera y temblara jadeante bajo él. 
En el momento en que notó como las paredes internas de su amante aflojaban su agarre, comenzó a penetrarle con embestidas fuertes y poderosas, saliendo apenas unos centímetros, para luego embestirle de nuevo. Echó el cuerpo hacia delante, aplastándole contra el suelo, moviendo las caderas sin poder controlarse, marcándole la carne con la palma de la mano con la que le mantenía abiertas las piernas, al empujar su muslo izquierdo hacia abajo. 
—Abre los ojos Razven—ordenó, moviendo la cadera hacia arriba, y en círculos buscando los puntos en los que el Primare gemía sin control y cerraba los ojos, apretándole por dentro con sus rugosas paredes. Cuando éste le hizo caso y sus ojos conectaron, continuó—. No puedes negar que estás a punto de correrte al sentir mi polla en tu culo—se movió de nuevo, golpeándole en la próstata, provocando unos temblores que sacudieron su hermoso y sudoroso cuerpo que se arqueó hacia arriba buscando más contacto, sentirlo más adentro de él—. Mírame Razven, porque quiero ver como te corres, como mojas mi mano con tu semilla, como ahoga los gemidos de tu placer la tela que cubre tu boca. Quiero ver como tu cuerpo se estremece por el placer, como me va a apretar tu vicioso culo porque desea que le llene con mi esencia—las últimas palabras las dijo jadeante, con la voz enronquecida por el placer. Ya no podía contenerse por más tiempo. Con él no había término medio, era pura dinamita, un veneno que le corroía por dentro y le ponía al borde del precipicio cada vez que estaba con él. 
Esta vez fue él quien cerró los ojos, y echó el cuerpo hacia atrás, penetrándole hasta el fondo, sin llegar a salir de su cuerpo. 
Abrió los ojos y apretó con la mano la erecta y húmeda polla de su amante, para masturbarle con fuerza, notando como temblaba con su toque. 
—Ahora Razven, córrete para mí. 
Con un gemido ronco éste así lo hizo, arqueando la espalda y respirando agitadamente, ahogándose a través del trozo de tela que le cubría la boca. Apenas podía respirar y sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. Quería llorar de rabia, aullar de furia al ver como su cuerpo era incapaz de rechazar al hombre que estaba penetrándole y aplastándole contra el pecho. 
Alexei era su mayor error, su obsesión, el único que poseía la llave a su corazón, a sus más oscuros anhelos. 
Le odiaba con la misma intensidad con la que lo amaba. 
Le odiaba por necesitarle, por desearle cada día, por haberle mostrado el amargo sabor de los celos, por hacerle débil. 
Le amaba por su fuerza, por lo que le hacía sentir cuando le miraba con aquella cruda necesidad en sus ojos, por como en sus manos era pura arcilla que se moldeaba a su placer. Le amaba al verle perder la capa de frialdad con la que se cubría una vez que salía por la puerta de los moteles en los que se encontraban, le amaba por mostrarle al verdadero Alexei.
Abrió los ojos y gimió por dentro al verle. Alexei seguía moviéndose sobre él, adentrándose en su interior con erráticos movimientos hasta que explotó, llenándole con su semilla, inundándole con su calor. 
Con un gruñido ronco Alexei se dejó llevar por el orgasmo, marcando a su amante con su semilla, deseando perderse para siempre en aquella húmeda cavidad que lo apretaba con fuerza y lo llevaba a la cumbre del placer. Abandonó la polla humedecida de su amante, que yacía flácida sobre el vientre, y se echó hacia delante apoyando las palmas de las manos sobre el suelo. 
Cuando quedó a unos centímetros del rostro enrojecido de Razven, Alexei le contempló fijamente, devorándole con los ojos, dispuesto a todo por mantenerle a su lado. Quería marcarle la piel, la cara, el cuerpo, para que todo el que viera su marca supiera que era suyo. Suyo y de nadie más, hasta que la muerte lo reclamara. 
—Eres mío Razven, desde el primer momento en que te vi, y poco importa que intentes negarlo—le arrancó la tela que cubría su boca.
—Pedazo de hijo de puta, eres un enfermo tú…
No le permitió hablar más. Le besó con dureza, mordiéndole los labios, luchando contra la resistencia del Primare. 
Quería negarle el acceso, no desear el contacto de su lengua contra la suya, probar de nuevo su sabor, pero su maldito cuerpo le traicionó de nuevo, devolviéndole el beso como si no existiese un mañana, arañándole los labios con los dientes, entremezclando su lengua con la de él en un baile frenético y enloquecido en el que se estaba consumiendo. 
—Si yo estoy enfermo—gruñó con voz enronquecida por el deseo, y sintiendo como su polla crecía en el interior de Razven, aún no había salido aún pese a que se había corrido, y ya quería volver a moverse con fuerza, perdiéndose de nuevo en el placer de poseerlo, de hacerlo suyo, de llenarle con su semen hasta que le saliera por el culo y se le escurriera entre los muslos—, tú sufres la misma enfermedad. No puedes negarlo, tu cuerpo es sincero y voy a atarte a mí para siempre. No podrás olvidarme, ni cuando busques el contacto de otro hombre—sintió deseos asesinos con la sola idea de que otro hombre o mujer tocara lo que era suyo, si eso pasara le mataría con sus propias manos, le apretaría el cuello hasta asfixiarlo disfrutando al ver como la vida se le escapaba en jadeos entrecortados. Quería ver el miedo en los ojos del que se atreviese a tocarle—, y si eso sucede te aviso que lo mataré delante de ti, me desharé del que quiera separarte de mí. 
Estaba enfermo. Era la única explicación posible al ponerse duro con esas palabras, por la mirada ardiente de él, al sentir su dureza en su interior, llenándole, colmándole con su gran polla. Estaba dolorido y aún así quería que volviera a moverse con fuerza sobre él, que entrara en su interior con movimientos duros y profundos. 
Estaba enfermo y su enfermedad tenía nombre: Alexei.
Jadeó en alto sin poder contener los gemidos que brotaban de sus entreabiertos labios cuando sintió como comenzó a moverse sobre él con poderosas embestidas. El dolor y el placer se entremezclaron de nuevo y lo lanzaron a un océano de tortura. No quería sentir lo que sentía, ni responder cómo lo hacía, pero ya estaba perdido, lo sabía desde el día en que empezó a sentir celos hasta de los guardaespaldas que le protegían. Los odiaba, quería romperlas las manos cuando osaban tocarle, romperlas las piernas por ser ellos los que estaban cada minuto del día al lado de él, de su obsesión, del hombre que le había robado y destrozado su corazón. Era un veneno que lo conducía a la locura y que lo lanzó a la perdición. Estaba condenado y todo por culpa del amor, de la oscuridad que nacía en su interior cuando lo imaginaba con otras mujeres, cuando ansiaba que fuera solo suyo para siempre. 
Cerró los ojos y gimió en alto cuando sintió como le golpeó en la próstata con su gran polla, acribillándole una y otra vez, provocando que todo su cuerpo reaccionara tembloroso, jadeante y con el corazón latiendo enloquecido a cada profunda embestida. El suelo le estaba destrozando tanto la espalda como las manos, que seguía teniendo atadas a la espalda. Estaba seguro que recordaría por tiempo ese día, sobre todo cuando se mirase al espejo y viese las marcas que podía percibir en su cuerpo, las marcas de las manos de Alexei en sus muslos, el dolor en su ano ante las embestidas poderosas que le estiraron sin remordimientos haciéndole probar el dolor y el placer a partes iguales, las laceraciones en sus manos ante los bruscos movimientos de aquella posesión, pues con cada penetración le estaba poseyendo cada rincón de su cuerpo y de su corazón.
—No…joder, no…—susurraba con voz rota Razven con los ojos cerrados, y luchando contra su propio orgasmo. 
Alexei no tuvo piedad, le condujo hacia la locura, masturbándole y poseyéndole sin contenerse, con todas sus fuerzas, sumergiéndose en su interior con fuerza, profundamente, dispuesto a marcarle para siempre con su esencia. 
—Eres mío Razven, para siempre—sonrió internamente al notar como las paredes del agujero que estaba poseyendo le apretaron succionándole con golosinad, con espasmos erráticos. No se dejó llevar hasta que notó como el hombre que estaba follando en el suelo se corrió de nuevo sobre su vientre, mojándole la mano, gritando en alto y cayendo exhausto con las piernas muertas y el pecho subiendo y bajando con agitación. 
Fue en ese preciso momento, en que le vio derrotado por el orgasmo que se dejó llevar, corriéndose en su interior, inundándole con su esencia. 
Con los últimos chorros de semen eyaculando dentro del estrecho canal, Alexei se agachó hasta quedar a la altura del cuello y le mordió, hundiendo sus dientes en la perlada piel de su amante, marcándole y sacándole sangre. 
—¡Ah!—gritó de dolor al sentir como le mordía el cuello, a la altura de la clavícula. Abrió los ojos y lo que vio le dejó sin aliento.
Alexei se erguía sobre él, con la mirada ardiente y fija en sus ojos, con los labios humedecidos y enrojecidos por su sangre, y el rostro sofocado por una fina capa de sudor que hacía que sus largos cabellos se pegaran a su frente. 
—Mío—gruñó con voz grave, lamiendo la sangre que goteaba por la comisura de sus labios, ante la mirada sorprendida de su amante. 
Tuyo. Pensó con pesar Razven. Suyo aunque fuera su perdición. Suyo pese a que le había entregado su corazón a un hombre que no dudaría en destrozarle si se interponía en su camino. El Nersus tomaba lo que deseaba y cuando se aburría lo desechaba, todo el mundo lo sabía, y él… Lo había visto con sus propios ojos. Alexei era un hombre despiadado que le había robado lo único que mantuvo toda su vida protegido: su corazón. 
Estaba perdido. Lo sabía. 
Serás mi muerte. Por tu mano, o por la de tus enemigos… Pensó Razven antes de perder el conocimiento, quedando laxo contra el suelo.
El mundo en el que vivían los sueños no eran más que armas que usaban sus enemigos para destruirte, y él al perder de esa manera el corazón había conseguido tener un arsenal en su contra, tanto por parte de sus enemigos como por parte del propio Alexei. 
Temía el momento en que no pudiera negar por más tiempo lo que sentía, y ese día….por desgracia había llegado. Era un loco que había perdido el sentido común por un sueño, amar y ser amado sin tener que compartirlo con nadie más. 
Y como todo cuento de hadas, había llegado la hora de ponerle la palabra FIN.





Aviso: está sin corregir, está tal cual lo he escrito, antes de publicarla voy a pulirla, ampliarla y corregirla a fondo, espero que os sorprenda y le deis una oportunidad.


Pasad un buen día!!!!!!!!!





Comentarios

  1. Vaya...estoy impresionada. No puedo negar que me encantan las historias mezcladas con lucha. Gracias por tu trabajo, en un extracto tan corto me has llevado a otro mundo y dejado con ganas de más. No puedo dejar de recomendarte

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  2. UnU ya tiempo deseo leerlo pero lamentablemente no esta disponible en mi pais

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  3. Hola .... He leído el avance y esta interesantisiiimo ..... Espero el final gracias

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  4. Hola .... He leído el avance y esta interesantisiiimo ..... Espero el final gracias

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