domingo, 3 de noviembre de 2013

El ataque de la Momia III


Perdonadme el retraso, estuve de vacaciones y ahora debo ponerme al día con las reseñas, las novelas, correcciones y demás. Esta vez será mitad de un capítulo, porque me va a quedar largo que me conozco, quiero describir bien el primer encuentro entre Seth y la mujer que lo está volviendo loco, y de paso darle tiempo al pobre para que se regenere por completo, que está muy traumatizado por su falta de vigor....

Espero que os guste y continuéis leyéndola....

¿Ya me diréis?

Muchas gracias por todos los comentarios que me dejasteis!!! Me ha sorprendido la buena acogida de la historia, e intentaré escribir otra que...si, ya os lo podéis imaginar, otro loco sueño...y esta vez....con....no, mejor no adelanto nada, pero será un relato erótico por supuesto jajajajajaja




EL ATAQUE DE LA MOMIA







Esto no puede ser verdad—murmuró ella cuando el beso se rompió.

¿Por qué la mujer seguía diciendo eso? ¿Acaso no veía que él era muy real? ¿Qué estaba a punto de ser follada por un dios que la iba a hacer gozar hasta el límite?

Por si no lo había entendido bien, repitió con voz enronquecida, tanto por falta de uso como por el deseo que bullía dentro de él:

—Sí, es real. E...eres mía. Mi mujer. M...mía...entera.

Quería dejárselo claro, ella le pertenecía y aquella noche se lo iba a mostrar, iba a ser la primera de muchas pues estaba seguro que no iba a cansarse de su sabor, de su delicioso cuerpo, de sus gemidos y suspiros de pasión.

La mujer no actuó como pensaba que lo haría, intentó alejarse de nuevo de él gritando que la dejara, que no le hiciese daño.

Debía ser paciente con ella, por mucho que tuviese ganas de arrancarle la ropa, darle unas nalgadas en su culito y hundirse en su interior hasta que el mundo estallara a su alrededor, tenía que comprenderla. El temor que percibía en lo profundo de sus ojos le confirmaba que su sola presencia la perturbaba, el miedo debía ser acallado antes de que se dejara guiar por el placer, por el puro deseo carnal.

Tengo que calmarla. Así también le daría tiempo a su poll…ejem, a su cuerpo a recuperarse del todo, a volver a ser el hombre que una vez fue.

Dispuesto a acallarla y de paso a calmarla, la besó. Había comprobado que a pesar de la resistencia inicial, cuando sus labios se encontraban se dejaba llevar, entregándose a él, mostrándole el fuego que quería ver arder en sus ojos, en su cuerpo. Aquella mujer era apasionada y él estaba dispuesto a mostrarle aquella verdad.

El beso se volvió salvaje. El deseo que sentía le estaba matando por dentro, tanto tiempo sin tocar la sedosa piel de una mujer le estaba pasando factura, se sentía a un paso de eyacular inútilmente entre sus piernas. Luchó contra el placer, queriendo acallar el orgasmo. Se negaba a correrse de aquella manera tan bochornosa, como un muchacho inexperto en su primera experiencia sexual. De hacerlo, quería que fuese en el interior de la fogosa moza, no sobre ella.

Seth gruñó en alto siendo acallado sus gruñidos por el beso, la lucha estaba siendo una verdadera tortura. El olor de ella, su deliciosa y exigente lengua, su sabor, el calor que irradiaba, los gemidos de placer que brotaban de sus labios…Era la tentación en el cuerpo de una mujer.

La agarró con fuerza atrayéndola hacia él, una de sus manos dejó sus largos cabellos y comenzó a vagar por su cuerpo, deteniéndose en sus pechos. Acogió uno con su mano y lo apretó ligeramente, sorprendiéndose al notar como la mujer se sobresaltaba y gemía en alto contra sus labios.

Era sensible. Le gustaba que fuese así y se iba a aprovechar de ello. Le siguió acariciando el pecho, rozando el pezón erecto que percibió tras la molesta capa de ropa que llevaba puesta.

Gruñó al no poder alcanzar su piel y sin miramientos, sin cortar el beso, rompió la ropa dejando expuesto su pecho.

Ella se movió hacia atrás y le golpeó los hombros, luchando contra él. Eso le encendió todavía más, parecía que todo lo que ella hiciese conseguía que se encendiera el fuego que ardía dentro de él y de paso su polla llorara necesitada y ansiosa por sumergirse en su interior y verter su semilla, marcándola como suya.

—¡No, suéltame! —consiguió gritar ella sin dejar de pegarle, tras romper el beso.

Seth la miró a los ojos, estaban nublados por el deseo, ya no podía ocultar que su cuerpo respondía a sus caricias, a sus besos.

Sonrió abiertamente, mostrando dos hileras de perfectos dientes. A pesar de haber sufrido la momificación en vida por siglos, la maldición estaba revertiendo mostrando su verdadero aspecto, volviendo al inicio como si nada hubiese pasado. Se miró las manos de reojo y paseó los ojos por su cuerpo, deteniéndose en una parte de su anatomía que a pesar de no alcanzar su grosor y tamaño original se acercaba bastante, estaba casi regenerado.

—¡No! Mía…—gruñó posando sus ojos sobre los de ella, paralizándola con la intensidad de su mirada, con las llamas del deseo y posesividad que se percibía en sus dilatadas pupilas—. Tu cuerpo será…mío—con cada palabra le costaba menos hablar, pero en esos momentos lo que menos quería era perder el tiempo hablando, pero era consciente que ella lo necesitaba, necesitaba escuchar que iba a ser suya, que la iba a follar hasta que perdiera el sentido de la realidad, hasta que aceptara que era su esclava para siempre, en cuerpo y alma.

Ella seguía moviendo la cabeza negándolo. No, gritaban sus ojos, no podía ser verdad, no quería ser suya, aquello no podía ser real. Había acudido al Museo por una apuesta y ahora estaba siendo atacada sexualmente por una momia que tras salir de la vitrina que la protegía se había transformado en un modelo sexy de ropa interior con una erección de caballo.

Pero lo que más miedo le daba era la reacción de su propio cuerpo, porque a pesar de que su mente le gritara que iba a ser violada, sabía que era una gran mentira, le deseaba, ya estaba húmeda con tan sólo sus besos, se sentía ansiosa por sentirlo dentro de ella, bombeando con fuerza. Era una estúpida por dejarse llevar de tal manera por el deseo, pero su cuerpo se negaba a retroceder, a alejarse de aquel hombre o momia o lo que fuese. Su parte racional le decía que probablemente se golpeó la cabeza pues las momias no se levantaban de la tumba para follar y menos con un aspecto de un guerrero de otro tiempo bien dotado, pero el calor y las chispas eléctricas que sentía cuando él la besaba le dejaba claro que estaba bien despierta y que a pesar de parecer un mal guión de una película porno escrita por un Nerd fumado, estaba pasando.

Estaba de rodillas en el suelo a un paso de una criatura que no debía estar moviéndose y menos tener una erección que daría envidia a los actores pornos mejor dotados de la Industria.

Seth pudo percibir la confusión de ella, la lucha interna que estaba pasando. Debía ser paciente se decía una y otra vez, mientras apretaba los dientes, pero el olor de ella le estaba trastornando. Podía oler su deseo, su necesidad, escuchar la agitación de su respiración, los furiosos aleteos de su corazón.

Ella le deseaba y por todo el oro del mundo que iba a aceptarlo.

Ya no podía esperar más.

Se movió con rapidez y se posicionó sobre ella, tumbándola contra el frío suelo. La cubrió con su cuerpo y no tardó en tomar posesión de sus labios, dándole un salvaje beso, mientras sus manos vagaron hasta sus pechos.

Gruñó cuando escuchó sus gemidos y percibió como ella se arqueaba ante su toque. No quiso romper el beso cuando comenzó a torturarla jugueteando con sus pezones, apretándolos con sus dedos y tironeando de ellos, sonriendo internamente al escuchar los gemidos de placer que emitía.

Siguió jugando con uno de sus pechos y con la otra mano la acarició hacia abajo, recorriendo su vientre, hasta toparse con otra barrera de ropa. Con un rugido se movió, rompiendo el beso y le arrancó la ropa de su tembloroso cuerpo. La quería desnuda, ansiosa y abierta ante él, que no hubiese barrera alguna entre ellos.

La brusquedad de sus movimientos la alteró y la atemorizó, pero no le dio tregua, en cuanto la tuvo completamente desnuda, con los jirones de la ropa esparcidos a su alrededor, Seth se posicionó entre sus muslos y los entreabrió, rozando con sus dedos aquel rincón que con tanto deseo ansiaba penetrar.

Estaba húmeda, palpitante y caliente, lista para recibirlo, pero por más que estuviese tentado a follarla en ese preciso momento, quería alargar aquel primer encuentro, hacerle pagar las veces que la deseó cuando pasaba delante de la urna de cristal en la que estaba enterrado en vida.

Movió los dedos arriba y abajo, recorriendo la ardiente carne de ella, deteniéndose unos segundos en la perla del placer provocando con sus movimientos erráticos y circulares que ella temblara, se tensara y gimiera bajo él.

Follarla. Follarla. Follarla.

Aquello era lo único que pasaba por su mente...una y otra vez...

Sonrió abiertamente antes de lamer los dedos con los que la torturó, escuchando sorprendido un jadeo que retumbó en el lugar. Cuando alzó la mirada y la contempló, quedó embelesado. La mujer permanecía con la mirada clavada en su boca, donde lamía los dedos con los que probó su sabor, sus ojos ardían en llamas, sus labios estaban enrojecidos y entreabiertos, humedecidos y maltratados por sus besos, sus mejillas sonrosadas comenzaban a cubrirse de una fina capa de sudor que la volvía más apetitosa si cabe. Toda ella era un delicioso regalo que estaba dispuesto a saborear por completo, de los pies a cabeza. No habría un rincón de ella que no lamiese, acariciase o memorizase, empezando por...

Sin dejar de sonreír se movió y se agachó entre sus piernas, apoyando sus manos en sus muslos.

—No puedes, no....¿no vas a...?

Ya estaba harto de escuchar aquella palabra, NO. Nunca le hizo caso, haciendo siempre lo que deseaba, y estaba vez no iba a ser diferente.

Le abrió más las piernas y la miró a los ojos antes de gruñirle con voz enronquecida por el deseo.

—SÍ, voy a lamerte hasta que te corras, te poseeré con mis dedos, con mi lengua, y cuando grites y estés a punto de desmayarte del placer, te voy a follar duro y fuerte. No tendré contemplaciones, tomaré posesión de tu cuerpo—de tu alma, de tu corazón. Pero esto último no lo dijo en voz alta—. Eres mía y ya va siendo hora que lo aceptes. No te alejarás de mi lado—le abrió un poco más las piernas hasta que notó que ya no podía más, que el cuerpo de ella hacía fuerza para no sentir dolor ante la falta de flexibilidad—. Así que deja de decir NO, porque nada va a cambiar. Desde el instante en que te cruzaste en mi camino eres MÍA. 

Elizabeth no supo si reír o llorar, pero las crudas palabras del hombre estuvieron a punto de lanzarla al orgasmo, algo que sólo había leído en las novelas pero que en la vida real no era más que una patraña, mera imaginación de las autoras que se escudaban tras un pseudónimo, pero ahí estaba la evidencia, de que en numerosas ocasiones la vida te deparaba una sorpresa. Y para ella la sorpresa que le tenía preparado el destino era un hombre de mirada ardiente, cuerpo musculoso y fuerte, bien dotado y con capacidad de dejarla sin habla con tan sólo unas palabras.

 Oh, Dios, era una loca que había caído en las garras de una criatura que no debía existir, pero que la miraba de una manera que la ponía nerviosa y ansiosa, que la dejó sin palabras cuando le explicó o más bien le gruñó lo que tenía pensado hacer con ella...

Nunca creyó que se sentiría excitada con una actitud tan posesiva, a ella no le iba ese rollo de la dominación, pero a manos de ese hombre, de su actitud posesiva y dominante bien que se dejaría tomar con fuerza, ser dominada en cuerpo y mente. 

Pero si se le ocurre golpearme aunque sean unos azotes le voy a...Nada de...

—...látigos—susurró sin ser consciente de haberlo dicho en voz alta.

Seth quedó momentáneamente confuso. ¿Había escuchado bien? ¿Látigos?

¿Y ahora qué tenía que ver los látigos a que estaba dispuesto a lamerla, chuparla y tomarla con su lengua hasta que se corriese?

Las mujeres de esa época eran extrañas. Si ella estaba dispuesta a que la golpeara con un látigo estaba muy equivocada, quería proporcionarle placer, no marcar su carne.

Lo mejor sería que obviara sus palabras y se centrara en lo que tenía en mente.

Torturarla...con su cuerpo, con sus manos, su lengua, sus palabras....

¿Y luego la follaremos?

Estuvo a punto de reír o gruñir en alto, no lo tenía claro al escuchar aquella desesperada voz proveniente de su mente. Era su subconsciente que gritaba ansioso por sentir el interior de ella envolviéndole, exprimiéndole, acogiéndole...

Su polla tenía mente propia y quería follarla de una vez.

Miró de reojo hacia abajo, no es que estuviese obsesionado con su verga pero, ¿qué hombre no se preocupaba por ella?

Pronto. Aseguró, sonriendo internamente ante lo estúpido que era responderse a sí mismo, pero al mismo tiempo agradeciendo esos instantes de relajación en los que calmó el fuego que lo consumía por dentro. No quería acabar nada más entrar en ella y eso era lo que podía pasar si se dejaba llevar sin control.

Antes de tomarla contra el suelo iba a asegurarse que ella recordara aquella noche el resto de su vida, que disfrutara de cada minuto a su lado.


.........


Próximamente...segunda parte de este capi.....


¿Qué os pareció?


10 comentarios:

  1. joder Vane no puedes dejarnos así joia!!!!!!!! ya estas tardando eh?? jaajjajaja me encanta preciosa

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    1. Gracias por tu comentario guapísima!!!! Espero poder colgar la última parte pronto!!!!! Besos

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  2. Seguiré esperando el regreso de Seth, muy bueooo :D!

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  3. Eres malvada, mala de verdad. ¿En serio? ¿Lo vas a dejar ahí? Me muero...

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    1. Yo??? pero si soy un cielo de mujer jajajajajaja Me alegro que te esté gustando, espero poder continuarlo pronto, muchos besos

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  4. Me encanto super erótico, pero me quede con ganas de más te mando un beso y te me cuidas

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    1. Muchas gracias Citu por leerla!!!!!!!! Me alegro que te esté gustando, cuídate también, muchos besos

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