sábado, 23 de febrero de 2013

Seductora y peligrosa.


Hoy el día está siendo más fructífero de lo esperado, la musa ha hablado de nuevo y estoy avanzando a un ritmo muy bueno con una nueva novela que me tiene atrapada. Espero poder terminarla pronto para darle un repaso a fondo y para Amazon!! jajajaja 

Y de qué novela estoy hablando? 

Pues de Seductora y peligrosa, una novela corta erótica que surgió de un sueño alocado, de una idea que está quedando muy bien. Será una mezcla de acción, humor y como no, sexo, del duro, en diferentes posturas, vamos erótica al 100%

Espero que este pequeño adelanto os guste.


Sin más.....

SEDUCTORA Y PELIGROSA




CAPÍTULO 1



—Enséñame los pechos.
Aridh esbozó una sonrisa fría pero que sorpresivamente al hombre le gustó. El muy estúpido creía que estaba dispuesta, húmeda y cachonda, a un paso de ponerse a jadear para que la follara.
Iluso.
Si había aceptado salir del local, ocultándose de la vista de los borrachos que pululaban alrededor del pub de moda de la ciudad, en un maloliente y tenebroso callejón, no era para que le levantara la falda y se la metiera, si no para acabar con él.
Pero eso…ya lo sabría cuando le clavara las garras en el pecho y le arrancara su pútrido corazón, mientras….
—Oh, cielito, no veas lo caliente que estoy, eres todo lo que he soñado en la vida—murmuró con voz aguda, toqueteándole el abultado paquete como si realmente estuviese dispuesta a que ese desgraciado la tomara. 
Sus palabras le animaron y mucho, por lo que pudo notar con su mano, y la apretó contra su cuerpo, sobándole con impaciencia el culo. 
—Joder, el que está ardiendo soy yo, dejémonos de juegos…—gruñó al tiempo en que le metía una mano por debajo de la falda, toqueteándole de una manera ruda el interior de sus muslos. 
El que tengas que gemir y apretarte contra un hombre al que no deseas y que tienes la orden de matar, es un esfuerzo sobrehumano, sobre todo, al sentirle como te sobaba por encima de las finas braguitas. Pero tras décadas,...no, se corrigió, tras siglos haciendo el mismo trabajo, acababas ocultando el asco que te producía el roce de sus manos, con una fría sonrisa. 
—Oh, si, ya estás húmeda—jadeó con voz ronca el hombre.
Ya, claro, beneficios del lubricante. Pensó Aridh con ironía. 
Sus hermanas siempre se burlaban de ella porque se tomaba muy en serio el trabajo, porque llevaba su papel al límite, llegando incluso a embadurnarse con lubricante para que el hombre al que tuviese que distraer con sus espectaculares dones se creyese que era una jadeante y dispuesta mujer cachonda.
—Es que me pones mucho—murmuró con voz ronca y parpadeando exageradamente, casi parecía una muñeca con aquellas largas pestañas falsas, los labios rojos pasión, la peluca rubia que le cubría su ensortijado cabello moreno y los ojos pintados de una manera exagerada en tonos rosas….era…la viva imagen de una muñeca sin cerebro que sólo buscaba una polla.
Como esperaba, el hombre no tardó en hundir sus labios en su cuello para besuqueárselo, sin dejar de manosearla, mientras se restregaba contra ella.
Aridh soltó varios gemidos prefabricados. O el hombre estaba sordo o poco le importaba que ella estuviese o no disfrutando con aquel furtivo encuentro, porque era imposible que se tragase sus fríos gemidos. Pero por experiencia propia, cuando un hombre pensaba con la polla se olvidaba del mundo que le rodeaba y se concentraba exclusivamente en obtener su placer.
Sobre todo pidiendo una cosa que no estaba dispuesta a hacer por nada del mundo, y menos con un objetivo al que iba a eliminar en breve…si la maldita pareja que se estaba magreando a unos metros de ella se largaba de una puta vez.
Aridh estaba a un paso de romper una de sus normas: nada de testigos, porque no estaba dispuesta a soportar ni un minuto más el hedor de aquel hombre, su frío y húmedo tacto, sus jadeos incontrolados que parecían los gruñidos de un cerdo.
Por suerte, antes de lo que esperaba la pareja que estaba a unos metros comenzó a discutir. Estuvo a punto de reír al reconocer varias palabras que le gritaba la mujer al hombre.
Picha corta. Insatisfecha. Puto egoísta….
Conclusión. El hombre se corrió antes de tiempo dejándola fría.
Pobre chica, que se vaya acostumbrando que los hombres te usan y te tiran. Para ellos somos agujeros en los que meterla. Pensó con puro sarcasmo en su voz interna, escudriñando a su alrededor comprobando que SÍ por fin estaban solos.
—Tía, levanta la pierna para que te la meta, no puedo esperar más.
Aridh se apartó un poco y le miró a los ojos. 
—Me temo que no, tío.
No supo que fue lo que le devolvió a la realidad. Si la mirada de odio que le lanzó o el tono gélido de su voz, pero el cerdo intentó apartarse de ella agarrándola de los hombros y empujando.
—Apártate, loca.
Por mucho que la empujó no la movió ni un centímetro. Para una Amazona la fuerza de aquel hombre era como la de un infante. Ridícula.
En otro momento habría alargado aquel instante, en que su presa se percataba que era ella la que llevaba el mando, la que llevaba “los pantalones”, la que….
Sin ceremonias, enterró el puño derecho en el pecho del hombre, mirándole a los ojos.
Vislumbró sorpresa, dolor, angustia, más dolor y luego….sus ojos se apagaron, extinguiéndose su vida, como una cucaracha a la que la aplastas.
Antes de sacar la mano, le agarró el corazón y se lo arrancó, apartándose un paso hacia atrás, permitiendo que el cuerpo se deslizara inerte hacia el suelo.
—Oh, nene ahora si que me has puesto cachonda—se burló al verle tirado boca abajo, sobre un charco de sangre que comenzaba a formarse.
Apretó el corazón aún caliente que sostenía con su mano derecha. Misión cumplida. Ahora sólo le quedaba llevársela a la Jefa y pedir unas largas vacaciones. Le gustaba cazar a los hombres que cometían atrocidades a las mortales y que se libraban de la justicia. Cierto. Después de todo era su trabajo, la labor que le encomendaron cuando la convirtieron. Las Amazonas vigilaban desde las sombras y decidían cuando debían actuar cuando veían como la justicia de los mortales fallaba estrepitosamente dejando libres a monstruos sin conciencia ni corazón.
Aridh llevaba tanto tiempo cumpliendo su deber como Amazona que ya no recordaba cuantos siglos tenía. Había muerto cuando aún las antiguas civilizaciones reinaban en el mediterráneo y era habitual comerciar con los esclavos. Ella había sido una de esas esclavas compradas de niña, entrenada para ser una buena distracción para el amo de la casa y atenderle cuando él la llamase. Por desgracia, aunque era muy buena esclava en su interior guardaba un atisbo de rebeldía que se manifestó cuando su amo le exigió que complaciera a una de sus concubinas. Ante su negativa la castigaron duramente dejándola al borde de la muerte.
Una Amazona nacía cuando el dolor y la rabia bullía en su corazón negándose a morir. La Diosa le concedía el don de la inmortalidad y le pedía a cambio que protegiera a las mujeres de las injusticias de los hombres.
Apretó el corazón de su presa con saña hundiendo las garras en su fibrosa carne.
Una Amazona nacía, era entrenada duramente, y luego cazaba eternamente a los hombres, pero…
Esta Amazona va a pedir unas vacaciones pero ya, estoy un poco harta y quiero un tiempo para mí, alejarme de toda esta mierda.
Y esperaba que la Jefa lo entendiese, si no….
Iba a recibir un buen castigo por su insolencia, y por nada del mundo estaba dispuesta a convertirse en una Amantis, en una Amazona que era enviada a los clanes de machos inmortales para complacerlos durante una luna llena.
Ningún hombre la iba a forzar de nuevo.
Antes,…
No. Negó con la cabeza. No quería pensar en lo que estaría dispuesta a hacer si llegaba a esa situación. En el pasado cuando se negó acabó media muerta en un camino a las afueras de la casa de su amo, ahora…
¿Qué se le podía a hacer a un inmortal que no podía morir?
Mejor no descubrir la respuesta.




¿Qué os parece?



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