miércoles, 4 de diciembre de 2013

El ataque de la momia....última parte para el blog



Perdonadme el retraso, pero estoy que no paro, entre escribir, coser, pintar, hacer fofus, viajar y socializar, no me queda tiempo para nada jajajajajajaja.

Os quiero comentar que finalmente, tras la buena acogida que ha tenido este pequeño experimento mío con la momia Seth y que el pobre me ha relatado su historia, la estoy ampliando para poder publicarla en amazon en ebook. Por el momento serán 6 capítulos, más prólogo y epílogo, así que espero que le deis una oportunidad cuando salga publicado, y que os guste muchísimo (cruzo los dedos para que así sea, que nerviosssssss)

Así que antes de darle carpetazo a la historia y publicarla en Amazon os quiero colgar un cachito más de Seth en el blog, como regalo por vuestros comentarios y por vuestras visitas!!!!!!

;Muchas gracias por todo!!!


EL ATAQUE DE LA MOMIA




Pero antes…Seth sonrió abiertamente como un depredador a punto de devorar a su presa, y se lanzó hacia delante, lamiendo la temblorosa carne de su mujer, porque aquella mortal, aunque no lo supiese era suya, para siempre.
—¡Oh, Dios mío! —gimió con voz entrecortada Elizabeth moviendo la cadera hacia arriba, buscando más contacto con aquella habilidosa lengua, que la acariciaba lentamente, torturándola, de arriba abajo, golpeteando levemente su clítoris a un paso de volverla loca.
 Seth sonrió sin dejar de lamerla, escuchar sus gemidos era el mayor de los premios y la mayor de las torturas, pues las ganas de hundirse en su interior se volvía a cada segundo que pasaba una condena que le desgarraba por dentro, instándole a que la tomara hasta que la inundara con su semilla, marcándola como suya.
Apoyó su mano derecha en su muslo, manteniendo así en todo momento sus piernas abiertas y anclándola al suelo, con la otra mano comenzó a penetrarla con dos dedos, hundiéndose lentamente, expandiéndola, acariciándola con movimientos circulares y dando pequeños toques hacia arriba que provocaban que ella saltara y gimiera en alto.
Aquel era el punto. Pensó volviendo a tocar ese lugar, presionando con un poco más de fuerza, al tiempo en que mordisqueaba el botoncito de placer y tiraba de él, disfrutando de cómo estaba reaccionando a él, aquella mujer era puro fuego, lava ardiente que se estaba derritiendo en sus manos.
—¡Oh, Dios, así, así! —arqueó la espalda, cerrando los ojos y jadeando sin poder controlarse. Las manos las tenía apoyada en el suelo, abriendo y cerrando los dedos evitando caer en la tentación en enterrarlos en los sedosos cabellos del hombre para asegurarse que no se alejara de ella, que no la dejara fría y con las ganas de tocar el cielo—. No pares, por Dios, más, más…
Seth se separó unos segundos, sin dejar de penetrarla con tres dedos, hundiéndolos en la húmeda entrada de su mujer, embriagándose con su dulce aroma y los temblores que la sacudían por dentro, apretándole, succionándole con ansiedad.
—Vas a correrte con mis dedos y con mi lengua, y cuando aún estés temblando de placer te voy a follar hasta que explotes de nuevo,  tu cuerpo me recordará siempre, borraré la presencia de otros hombres en tu vida—una parte de él gruñía por dentro al comprobar que no era virgen, que otro hombre la tocó. Los iba a matar si los conocía en persona, aquella mujer era suya, un regalo que le puso el destino en su camino y que no iba a dejar marchar.
No sólo su cuerpo le volvía loco, también sus sonrisas, la suavidad de su voz, el cómo se movía o trataba a los extranjeros a los que conducía por el museo mostrándole las diferentes salas que exponían. Fue la luz que iluminaba la condena que era su existencia, en cuanto aparecía ante él, su presencia lo envolvía, lo embriagaba y lo lanzaba de cabeza al infierno deseando lo que nunca creyó posible.
Púdrete en el infierno Horus, estoy vivito y coleando, a punto de yacer con una mujer que le da mil vueltas a la zorra con la que te desposaste. Y en cuanto la sacie y compruebe que está a salvo, iré a por ti, te voy a destrozar, maldito. Pensó, sin decir una palabra en alto pues no estaba dispuesto a ponerla en peligro.
Sacó sus dedos de golpe, dejándola vacía, y se alejó de ella, unos segundos, saboreando la dulce protesta que brotó de los labios humedecidos y entreabiertos de ella.
—¡No, no pares! —le miró a los ojos, la pasión nublaba su mirada y la volvía más hermosa. Así era como la quería ver, abierta, entregada por completo a él, humedecida y temblorosa—. Por favor…
—Joder—masculló en alto con voz enronquecida, aspirando con fuerza la dulce fragancia del deseo femenino—. Maldición, eres puro deseo nena, quería tomarte con mi boca pero no puedo aguantarlo más, si no te follo ahora, moriré.
Elizabeth se lamió los labios y alzó la cadera sin dejar de respirar con dificultad, el corazón le retumbaba con fuerza contra el pecho y tenía el cuerpo a flor de piel, muy sensible y a punto de arder. Aquel hombre la estaba volviendo loca, llevándola al límite con sus dedos y sus caricias, y ahora ansiaba como nunca antes lo hizo, que la penetrara y la llevara al orgasmo, rompiéndola en dos.
—¡Oh, Dios sí! Por favor, sí, te necesito, ahora—suplicó mirándole a los ojos, extendiendo los brazos llegando a rozarle los hombros, de golpe él se movió hacia delante y pudo tocarle, agarrarle y tirar de él hasta tenerlo completamente tumbado sobre ella. Podía sentir el frío del suelo en su espalda, pero compensaba sin duda el malestar de estar en aquel lugar, la incomodidad de estar tumbada sobre las losas, el tenerlo sobre ella, mirándola a los ojos como si fuera la joya más hermosa del mundo.
Seth se movió hasta estar sobre ella, cubriéndola con su cuerpo, apoyándose en sus codos para no aplastarla con su peso, gruñendo al sentir como su polla entraba en contacto con la ardiente piel de ella.
—Te deseo—murmuró ella extendiendo los brazos, acariciándole la espalda con sus uñas, empujándole hacia abajo para tener más contacto. Lo quería en aquel momento en su interior, que la penetrara y la hiciera olvidar de todo, de sus prejuicios, del lugar donde estaban, de la apuesta, de la monotonía que era su vida desde que murió su abuela, la única familia que le quedaba.
—Joder, sí—gruñó él moviéndose hasta quedar entre sus muslos, hasta que posicionó la cabeza de su dura polla en la húmeda entrada, penetrándola apenas unos centímetros, sin dejar de mirarla a los ojos.
Al ver que ella los estaba cerrando le ordenó con voz enronquecida por el esfuerzo que estaba haciendo para no sumergirse de una estocada hasta el fondo, necesitaba que se adaptara a su tamaño, a su grosor, ahora que al fin había alcanzado el tamaño original, mostrando una orgullosa y gruesa polla que hacía suspirar de puro placer a las mujeres que tomó hasta la extenuación:
 —No los cierres, quiero que veas quien te está tomando, que me grabes en tu mente, en tu cuerpo, en tu corazón, eres mía, no lo olvides, nena, completamente mía—la penetró otro tramo más, hundiéndose hasta la mitad de su tamaño, jadeando entre dientes al notar como lo envolvía, como le apretaba con fuerza aquellas húmedas y ardientes paredes. 

Próximamente...a la venta... 


El anhelo de Seth.... en AMAZON








4 comentarios:

  1. Aplaudo tu idea de ampliar la historia y publicarla. Ya tienes una lectora asegurada. Eso si, por favor, se buena y no tardes demasiado que me quedo con la ansiedad de seguir disfrutando del dios egipcio. Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias Ana María!!!!!!!!!!!! Espero que te guste cuando la leas!!! Estoy trabajando para publicarla antes de Navidad!!! cruzo los dedos para poder lograrlo, que soy de las que piensan que mejor con pausa y que quede bien!, muchos besitos y Gracias por pasarte y comentar!!!!!

      Eliminar
  2. olé Seth como se lo curra tras años de encarcelamiento y que tuviese que esperar a que le creciera jajaja. Besos guapa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Leila!! Me alegro que te esté gustando jejejejejeje

      Besitos

      Eliminar