domingo, 15 de diciembre de 2013

En busca de mi musa.... próximamente



Vale, deciros que casi no tengo tiempo para escribir es quedarme corta y puede sonar como una excusa, pero es así. Estoy escribiendo cada día unas 3 o 4 horas, y aún así me parece que no doy avanzado pero es que estoy al mismo tiempo con 6 novelas, todas muy diferentes entre sí, eso sí cuando las termine saco de golpe 6!!!! que iluuuuuuuuuuuuuuu

Como casi no actualizo el blog (mil perdones!!!!) os quiero mostrar un cachito de un proyecto al que le tengo mucho cariño (lo tengo que pulir y ampliar, pero la versión que tengo escrita y que voy a colgar a continuación está REGISTRADA, como todo lo que subo aquí o en el facebook. Tengo todo registrado, hasta he registrado ideas de futuros proyectos, para que no me pase nada, y no me encuentre con desagradables sorpresas, como dice el refrán más vale prevenir que lamentar)

Y sip, de nuevo erótica paranormal, un género que me encanta y con el que me siento muy a gusto escribiéndolo!!!!

Espero que os guste este pequeño adelanto (está sin corregir, vamos tal cual lo escribí, sin revisar ni nada, lo suelo corregir cuando lo tenga todo terminado, así que ahora toca imprimir y corregir con calma para luego ya ver qué hacer con esta hermosa y apasionante historia)




EN BUSCA DE MI MUSA



PRÓLOGO



Quiero ser una nueva mujer. Estoy cansada de tener que ser yo la que dé el brazo a torcer siempre cuando discuto con mi marido y…
Keiran O´Rourke suspiró con cansancio, antes de echarle un vistazo al reloj que colgaba sobre la pared de enfrente del despacho. Eran las cinco y media de la tarde, y por desgracia aún le quedaba media hora para que terminara la sesión.
Paseó la mirada por su despacho, haciendo una nota mental que en cuanto saliese la señora Smith saldría al balcón y fumaría un cigarrillo disfrutando de cada calada, desde que se prohibió fumar en los centros de trabajo estaba desesperado, sobre todo  cuando debía escuchar a una histérica mujer que no dejaba de quejarse acerca de lo injusto que era su marido, pero no aceptaba los consejos que le ofrecía como terapeuta.
—¿Y usted que opina doctor?
Aquella pregunta le devolvió a la realidad.
Que haga lo que haga o diga lo que diga vas a seguir haciendo lo que te salga de los ovarios. Fue lo que pensó, pero en cambio dijo en voz alta:
—Que es muy bueno que acepte finalmente que en su relación de pareja usted comparte el primer escalón junto con su marido. Debe valorarse como mujer si desea que la valore su esposo.
Su paciente abrió los ojos del todo, y se mostró sorprendida.
Como si no te lo hubiese dicho casi a diario en los dos malditos meses que llevas viniendo a mi consulta. Farfulló para sus adentros, procurando no mostrar su disconformidad ante la actitud de la mujer ante el tratamiento. Era evidente que temía hacer algún cambio en su vida, que estaba convencida al 100% de que si cumplía algunas de las recomendaciones que le daba perdería al pilar de su vida, su marido.
—¿Y cómo puedo lograrlo, doctor?
Keiran tomó aire, llenando los pulmones del todo, antes de soltarlo con lentitud.
Otra vez le iba a soltar el mismo rollo de siempre, y ella haría lo que creyese conveniente, y tras los meses valorándola y escuchándola lunes, miércoles y viernes de cinco a seis de la tarde, sería no hacer nada.
—Pues como ya le he dicho en contadas ocasiones — no pudo evitar decir esto —, deberá….
La media hora de consulta restante la empleó para intentar convencer a la señora Smith que no debía dejarse pisotear por el hombre que compartía su vida desde hacía quince años, y que logró anularla como persona, convirtiéndose en el centro del universo de aquella frágil mujer.



Las seis y cinco de la tarde



—Oh, joder, estos minutos no debían ser prohibidos por ley—se quejó en voz alta, apoyado contra la fría barandilla del balcón de su despacho. Tomó otra calada del cigarrillo disfrutando del amargo sabor del tabaco negro, para después soltar el aire con lentitud—. Necesito unas vacaciones—cerró los ojos e intentó alejar de su mente las quejas y confidencias de sus pacientes. Aquel día había atendido a seis pacientes y según su agenda le quedaban dos más antes de dar por finalizada su jornada laboral—. Con urgencia.
Le sobresaltó un ruido a su espalda. Dejó caer la colilla al suelo y la pisoteó cuando se giró.
—Pero qué demonios—masculló en alto, al ver que sentada sobre la mesa de madera de haya de su despacho había una exuberante y exótica mujer. Durante unos segundos permaneció parado, ante la entrada del balcón, mirándola fijamente, paseando sus ojos desde sus pies descalzos que se balanceaban en el aire, pasando por su curvilíneo cuerpo cubierto tan solo por un fino vestido casi transparente con un corte asimétrico, hasta sus brillantes ojos violáceos. 
La sonrisa que le ofreció la joven le desarmó completamente. No pudo evitar posar su mirada sobre los carnosos y enrojecidos labios, apareciendo inesperadamente en su mente, sorprendiéndole por la intensidad de la fantasía, una imagen en la que la veía de rodillas en el suelo, chupándole la polla con golosinad, pasando su lengua por toda su longitud sin dejar de acariciarle con sus manos.
Estuvo a punto de soltar un gruñido en alto, al notar que su cuerpo inexplicablemente había reaccionado ante la fantasía. Se removió incómodo en el sitio al notar como estaba duro con solo imaginarla de rodillas ante él, acariciándole con sus largos cabellos azabaches mientras subía y bajaba a lo largo de su verga con sus labios, follándoselo con su lujuriosa y caliente boca.
—Hola.
Oh, joder. Esto debe ser una ilusión. Se dijo a sí mismo al estremecerse por la inocencia que se leía en los ojos violáceos de la mujer. El cigarrillo que me fumé debía contener algo, porque ella es…
—Perfecta.
Keiran no supo que lo había dicho en alto, hasta que escuchó la cantarina voz de la extraña de nuevo.
—¿Perdona? ¿Qué quieres decir con perfecta?
Keiran carraspeó y se maldijo por dentro por perder el control como si aún fuera un muchacho sin experiencia.
—¿Quién cojones eres tú? ¿Qué haces en mi despacho?
En cuanto entró en el despacho, la joven se movió saltando de la mesa al suelo, quedando a un paso de él.
Keiran la observó con atención, deteniéndose unos segundos en los pronunciados pechos que se veían con claridad a través de la fina tela de un color azul cielo. Tenía los pezones erectos, y la aureola era de un color rosado que le llamaba. Quería acercarse a ella, levantarle aquel escaso vestido hasta la altura de su cuello, y lamerla y mordisquearle los pezones, acariciándolos entre sus manos, hasta hacerla jadear.
Debo tirar la cajetilla. Se juró para sus adentros, luchando contra el deseo que sentía por aquella mujer. O mejor…tirármela sobre la mesa. Reconoció, devorándola con sus ojos. Follármela hasta que grite mi nombre de puro placer. 
¿Pero acaso sabía su nombre?
No.
Keiran le echó un vistazo rápido al reloj viendo que aún eran las seis y cuarto, y hasta las siete no llegaría el señor Johnes con su problema de impotencia.
—¿Quién coño eres? ¿Cómo has entrado en mi despacho?—preguntó de nuevo, esta vez alzando la voz, mostrando en su tono de voz rabia y frustración. Rabia por ser un completo gilipollas y dejarse embaucar de aquella manera por aquella belleza exuberante y frustración por no poder tomarla sobre la mesa de su despacho olvidándose completamente que se había colado ilegalmente en su consulta y que mientras permaneciese entre aquellas cuatro paredes su obligación como terapeuta imperaba sobre sus más salvajes instintos.
La joven se sonrojó. No supo si era por ser devorada con la mirada, si había captado el interés que tenía por ella o por haber sido encontrada in fraganti en medio del despacho sin estar en la lista de clientes de aquel día.
Pero lo que nunca esperó fue escuchar lo que escuchó.
—Quiero que me ayudes, y como eres el único sanador de mentes que aparecía en el libro amarillo de direcciones que encontré tirado en el suelo, aquí me tienes. 
Keiran frunció el ceño.
—¿Sanador de mentes?—era la primera vez que le llamaban así. Habitualmente sus pacientes se dirigían a él con el sobrenombre de doctor, y sus amigos se burlaban llamándole loquero, comecocos y muchos otros motes con los que se partían el culo de risa a su costa compartiendo una cerveza. 
La mujer arrugó el entrecejo.
—¿Acaso no eres un sanador de mentes? ¿No eres el señor O´Rourke? ¿Mentía el anuncio que leí en el libro amarillo?
Keiran se cruzó de brazos y dio otro paso hacia delante. La joven le llegaba a la altura del pecho y tuvo que alzar la cabeza para poder mirarle a los ojos.
—Si lo que preguntas es si soy psiquiatra licenciado la respuesta es sí.
La confusión que mostró la joven fue auténtica.
—¿Psiquiatra? ¿Así es como llamáis hoy en día a los sanadores de mentes?
—¿Hoy en día?—murmuró por lo bajo, asombrándose de las expresiones con las que se dirigía a él la mujer. Se le ocurrió preguntarle—. ¿En qué año crees que vivimos?—haber si es una de esas personas que creen que viven en otra época. Síntoma evidente de delirio.
Ella se mostró ofendida, mirándolo con evidente reproche en sus ojos.
—Bien se que este es el año 2011, señor. No intente tomarme el pelo. Estoy aquí para que me ayude, no para que se burle de mí.
Ya le estaba tocando los huevos. Se presenta en su consulta, cometiendo un delito de allanamiento, le provoca con su inusual, escasa y reveladora vestimenta y, ¿ahora se atrevía a sermonearle como si fuera un muchachito? 
—Si quieres una cita tendría que haber llamado, ahora si me disculpa a las siete llegará mi paciente. Le recomiendo que se largue por donde vino, mi paciencia tiene un límite y usted la ha sobrepasado con creces hoy.
Si creía que iba a ver un berrinche por parte de ella, se equivocó. La mujer le miró con los ojos abiertos reflejando un atisbo de temor, y asintió con la cabeza sin pronunciar palabra.
Keiran se consideraba una persona racional. Había luchado por salir de las calles después de acabar en ellas al escaparse de la tercera casa de acogida en la que estuvo, encontró trabajo y con el dinero que ganaba lo usaba para pagar los gastos que tuviese mes a mes, y lo poco que conseguía ahorrar lo guardaba para pagarse a universidad.
Cuando al fin consiguió matricularse en psiquiatría cumplió su sueño, salir del fango en el que el destino lo lanzó de golpe y forjarse su propio camino.
Y tras tres años ejerciendo pudo alquilar un piso para montar su propia consulta.
Después de un año en aquel lugar, creía haberlo visto todo. Desde mujeres con tres personalidades diferentes, a hombres que creían que en sus otras vidas habían sido personajes históricos de gran relevancia en la historia mundial. Pero nada, nada de lo que estudio durante los 4 años de carrera, o lo que vivió en las calles cuando se ganaba el sustento trapicheando con droga le había preparado para lo que presenció.
Desapareció.
La mujer simplemente se esfumó ante sus ojos.
—¡Esto no puede ser verdad!—gritó tras unos segundos de tenso silencio.
No quería mostrarse como un histérico, necesitado de medicación, pero es que en aquellos momentos si alguien le saltaba con una cámara dentro del cuarto gritando sorpresa todo era un truco para la tele lo habría tomado como su salvación. Pero nada sucedió. Se plantó en el lugar donde apenas unos segundos estaba ella y no había nada.
—No estoy drogado—se dijo, moviéndose en círculos por el espacio que quedaba entre la mesa del despacho y el sillón en el que se tumbaba el paciente—, y tampoco pudo ser un espejismo. Nunca tuve alucinaciones tan vívidas como esta y sin pasarme con las cervezas—analizó, sopesando todas las posibles respuestas al misterio que suponía que la mujer más sexual que conoció en su vida se había esfumado delante de él sin dejar huella, sin emitir ni un triste sonido. 
Se agachó hasta rozar el suelo de madera con sus dedos.
—¿Qué ha sucedido aquí?—murmuró sin poder creerlo del todo. 
Lo único que sabía a ciencia cierta, era que lo vivió no se lo iba a contar a nadie, si no sería él el que se tendría que sentar en uno de los sillones reclinables como paciente y muy posiblemente acabara vistiendo con una camisa de fuerza.



Doce y media de la noche



 —Os lo juro tíos,...estaba ahí en medio de mi despacho y a los segundos…se fue….
Keiran movió el brazo hacia un lado, derramando cerveza a la mesa. Los demás ocupantes ni siquiera se percataron, después de once pintas era un milagro que recordaran sus nombres y donde vivían. 
Como cada noche, cuando finalizaba la jornada laboral, acudía al bar irlandés que había frente a su casa. Ahí se reunía con sus amigos de la infancia que pudieron salir de la mierda y ahora vivían honradamente, sin mirar atrás ni lamentarse de las atrocidades que llegaron a hacer con tal de sobrevivir un día más en las calles. 
Solo quedaban tres de  los nueve que vivieron juntos durante 3 años, apoyándose unos a otros mientras burlaban a los policías, a los camellos rivales y a los agentes sociales que querían enviarlos de regreso al infierno que eran los centros de acogida. 
—¿Y estás así porque se fue...?—se escucharon unas risas tras esta declaración, que atrajo la atención de los demás clientes del abarrotado local.
Keiran miró mal a Ciaran. Por más que fuera su mejor amigo y con el que mejor se identificaba, admirando la fortaleza que mostró al convertirse en detective de homicidios para limpiar su conciencia tras su pasado escabroso, no iba a permitirle que se burlara de él. Tenía muy claro lo que había visto. Lo que había experimentado con esa extraña mujer, y por más que le había dado vueltas  la cabeza durante toda la tarde y parte de la noche, no había conseguido averiguar el truco que empleó para evaporarse de aquella manera.
Le dio un trago a su jarra, empapándose de cerveza al escurrirse por su barbilla, antes de responderle a su sonriente y burlón amigo:
—Se evaporó, Ciaran—al ver que seguía mostrando una sonrisa estúpida en sus labios, Keiran frunció el ceño. ¿Cómo demonios podía explicar lo que sucedió si él aún creía que había sido producto de su mente o fruto de un contaminante alucinógeno contenido en el cigarrillo que se fumó en su descanso—. Delante de mí, a un…paso, desapareció, sin mas.
Esta vez fue Declan quien preguntó en alto:
—¿Cómo que desapareció? ¿A qué te refieres? 
Keiran dejó la jarra vacía sobre la mesa junto a las de sus amigos igualmente carentes de líquido dorado y espumoso.
Ciaran llamó al camarero con un gesto para que les sirviera otra ronda, y se giró para atender a la respuesta de Keiran. Estaba intrigado. A pesar del estupor que le envolvía  a causa del alto nivel alcohólico en sangre, aún comprendía cada palabra que se hablaba en la mesa. Tal vez, cinco jarras después, no iba ni acordarse de su apellido. Pero por el momento, estaba intrigado a la espera de la explicación de Keiran.
Keiran se pasó una mano por sus cabellos, revolviéndolos. Era el único del grupo que no mostraba unos cabellos oscuros con diferentes tonos cobrizos. Debía ser el único irlandés rubio de aquel local.
—Lo que oís, tíos. En cuestión de segundos la mujer desapareció, como por arte de magia.
Declan frunció el ceño.
—Es lo más estúpido que he escuchado en mi vida.
Ciaran asintió con la cabeza.
—Sí joder, es imposible que se desvaneciese delante de ti—se calló ante la llegada del camarero, quien depositó sobre la mesa tres jarras llenas de espumosa cerveza bien fría y retiró las vacías. Cuando éste se alejó de la mesa, Ciaran se inclinó hacia delante y comentó con voz burlona—. Y yo que creía que el loquero de los tres eras tú. 
Keiran golpeó la mesa con la palma, agitando las jarras, salpicando cerveza sobre la mesa.
—Maldición, no te rías Ciaran. No estoy loco ni fue fruto de mi imaginación. La tía se evaporó. Cuando se evaporó frente a mí comprobé la cerradura de la puerta, y la muy puta estaba cerrada.
Declan le restó importancia a este hecho.
—La pudo cerrar cuando salió del despacho.
—¡Por dentro! ¡Cerrada por dentro, Declan!
Hubo un silencio en el que aprovecharon para tomar un trago los tres, cada uno sumergido en sus pensamientos.
—¿Y cómo pudo hacerlo?
Keiran miró hacia Ciaran.
—Eso es lo que me pregunto. Y soy incapaz de encontrar una explicación…—Declan alzó las cejas con burla —, razonable. Una explicación que no tenga que ver con inexplicablemente imposible o…
—Magia—finalizó la frase Ciaran.
Después de unas carcajadas en las que Keiran no participó, se quedaron callados, con las jarras en las manos y apoyados contra los respaldos de las sillas en las que estaban sentados en una esquina del bullicioso local. A aquellas horas de la noche el local siempre estaba lleno y ellos eran clientes fijos que no faltaban nunca, compartiendo dos horas de sus vidas en las que se contaban lo que les había sucedido durante el día con una buena jarra de cerveza bien fría en las manos.
—Justo, Ciaran, si no fuera porque se que es imposible, te diría que se esfumó por arte de magia.
Declan le echó un vistazo al reloj de muñeca. Eran cerca de la una de la madrugada. Apuró el contenido de la jarra y la dejó sobre la mesa provocando que se le quedaran mirando sus compañeros.
—Debo irme, tíos. Mañana tengo turno. Si no duermo al menos 4 horas, en una de las salidas caeré del coche.
Ciaran soltó una carcajada.
—Vaya imagen que darías. Ya puedo leer los titulares de la prensa. Bombero con resaca se cae del coche en una curva.
Keiran compartió la broma de su amigo, riéndose con él. Cada uno estaba orgulloso del puesto que consiguieron con mucho esfuerzo y sacrificio.
—Si reíros de mí, pero mañana estaréis tan jodidos como yo. Estas diez…
—Once copas—le corrigió Keiran antes de que llegara a finalizar siquiera la frase su amigo.
—Estas once copas—marcó la palabra once con burla—, pesarán como una tonelada mañana.
Ciaran rió en alto, alzando la jarra por encima de la cabeza.
— Seguro que sí, Declan, pero joder que bien sienta beber hasta desfallecer. 
Declan negó con la cabeza y cogió la cazadora de cuero que dejó apoyada contra el respaldo.
— Burlaros pero mañana me contaréis.
Keiran se levantó a su vez.
—Prefiero irme ahora que aún recuerdo donde vivo.
Ciaran soltó un suspiro dramático.
—Si los dos escapáis, habrá que recogerlo todo y largarme a mi apartamento.
Después de pagar la cuenta entre los tres, salieron del local. El aire frío de Nueva Orleans les quitó el aliento un segundo, antes de que tomaran rumbo a sus vehículos.
—Ya nos contarás cómo termina la historia Keiran—gritó Ciaran antes de arrancar la moto y salir disparado rumbo al sur, hacia las marismas donde vivía en una vieja y destartalada cabaña en medio del la nada y que heredó de una tía abuela que ni siquiera sabía que existía.
—Hasta mañana—Declan subió a su camioneta y arrancó con dificultad el viejo auto.
Cuando estuvo solo en el parking trasero del local, soltó el aire y echó la cabeza hacia atrás, contemplando en silencio y perdido en sus pensamientos las estrellas.
—Fuiste un espejismo, nena—su voz apenas se escuchó—. El mejor espejismo que tuve en mi vida—reconoció, al tiempo en que cerraba los ojos y recordó sus ojos. Sus violáceos ojos que lo miraron con una dulzura y una inocencia que lo excitó. 
Rebuscó entre los bolsillos de su chaqueta y sacó la cajetilla de tabaco. Encendió el cigarrillo y tomó una calada. 
—La mejor fantasía de mi vida—era patético reconocer aquello, pero así era. En solo unos segundos aquella mujer había conseguido marcarlo a fuego. No solo con sus inocentes ojos, si no con su espectacular y curvilíneo cuerpo, la promesa que se leía en sus gráciles gestos. Fuego, decían sus candentes caderas. Puro fuego.
Y él habría dado todo lo que tenía por quemarse…entre sus piernas, por sentirla abrazarle y arañarle la espalda mientras se hundía en su interior.
—Pero solo fuiste un producto de mi imaginación, o del adulterio del tabaco—esbozó una sonrisa ladeada — Bye, bye, nena—sin más caminó hacia el coche. 
Disponía de 6 horas para descansar, para intentar dormir algo, antes de que el primer paciente de su agenda se presentara ante las puertas de su despacho.



.......




Próximamente.....


Estado: REGISTRADO, finalizado, pendiente de corrección, posible envío Editorial.



2 comentarios:

  1. Joder Vane yo quiero leerlo entero!!!! me a encantado

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    1. Gracias chulísima!!! espero poder tenerlo listo pronto para subirlo a Amazon, muchos besitos!!!!

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