jueves, 17 de octubre de 2013

El ataque de la momia II - continúa la historia de Seth.....



EL ATAQUE DE LA MOMIA




Sólo podía pensar en follarla, en hundirse en su interior y explotar, ¿el problema? No tenía polla. 

Maldito seas Horus, mil veces maldito. 

Las manos le temblaban cuando la apretó contra él, inhalando con ansiedad la dulce fragancia que desprendía el cuerpo de la joven. La deseaba con una intensidad que le abrumaba, que le estaba volviendo loco, que le desesperaba. 

Se sorprendió al poder cerrar los ojos al notar cómo le crecieron los párpados y le cubrieron las resecas pupilas. La maldición se había roto, o al menos se estaba disolviendo lentamente.

Demasiado lentamente. Se dijo mirando a un lugar de su anatomía que seguía plano. En esos momentos no le interesaba pensar en por qué se estaba recuperando su cuerpo de la maldición de petrificación, o qué papel tenía la mujer que yacía en sus brazos, sólo pensaba en una cosa.

Follarla.

Soltó un gruñido que se escuchó en el silencio del lugar, no podía permanecer por más tiempo en aquella sala, cada noche veía como los guardias de seguridad pasaban por ahí portando unos focos de luz en sus manos, siempre farfullando de lo horrible que era su trabajo y del frío que hacía, o burlándose de las momias expuestas entre las que se encontraba él, llegando incluso a realizar gestos obscenos.

Se alejaría de ese lugar, buscando un rincón oscuro en el que poder encerrarse con la mujer y devorarla por completo (ansiando interiormente que su amiguito creciera de una maldita vez).

Con esa intención en su mente comenzó a andar, los primeros pasos fueron temblorosos a un paso de caer al suelo llevándose consigo la mujer que portaba en sus brazos. Con cada paso que dio sus músculos se fortalecieron y sintió cómo renacía por dentro, recuperando las fuerzas que por tanto tiempo se le habían denegado. 

Él era un dios, con un cuerpo de hombre por voluntad propia, que odiaba la rigidez de la corte de su panteón, su lugar estaba entre los mortales, no entre los vaporosos paisajes de su mundo natal, y que estaba disfrutando de los primeros pasos de libertad en mucho tiempo. Una libertad que quería gozarla en los cremosos muslos de la mujer que sostenía con posesividad.

Si en esos momentos se cruzaba con los guardias, sería capaz de acabar con ellos, nadie iba a separarle de ella, iba a hacerla suya, sí o sí.

Si mi polla crece, si no me quedaré con las ganas, aunque la tomaré con la boca y con mis manos, hasta que mi cuerpo se haya recuperado completamente, hasta que vuelva a ser yo.

Por suerte para los guardias no se los encontró, avanzó con pasos cada vez más seguros observando con atención lo que le rodeaba, sorprendiéndose de la variedad de arte y diversos objetos expuestos que había en aquel lugar. No creía que fuera tan grande, pasillos y pasillos llenos de arte robado, resonando sus pisadas en la penumbra. Se fijó en una puerta que había a la derecha a unos metros. Se dirigió hacia ahí con la esperanza de que condujera a una alcoba sin salida en la que poder saborear el premio que portaba en sus brazos.

En cuanto estuvo frente a la puerta la empujó con el poder de su mente y la abrió, sonriendo abiertamente al ver que era una habitación pequeña y sin salida, justo lo que estaba buscando. Entró sin perder tiempo e invocó al fuego cuando la puerta se cerró a su espalda para que no estuviesen en completa oscuridad. Atrancó la puerta con su mente, y tumbó a la mujer en el suelo, en medio de aquella extraña sala. Miró con curiosidad a su alrededor y comprobó que había diferentes artefactos que empleaban unas señoras que acudían los días que permanecía cerrado el museo al público para limpiar. El olor que se percibía en el ambiente era un poco ácido, pero no llegaba a molestar, por el momento aquel lugar era suficiente, más adelante buscaría una alcoba digna de un Rey donde poder yacer con su trofeo hasta la saciedad, hasta grabar el sabor de sus jugos, hasta memorizar el sonido de sus gemidos.

Se miró las manos con aguda sorpresa, podía ver su carne a través de las vendas. Con rabia comenzó a romperlas, a arrancarlas de su cuerpo tirándolas lejos de él, no quería tenerlas cerca, le recordaba el calvario que pasó, el penetrante olor que desprendían le revolvía las tripas y le entraban ganas de dejarlo todo e ir a por Horus, al que tenía intención de cortarles los huevos.

Oh, sí, le iba a capar como a un perro, destrozarle con sus propias manos, destriparle y esparcir sus tripas por el desierto. 

Se merecía eso y mucho más. 

Pero no iba a perder tiempo pensando en la venganza, todo el mundo sabía que cuanto más tiempo pensabas en cómo vengarte más placer te daría el haberlo hecho, en esos momentos su atención debía centrarse en una hermosa mujer que iba a ser su primer bocado en mucho tiempo.

Seth se agachó y quedó de rodillas en el suelo, ahora estaba completamente desnudo, su piel se mostraba pálida, un poco con aspecto resquebrajadizo como si estuviese a un paso de romperse, los músculos estaban ensanchando, las venas se marcaban y el calor del deseo le recorría de pies a cabeza como un afrodisíaco que le instaba a dejarse llevar, a arrancarle la tela que cubría apenas los muslos de la mujer y enterrarse entre sus pliegues.

Pero no iba a hacer eso, quería que gozara, que gimiera su nombre, que ansiara su toque, que se humedeciera con sólo su mirada. Nunca yació con una mujer que no estuviese predispuesta, que no alzara los brazos suplicándole que la hiciera suya. Era un amante entregado que gozaba con el sexo y...

Y que por culpa de un polvo mal echado estuvo más de un milenio momificado en vida.

Iba a disfrutar de cada segundo al lado de la mortal, de su cuerpo, de sus temblores, del deseo en sus ojos. 

Abrió y cerró un par de veces las manos, comprobando con asombro que le temblaban. Estaba ansioso de hacerla suya. Miró una vez más a su entrepierna, y estuvo a punto de llorar de emoción. Bien, vale, llorar no iba a hacerlo, él nunca lloraba, pero sintió un gran alivio al ver cómo comenzaba a regenerarse su polla.

A ese ritmo, en lo que duraba una vieja canción de guerra de su época la maldición habría desaparecido por completo de su cuerpo, volvería a ser el hombre que una vez fue, el dios que volvía locas a las mujeres, que jugaba con sus cuerpos, que capturaba sus corazones, que se divertía viendo como Reinos caían por la codicia y los celos, por el intenso deseo de venganza.

Y esa noche iba a jugar con aquella mortal, le devolvería cada vez que le volvía loco con su contoneo, con sus largas y hermosas piernas cuando pasaba guiando a los extranjeros que acudían a ver el museo. Se lo iba a hacer pagar a través del placer, la llevaría al límite tantas veces como su sensual cuerpo soportase, y cuando ella creyese que no podría más la llevaría más allá, rompiéndola por completo, uniéndola a él por siempre.

Nunca antes sintió esa necesidad de marcarla, de hacerla suya para siempre, de poseerla en cuerpo y alma, tal vez fuera el tiempo que permaneció en el Infierno que era la maldición, poco le importaba, lo único importante era que él estaba ahí, con un cuerpo que ansiaba liberarse y tenía en sus manos a una mujer que gemiría de puro placer hasta quedarse ronca.

Seth se rió en el pequeño cubículo, aún de rodillas en el suelo frente a ella, despertándola.

—¡Oh, Dios! No fue un sueño, eres real.

—R...real, mía...—se agachó y quedó a la altura de ella, quien se había sentado en el suelo. Sus piernas se rozaban. 

Ella podía sentir su desnudez, la necesidad que mostraba su erecta polla, la ardiente y decidida mirada que le estaba dirigiendo. La vio tragar saliva con nerviosismo, pudo escuchar sus latidos del corazón, cómo se aceleraban al igual que su respiración. 

—¡No! —intentó apartarse, apoyando las manos en el suelo y arrastrándose hacia atrás.

No iba a separarse, a alejarse.

Con un gruñido grave la agarró del tobillo y la movió hasta que quedó a un palmo de él, sus respiraciones se entremezclaron y pudo imaginarse a qué sabría, a puro fuego, al más dulce alcohol, dulce con un toque amargo que le volvería loco.

—¡No!—remarcó de nuevo, esta vez con más fuerza. Su cuerpo estaba casi recuperado, la maldición se desvanecía lentamente, liberándole de las cadenas de la esclavitud de Horus —. ¡Mía! ¡Cuerpo y...!

No pudo continuar, la joven abrió los ojos hasta un punto que parecía que no podría más, y chilló presa de los nervios.

—¡Me vas a comer! ¡Es como la película que vi la semana pasada, me quitarás los órganos para regenerarte! ¡Socorroooooooooo! ¡Auxiliooooooooo! Esto no me puede estar pasando, auxilioooooooo.

La acalló con un beso urgente, salvaje, posesivo, en el que luchó por que le obedeciera y le permitiera acceso a su boca.

Cuando la joven le permitió acceder, bien por la sorpresa o porque realmente estaba disfrutando, no estaba muy seguro, recorrió aquella dulce caverna con su lengua, acallando los gemidos de ella. 

Apoyó la mano en la cabeza de la mujer y la atrajo más hacia él, manteniéndola presa en su beso.

Hubo unos jadeos de sorpresa, gemidos de placer, y movimientos espasmódicos por parte de ella intentando liberarse hasta que el beso la conquistó y se dejó llevar cerrando los ojos sorprendidos y temerosos ante el placer que estaba sintiendo.

Era una locura, pero ambos estaban deseando que aquel instante no se rompiera, que el beso durara para siempre.

Uno, agradeciendo interiormente lo que provocara que la maldición se rompiese.

La otra, sorprendiéndose por corresponder a una momia que había salido de una vitrina pero que se veía como un modelo de ropa interior hormonado y con falta de solarium, y achacando su momento de locura a los tres años de sequía que llevaba.

Ninguno de los dos se separó por un largo tiempo, acariciando con timidez al otro al principio para luego arañar y agarrar con fuerza después.

El fuego los estaba consumiendo y ninguno estaba dispuesto apagarlo.




¿Qué os pareció?

¿Queréis más?

jejejejejejejejeje


13 comentarios:

  1. yo es que me parto, del t-rex hemos acabado con una momia caliente pero sin polla, jajajajajaja bueno espero saber que pasara a continuacion, y como sera la restauracion de su hombria, imprescindible para lograr sus fantasias, anda que no son pocas.

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    1. jajajajaja pobre Seth jajajajajaajaja ya está feliz porque le ha crecido algo jajajajaja

      Ainss Don T-rex, lo que nos hemos reído!!!!! buenísimos los comentarios, ahora me parto con lo del huevo, queremos sagaaaaaaaaaaaaa

      me uno a la petición !!!!!!

      jajajajajajajajajaja

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  2. jajajajajajaja quiero masssssssssssssss

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    1. guapaaaaaaaa con comentarios como los tuyos animan muchísimo a escribir!!!! ahora mismo me pongo a escribir escena principal del relato jejejejejejejejejejeje

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    2. venga dale no me dejes con la duda desi se la "clava" hasta el fondo!!!! jjajajajaja

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  3. jajajajaaja mandame a Seth, que yo le pago el solarium y me lo llevo a la playa para ponerle aceitito y broncearlo, jajaja ayy que me da.

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    1. jajajajajajajajajajajaja todo tuyo Yonaida jajajajajajajajajajajaja

      A ver qué le pasa en el siguiente capi, triunfará??? no triunfará???

      Ummmmm tantos siglos sin nah de nah.... a ver, a ver.....

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  4. Contigo las guardias se pasan mas rápidas jejeje
    Después de tantos siglos, la tia le va a tocar el miembro con la punta del dedo y la momia va a terminar ahí mismo. Ya verás jajajaja

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  5. Pero que mala eres! ¿Te quedas ahí? ¡Yo necesito más! ¡No me gusta quedarme a medias, se me pone mala uva!...jajajajaja. ¿Para cuándo más?

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  6. ¿Que si queremos más? Como no sigas vas a tener una rebelión en toda regla jajajajjaja

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  7. Hola
    Es la primera vez que visito tu blog y me encanto.
    Es maravillosa la forma que escribís, voy a leer tus libros por que sinceramente
    me enamore de este relato y voy a esperar más ... ya hice a Seth mi momia favorita.
    Saludos

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