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El ataque de la momia - relato erótico



Quiero agradecer el buen momento que he pasado leyendo los comentarios del grupo El susurro de las letras, sois las mejores chicas!!!!! Anda que no me he reído, y espero que disfrutéis de este pequeño relato erótico de regalo!!!!!!!



EL ATAQUE DE LA MOMIA



Llevaba siglos atormentado, viviendo un Infierno en vida. Seth gritó  de agonía pero nadie le escuchó, sus agónicos alaridos eran ecos dentro de su mente que le atormentaban y le recordaban el castigo que le había impuesto Horus por haber yacido con su mujer.

Seth maldijo en el antiguo idioma, recordando con claridad el maldito día en que cayó en los brazos de la bruja, de aquella maldita mujer que le llevó a la locura y provocó que Horus le lanzara un hechizo de petrificación. Su cuerpo quedó congelado, cubierto de vendas y...

Recordó las últimas palabras de Horus antes de que las vendas le cubrieran por completo:

Permanecerás en tu prisión hasta que la noche se haga de día, el hombre haya conquistado el cielo, los mares y la tierra, la mujer tenga el poder del mundo en sus manos y un alma noble se entregue a ti en cuerpo y corazón, hasta entonces tu cuerpo se marchitará con el paso del tiempo y la nada será tu olvido.

Los años pasaron como suspiros de la arena del desierto que tanto amaba, los siglos se convirtieron en polvo que se desvanecía en el aire, mientras él permanecía en la tumba rodeado de pura oscuridad para luego ser llevado a aquel extraño lugar.

Museo lo llamaban los mortales, para él no era más que una estructura de la vergüenza, donde exponían objetos de su época, de su cultura, de un tiempo ya pasado en el que los humanos se arrodillaban ante los dioses y creían en la magia. 

Seth luchó por cerrar los ojos, no pudo, hacía tiempo que había perdido los párpados. Ya no le quedaba nada, no era más que una sombra del hombre que una vez fue. Venerado por muchos, temidos por otros, él era el dios de la oscuridad y la guerra, recorriendo el mundo con un cuerpo mortal, disfrutando del sufrimiento de los mortales, de los placeres de la carne.

Vio pasar un grupo de extranjeros vistiendo de una manera extraña con aquellas máquinas que producían un chasquido de luz.

—Señores no se dispersen, sigan al grupo en todo momento.

Ahí estaba de nuevo, aquella voz que provocaba que su interior convulsionara, que sintiera que el mundo iba a romperse en dos. Pudo ver a la dueña de aquella sexy voz, una mujer de edad incierta que debía rondar los 20 o tal vez 30 primaveras. Era hermosa, de curvas como a él le gustaban, con una melena rubia que le recordaba al grano de trigo a la luz del sol, con unos labios gruesos y sonrosados que no podía evitar imaginárselos chupándole ávidamente la polla, y...

¿Qué polla? Pensó. Si no tenía, se le había caído durante el primer siglo de confinamiento. Su cuerpo estaba hecho pedazos, cubierto apenas por unas amarillentas y malolientes vendas que dejaban ver su ennegrecido cuerpo marchito.

Maldito seas Horus, si algún día la maldición se rompía iba a matarlo con sus propias manos. 

Cuando quiso darse cuenta la mujer desapareció de su campo de visión, aún podía escuchar su magnética voz increpando en diferentes idiomas a los extraños visitantes de aquel "museo". Era horrible no poder verla, no poder girarse, gritarle que su sola presencia era capaz de mitigar el dolor de la maldición, Horus quería que sufriera y lo había conseguido, y todo por acostarse con la perra de su mujer, una zorra que se abría de piernas a cualquier macho que se le acercara.

Sólo le quedaba esperar, al día siguiente o al otro la vería de nuevo, pasar rápidamente delante de la vitrina en la que estaba, con aquel apretado vestido que mostraba más carne de lo que debía estar permitido por Ley. Pero la espera iba a ser muy larga...demasiado...

Si tan sólo pudiese tocarla, enterrarse en su seductor cuerpo, llenarla con su semilla, marcarla con sus manos, con sus besos, con sus caricias, embestirla hasta que el mundo explotara para los dos, quería follarla duro, suave, lentamente, perdiendo el control.

Se removió incómodo dentro de aquel cuerpo marchito, el deseo recorría sus entrañas avivando el tormento de su alma, la deseaba, la primera mortal que deseaba en siglos, y estaba fuera de su alcance.

Joder. Masculló con una expresión que escuchaba cada día. Quiero follarla pero no puedo, no soy más que un saco de huesos y vendas, maldito seas Horus.

Se lo podía imaginar, revolcándose con la perra de su esposa, riéndose de su tormento.

El día se hizo noche, las caras de los mortales se difuminaron cuando se ocultó en la oscuridad de su mente, cuando quiso darse cuenta el silencio invadió el lugar. Miró a su alrededor alejándose del mundo onírico que creó dentro de su mente para no volverse loco y donde se refugiaba cuando ya no podía soportarlo más, y se sorprendió al ver luz.

Era la primera vez que el museo estaba iluminado a esas horas, en las que la luna brillaba en lo alto del cielo y el manto de la noche cubrió cada centímetro de tierra. La sorpresa le duró poco cuando escuchó pasos a lo lejos. El corazón le bombeó con fuerza cuando reconoció ese ruido en particular, era unos pasos suaves, que le pareció música en sus oídos.

Si los tuviese....

Al fondo de sala percibió una sombra, que con cada paso se hacía más y más grande, estaba muy lejos de él como para poder identificarla pero pondría su mano al fuego por...Vale, al fuego no que se iba a quemar entero, que sólo era huesos y vendas, pero podía decir sin equivocarse que era la mujer que le volvía loco.

¿Qué hace a estas horas aquí? Se preguntó deseando que se acercara más, que se pusiera delante de él y que le ofreciera un espectáculo que nunca olvidaría. En su fuero interno deseaba que se quitara la ropa lentamente delante de la vitrina, que se tocara con sus manos sus grandes senos, que introdujera sus manos entre sus húmedos pliegues y se acariciara hasta que gimiera sin control, mostrándole de vez en cuando sus dedos manchados con sus jugos, hasta que explotara mientras le miraba a los ojos...o a la cara...o a las vendas que le cubría, lo que fuese, pero que pudiese ver sus ojos enfebrecidos de puro placer, brillantes, llenos de puro deseo.

Seth suspiró con agotamiento, con puro pesar, sus deseos no eran más que esos, sueños locos de un maldito condenado a ver pasar la vida sin poder abrazarla, tocarla, ver pasar los siglos, la caída de su Reino, el deterioro de su cuerpo...

—¿Por qué ha aceptado esta estúpida prueba de valor?—masculló en alto la joven atrayendo su atención. 

Se la veía nerviosa, mirando a su alrededor como si temiese que alguien le asaltara de un momento a otro, con las manos apretadas contra su pecho y....Se fijó en cómo iba vestida y siseó por dentro.

¿Cómo era posible que en aquel tiempo se le permitieran ir a las mujeres así? 

Vestía apenas un trapo que le cubría las piernas hasta la altura de los muslos y una túnica apretada en sus pechos que no iba más allá de la cintura, el calzado era el mismo que empleaba durante el día mientras hacía de guía.

La devoró con los ojos, sintiendo el deseo crecer en su interior, en otro tiempo a esas horas estaría erecto, dispuesto a cubrirla con su cuerpo en el mismo suelo, clavándose en su interior una y otra vez, profundamente, llenándola con su semilla.

La quería dispuesta, de rodillas ante él chupándole con ganas, en la postura del gato con la espalda curvada y las nalgas a la altura de sus manos mientras se ponía de rodillas tras ella, tumbada boca arriba en el frío suelo gimiendo su nombre al tiempo en que se abría más y le suplicaba que la tomara, que la follara con fuerza.

Eres un estúpido Seth, vivir de sueños no hace más que agravar mi tormento. Ella nunca será tuya, olvídala.

Pero era un regalo para la vista, para sus más oscuras y secretas fantasías.

La sorpresa al verla pasar delante de él fue mayúscula, pues los ojos de la excitante mujer se posaron sobre él, mostrando temor.

¿Me tiene miedo? Se sorprendió. ¿Por qué? Si no soy más que un muñeco roto tras un cristal y...

Pudo mover el brazo, apenas unos centímetros que le dejó paralizado por la sorpresa y la incredulidad.

¿Lo he movido? No puede ser posible, no puede ser...

Lo volvió a intentar. El brazo izquierdo siguió al derecho, tocando con ambas manos el frío cristal.

¡Sí! ¡Se había movido!

—¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios! Esto no puede estar pasando, debe ser una broma pesada—las palabras de ella le devolvieron a la realidad, quien fijó los ojos sobre los atemorizados de ella. Pudo percibir el momento en que la mujer creyó lo que estaba viendo, cuando el rostro perdió todo rastro de color y los labios enmudecieron. 

Pudo ver que se iba a alejar de él, la iba a perder cuando ya podía alcanzarla y por todos los dioses de su partenón que no iba a permitirlo. Aquella mujer iba a ser suya, completamente suya en cuerpo y alma, y nada ni nadie iba a separarla de su lado.

Antes de que pudiera girarse y salir corriendo se lanzó hacia delante, atravesando el cristal, reduciendo la odiosa vitrina en la que permaneció durante más de un siglo a meros escombros que se esparcieron por el suelo. Pisó los cristales y la atrapó con sus marchitos brazos.

—¡M...Mía!—gruñó escuchando su rota voz en un milenio y medio.

La sonrisa que esbozó retorció el gesto de su ennegrecida cara, removiendo las vendas que cubría su rostro, siento lo último que vio la joven antes de desmayarse en sus brazos.

Seth la atrapó con fuerza, atrayéndola a su cuerpo que revivía con su sola presencia. No iba a soltarla, no ahora que era suya. Podía sentir como la sangre comenzó a recorrer su cuerpo, como su corazón bombeó con fuerza contra su pecho, como los músculos agrietados y resecos comenzaban a cobrar vida.

En brazos de aquella hermosa mujer sintió que volvía a la vida.

En esos momentos no pensó ni en Horus, ni en la maldición, sólo quería que la joven despertada y saborearla, hacerla suya, marcarla con su olor, follarla hasta que gimiera de puro placer en sus brazos.

Seth sonrió y rió en alto disfrutando del dolor que le produjo las carcajadas en su reseca garganta, el dolor era maravilloso, lo mejor que había experimentado en tiempo, pero....

—Tu cuerpo será mío—aquel regalo caído del cielo sin duda iba a ser lo mejor en milenios, en toda su vida, una mujer que tenía la intención de hacerla gozar hasta que gritara su nombre. 







¿Qué os parece? ¿La continúo?


jejejejejeje 

Comentarios

  1. Noches en el museo, creo que van a empezar a verlo de otro modo jajajaja

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  2. jejejejejeje eso espero Seth lleva mucho tiempo deseando esa noche, ya verás lo bien que se lo va a pasar

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  3. Fina. Hola esta interesantisima, por fa continuala, me fascinan estas historias de los dioses, quiero ver a seth recuperado, mil gracias por compartir, besos

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    Respuestas
    1. Gracias por leermeeeeee!!!!!!!!!!!!! Espero colgar el siguiente capi en breve!!!!!!

      muchos besitos

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  4. ostia Vane!!!!!!!! no nos dejes así!!!!!!!!!!!!!!! perraaaaaaaaa escribe mas!!!

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  5. Elenaaaaaaaaa pero cómo me quieres jajajajajajajajajaja Dame un poco de tiempo para terminar el siguiente capi, que Seth es muy exigente jajajajajajajajaja

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  6. Casi me lo pierdo, suerte que lo vi en facebook. ¡Me ha encantado! Me encanta como escibes, estoy deseando leer más...

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  7. Quería decir que me encanta como escribes, esta claro, no he desayunado aún y se nota porque me como las letras, un beso guapa.

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  8. jajajaajajajaaja pero esta momia mola!!!!!! Madre mía lo que dio de si el libro de los dinosaurios jajajajaja

    Felicidades por el relato, ahora hay que hacer la continuación jajajaja

    Besos

    Claudia- Libros de Romántica

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