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Novedades variadas y pequeño regalo


Hace tiempo que no actualizaba el blog, lo tengo un poco abandonado, espero que me perdonéis. Actualmente estoy centrada en dos novelas, En el gimnasio y Eres mío, ambas homoeróticas. Me están gustando mucho cómo están quedando, y son muy diferentes entre sí. Espero poder publicarlas antes de Octubre.


De regalo os quiero mostrar un extracto de Eres mío. Será una novela corta dura, contundente, y muy cargada de erotismo, de dolor, traiciones, y sentimientos.


ERES MÍO



URSULA BRENNAN


Capítulo uno


"Esto es una puta locura—gruñó Alexei con voz grave, desgarrando su propia camisa con las manos. Deseaba con fervor el contacto de piel con piel, y la jodida camisa era una barrera que le molestaba, que iba a destrozar. Así lo hizo, rompiéndola en varios pedazos de tela que cayeron olvidados al suelo. 
—Si dices una palabra más, te juro que esta noche tendrás que pajearte. 
Alexei sonrió con arrogancia, mirando fijamente a los ojos de su belicoso amante. Era el único hombre al que le permitía hablarse con esa falta de respeto, a cualquier otro le habría roto el cuello sin miramientos. 
—No deberías ponerme a prueba Razven, o acabarás de rodillas y suplicándome que te folle duro.
Razven se congeló en el sitio, con las manos sobre el cinturón de su pantalón. Le jodía que su cuerpo reaccionara de la manera que lo estaba haciendo cuando el arrogante hombre que tenía frente a él, se mostraba dominante, con esa pose orgullosa de ser el amo absoluto del mundo. Una parte de él deseaba romperle la cara y recordarle que los dos tenían polla, y no era una de sus putas con tetas de silicona y cerebro de mosquito que gemían como perras cuando las montaba pero que luego lloriqueaban como crías malcriadas dispuestas a todo por dinero, por los caros regalos que le hacía Alexei. 
Ahogó la rabia y el dolor que sintió cuando pensó en esas perras. Era una absoluta pérdida de tiempo hacerlo, no debería ni siquiera perder un segundo en pensar en que el hombre que le estaba devorando con los ojos se follaba a todo un harem de mujeres cuando regresaba a su hogar, cuando se alejaba de él sin mirar atrás. Él mismo aceptó la situación en la que se encontraba. Él fue quien le puso nombre a los ardientes y explosivos encuentros que tenía con Alexei, minutos furtivos que le robaba al destino en esos moteles de mala muerte: folleteo salvaje extremo. Un tú me rascas porque estoy a punto de explotar por el deseo, y yo te devuelvo el favor. 
Pero no podía negar que con cada encuentro quería más, necesitaba más, deseaba más, por mucho que fuera imposible.
Le observó en silencio, luchando contra los encontrados sentimientos que estaba sintiendo por culpa de su estupidez, por no aceptar que aquellos furtivos minutos era lo máximo que estaba dispuesto a darle Alexei. Él no iba a perder su posición social, ni sus mujeres, ni el poder que ostentaba por un culo al que follar. No era más que una puta más pero con polla, que se abría de piernas cuando él le llamaba y jadeaba su nombre cuando se corría.
Razven apretó los dientes con rabia contra sí mismo. Había llegado a un punto de no retorno, lo sentía, ya no podía soportarlo más.
—¿En la cama o en el suelo?
La voz de Alexei le devolvió a la realidad. Estuvo a punto de reírse en alto al ver que cuando él estaba ahogándose con los sentimientos que tenía, su amante ya estaba erecto y dispuesto a clavarle su gran polla hasta encontrar su liberación. 
Ya no puedes negar que esta relación no tiene futuro, que lo más sano es cortarla de una maldita vez y largarse lo más lejos posible sin mirar atrás. Pensó con pesar, cerrando los ojos unos segundos. La culpa era de él, por aceptar aquella situación desde el minuto uno, por continuar con aquella tóxica relación y permitir que su corazón anhelara un imposible que lo estaba torturando cuando estaba lejos de él, que era prácticamente el 90 por ciento de su tiempo. 
Al ver que Razven no le respondía, algo raro en él pues a esas horas ya estaría gimiendo su nombre entregándose por completo, Alexei dio un paso hacia delante y le apoyó su mano derecho sobre el hombro. Se sorprendió al notar como se sobresaltó por su toque. Algo raro estaba pasando, no era normal su actitud tan pensativa, tan silencioso, esquivándole la mirada. Le observó con atención sin apartar la mano de su hombro, apretándoselo un poco para que levantara la cabeza y le mirara a la cara. No le gustaba como estaba actuando, que se cerrara de aquella manera a él, que en cuestión de segundos pasó de devorarle con los ojos a evitarle. 
Desde el momento en que lo vio supo que iba a ser suyo. Razven no era una belleza, pero su aura oscura le atraía y le provocaba unas terribles ganas de destrozar aquella oscuridad, de marcarla con su semilla, de hacerlo suyo. Le sacaba una cabeza, pero Razven siempre se mostraba orgulloso y muy seguro de sí mismo, alardeando de las cicatrices que mostraba su atlético cuerpo como trofeos, pues cada línea que marcaba su dorada piel le mostraba que había sobrevivido un día más en aquel mundo, que era un superviviente que no le temía a la muerte pues se había enfrentado a ella en varias ocasiones saliendo indemne de cada encuentro. 
Alexei pertenecía a los Nersus, la raza que poseía la mayoría de las acciones de la sociedad Laeterus. Eran el ochenta por ciento del Consejo, provocando con su abrumante mayoría que la balanza de la sociedad se moviera a favor de los suyos. Como todos los Nersus poseía la piel de un tono grisácea, y cabellos blancos, que él mantenía largos y atados en una coleta baja que le llegaba al final de la espalda. Su aspecto era muy similar a otros machos de su raza, de complexión fuerte, mandíbulas cuadradas, labios finos de un tono azulado, y su cuerpo marcado por unos tatuajes tribales con los que se podía saber a la familia a la que pertenecía. En cuanto un Nersus nacía se le marcaba con láser, tanto con su nombre como con el de la familia a la que pertenecía. Eran marcas que le acompañarían el resto de su vida y que eran muy importantes para ellos. Como nota discordante, sus ojos eran de un color marrón oscuro, muy diferente a los ojos celestes tan habituales entre los suyos. Por mucho que le preguntó a su padre por aquel hecho, éste nunca respondió a sus preguntas, hasta que se llevó a su tumba las respuestas. Nunca sabría porqué él era diferente, porqué era el único de su raza en tener unos ojos como el chocolate. 
Por otro lado Razven pertenecía a los Primares, la raza que luchaba cada día por tener más derechos, por aumentar su porcentaje en el Consejo, presionando con las pocas armas que poseían: la tenacidad y la fuerza física, pues eran los responsables de la seguridad del planeta. En el pasado se les conoció como la mano de obra, sujetos a las leyes de los Nersus y a sus caprichos, pero con el paso de los siglos consiguieron romper las cadenas que los mantenía presos y se liberaron por completo. Los Primares eran fuerza bruta, muy temperamentales que se dejaban llevar por sus sentimientos, muy capacitados para ser los primeros en caer y luchar con todas sus fuerzas. Y Razven era un ejemplo claro de que las características de los Primares se evidenciaban en él. Poseía unos cabellos cortos del color del trigo, con ojos dorados y un cuerpo marcado por los duros entrenamientos que sufrían desde la niñez. Eran entrenados desde su más tierna infancia para soportar y superar el umbral del dolor, de conocer sus límites y luchar por romperlos. 
Eso era lo que le atraía de él, su falta de control, su capacidad por dejarse llevar por los sentimientos, la rabia que se leía en sus ojos, en sus gestos, su fuerza bruta que era su salvaje compañera y su mayor virtud. 
Pero en esos momentos…Razven era un lienzo en blanco, mostrando una máscara de frialdad que le estaba enfureciendo. 
—¿Pero qué coño te sucede?—luchó contra la tentación de agarrarle por los hombros y zarandearle, para que le mirara a los ojos. 
Razven negó con la cabeza sin mirarle. Aquello fue la gota que colmó su paciencia. Con un gruñido, le sujetó por los hombros y lo empujó contra la cama, lanzándole por el cuarto hasta que quedó tumbado boca arriba en el colchón.
Esta vez sí que le miró.
—¿Pero que cojones te pasa?
Alexei sonrió con sorna y avanzó los metros que le separaban de su amante, hasta que quedó frente a él. Con arrogancia alzó la barbilla y le miró fijamente, devorándole con los ojos, ansiando arrancarle lo que le quedaba de ropa y poseerlo con fuerza, hundirse en su interior sin miramientos, hasta llenarle con su semilla. 
—Esa es mi frase, Razven. Te estás repitiendo. 
—Maldito bastardo—gruñó él poniéndose de rodillas en la cama, dispuesto a partirle la cara al hombre que le volvía loco con su sola presencia.
Alexei podría ser un hijo de puta que le provocaba una dura erección cada vez que le miraba a los ojos, pero no dejaba de ser un bastardo sin corazón que jugaba con todo el que le rodeaba, que no dudaba en mover los hilos de sus marionetas para que bailaran al son que él mismo tarareaba sin piedad. Le odiaba por lo que le hacía sentir, por hacerle débil ante él, por tenerle comiendo de sus manos, y le amaba con igual ferocidad, con toda su alma, a su pesar. 
Porque era un amor sin salida, un futuro incierto en el que sólo le esperaba dolor. 
Las carcajadas de Alexei le devolvieron a la realidad. Estaba de rodillas en la cama, a un paso de él, si estirase el brazo lo podría tocar, si…
¡No! Se gritó a sí mismo por dentro. Si quería librarse de las cadenas que lo aferraban a su captor tendría que levantarse de la cama e irse sin mirar atrás, hacer oídos sordos a los gritos agónicos de su alma cuando se jurase no volver a verle. 
—Cuando te enfrentas a mí me pones duro. Consigues que desee borrarte esa sonrisa orgullosa que pones, que quiera marcarte el cuerpo con mis manos, con mis dientes, llenarte la boca con mi semilla, aplastarte contra el colchón mientras te follo con ferocidad hasta que gimotees que te permita correrte—con cada palabra Alexei se iba acercando al paralizado y boquiabierto hombre. Sabía que a su amante le ponía que le dijera lo que quería hacerle, que fuera franco con las palabras, y que le mostrara quien era el que dominaba en aquella relación. 
Con sus otros amantes no disfrutaba sometiéndolos, marcándoles para que le recordaran los días posteriores al encuentro, con Razven sentía la urgente necesidad de hacerlo suyo, de hacerle daño para que cuando se sentara y sintiera dolor, le recordara. Quería morderle en el cuello para cuando se mirara en el espejo cada mañana viera su marca en su bronceada piel. Se sentía un animal posesivo a punto de volverse loco si no lo poseía, si no lo hacía suyo, si no sentía que se le entregaba en cuerpo y alma cada vez que se encontraban en aquellos moteles de mala muerte a los que acudían para no alertar a sus círculos más cercanos. 
Razven era su mayor pecado, su oscuro secreto que mantendría a buen recaudo siempre, que lucharía por ocultarlo a toda costa, pues en su mundo el amor era una debilidad que se volvía en su contra al concederles a sus enemigos un arma muy eficaz con la que golpearle y dañarle de muerte. 
Alexei estuvo a punto de reír en alto ante lo que estaba pensando. Él no amaba a Razven, no creía en el amor, no era más que una palabra vacía, sin sentido, que se usaba libremente y como moneda de cambio para muchas personas. No era más que una palabra que no significaba nada. Razven era su obsesión, la fuente de su deseo, su oasis, quien lo conocía realmente como era, quien se atrevía a hacerle frente en sus peores momentos, a quien le permitía enfrentarse a él en igualdad de condiciones, pues entre aquellas cuatro paredes eran dos hombres que buscaban sus cuerpos, una conexión más allá de lo sexual.
No pudo reaccionar a tiempo, se quedó paralizado por el deseo, por el fuego que veía en los ojos del hombre que le sometía con su presencia, con sus palabras, con sus… No pudo evitar temblar cuando sus manos le rozaron el pecho, arañándole, clavándole las uñas y sacándole sangre, dejándole una marca parecida a unas garras encima del corazón. 
—Joder—siseó con dolor Razven intentando alejarse del otro hombre. No pudo hacerlo. 
Alexei lo empujó con fuerza contra el colchón, posicionándose encima de él, reteniéndole las manos por encima de la cabeza, sujetándole las muñecas con una fuerza bruta que le hizo daño. 
—A eso hemos venido, Razven, a joder. Y créeme que voy a follarte hasta que me supliques que te permita correrte. Esta noche, vas a llamarme, “mi amo”. "


Seguimos con las novedades y es que mi novela El guerrero de mi destino está posicionándose poco a poco entre los más vendidos, tanto de Amazon.es como de Amazon.com. 






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Y en Amazon.com en la sección de ERÓTICA!!!!!!!! En el puesto nº 59!!!!!!













































Y en Amazon.es tiene un nuevo comentario que me ha hecho mucha ilusión pues me encanta cómo escribe Megan Maxwell y más con su saga Las Guerreras Maxwell, así que no sabéis el honor que me ha hecho las palabras de Yaicha6.




4.0 de un máximo de 5 estrellas muy entretenido28 de julio de 2014
Compra verificada(¿Qué es esto?)
Esta opinión es de: El guerrero de mi destino (Versión Kindle)
Es un libro muy fácil de leer, divertido, en ocasiones se hace un pelin pesado, pero por lo general, si te gustan los libros de las guerreras Maxwell de Megan Maxwell, léelo, porque te encantará.
Ayuda a otros clientes a encontrar las opiniones más útiles.  
¿Esta opinión te ha parecido útil?  No








4.0 de un máximo de 5 estrellas romantiquisima30 de julio de 2014
Compra verificada(¿Qué es esto?)
Esta opinión es de: El guerrero de mi destino (Versión Kindle)
me encantan estas historias de amor con finales felices.
Una se evade totalmente a un mundo aparte,la historia me atrapó desde el primer momento y no podía parar de leer
Ayuda a otros clientes a encontrar las opiniones más útiles.  
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Quiero agradecer a las lectoras y lectoras que le están dando una oportunidad a la historia de Gaerth McLeod!!!! Muchas gracias!!!!!!! Y a las demás novelas que tengo publicadas, gracias por elegirlas y darles una oportunidad, espero de corazón que disfrutéis con su lectura!!!!!!!!


Espero que tengáis un feliz fin de semana!!!!!!!!




Comentarios

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ENTREVISTA


Por el momento no hay muchas más novedades, sigo escribiendo, realizando muñecos con fimo y lana de fieltro y deseando publicar todo lo que tengo pendiente por finalizar. 
¡Ah! Ahora mismo estoy acabando las correcciones profesionales de Belleza oscura y El guerrero de mi destino, gracias al trabajo de dos correctoras muy buenas. Están quedando de lujo las nuevas ediciones. 


Y quien quiera animarse a participar en el grupo LAS CHULÍSIMAS DE SHEYLA DRYMON, comentaros que además de juegos, encuestas…