viernes, 21 de diciembre de 2012

Una despedida de soltera inolvidable. Sheyla Drymon






UNA DESPEDIDA DE SOLTERA INOLVIDABLE




Sheyla Drymon





Prólogo



Cuando los mortales creían en los antiguos dioses, el portal de nuestro mundo estaba abierto. Éramos libres. Podíamos ir a la Tierra y disfrutar de los placeres de la vida, yacer con las mujeres que deseáramos. Pero con el tiempo los humanos dejaron de creer, y el portal se cerró. Así ha permanecido desde ese aciago día. Ahora sólo podemos esperar, esperar a que el portal se abra de nuevo y podamos disfrutar de los placeres de la carne de las mujeres que nos invoquen.
A los Satyres sólo nos queda esperar.



Rourik torció el gesto cuando su Maestro, el Gran Chamán finalizó la breve historia de la caída en el olvido de los suyos. Se sabía de memoria cada palabra, cada maldita entonación, la podía recitar hasta del revés su así se lo pedían. Después de varios siglos escuchando lo mismo, cada palabra quedó grabada en su mente.
—Pero Gran Chamán, ¿no podemos hacer nada por abrir el portal?
Buena pregunta viejo, pero te va a responder con una mierda de excusa. Perdí la cuenta de las veces en las que le instigué a que hiciésemos algo, pero ¡no! Él sólo me dice que hay que esperar a que crean de nuevo en nosotros, a que nos invoquen. Ironizó para sus adentros presenciando como el joven obtenía la respuesta prefabricada que tantas veces el Maestro le dio.
—No podemos hacer nada. Nuestro destino es esperar y algún día los humanos recordaran a los viejos dioses y seremos libres de nuevo.
—¡Ja!
Todos y cada uno de los presentes se giraron. La cueva Sagrada estaba levemente iluminada por las antorchas que colgaban de las paredes. El suelo, donde estaban sentados los más jóvenes Satyres, estaba cubierto de pieles, apiladas unas encimas de otras. Aquella cueva era un lugar para recordar el pasado, para aprender la historia de la raza. Para Rourik, era una prisión que apestaba a grasa animal quemada y en la que tenía que escuchar – y recordar— cómo era la vida de los suyos antes de que el portal se cerrase. Era lo que le tocaba al ser el aprendiz del Gran Chamán.
—¿Tienes algo que apostillar Rourik?
La voz de su Maestro le alejó de los recuerdos y le devolvió a la realidad.
Cuando encontró los ojos del viejo maldijo por dentro su estupidez. El viejo estaba cabreado. Y cuando estaba de mala ostia le tocaba trabajar hasta la extenuación. Durante un tiempo – que a él le parecería eterno— le tocaría dedicarse a reanimar a los golems hembras que se creaban cada cierto tiempo para satisfacer las necesidades físicas de los de su raza. Aquellas criaturas creadas por la magia tenían aspecto de hermosas mujeres que saltaban satisfechas cuando las requerías, dispuestas a cumplir hasta el último de tus deseos. Eran los perfectos juguetes sexuales.
Para él, eran incordios que se lanzaban a tus pies cuando ibas por la calle, que no dejaban de cantar cuando se reunían a las afueras del pueblo cuando no eran llamadas. 
Maldito viejo, como sabes que odio reanimar a esas muñecas de barro me vas a joder ordenándome que…
—Rourik, ¿tienes algo que decir?
Para no sumar días a su “castigo” Rourik negó con la cabeza –aunque por dentro deseara mandarle a la mierda y recriminarle que como Gran Chamán hiciera algo más que sentarse y esperar—, acabó respondiendo:
—No Maestro, no tengo nada que añadir.
El resto de la mañana fue una auténtica tortura, hasta el extremo de que cada segundo que pasaba parecía horas.
Cuando al fin todo terminó y los jóvenes Satyres salieron de la cueva rumbo a la Academia, Rourik esperó la explosiva recriminación de su Maestro.
Como ya esperaba, no tardó en llegar.
—No vuelvas a interrumpirme Rourik. Soy el…
Bla, bla bla. Ya no escuchó nada más. Puso la mente en blanco y permitió a uno de los ancianos Satyres se desahogara.
—…Y para que no vuelva a suceder, cumplirás tus obligaciones y las mías hasta que te levante el castigo.
Ya. Así te tomas unas vacaciones. ¡Qué castigo más ejemplar! Se burló, aunque en voz alta dijo:
—Así sea Maestro.
Éste asintió y le indicó la salida con un gesto.
—Vete, ahora tu presencia me irrita.
Y a mi la tuya, pero por desgracia estoy condenado a soportarte hasta que el portal vuelva a abrirse.
Optó por no responder. No iba a ganar nada si lo hacía, y si podía perder mucho si le contestaba lo que pensaba.
En silencio, dio media vuelta y salió de la cueva. Nada más salir, Rourik paseó la mirada a su alrededor. La cueva Sagrada estaba en lo alto de la montaña que había frente al portal. A los pies de la montaña, el pueblo se extendía a lo largo de un hermoso valle en el que estaban condenados a permanecer por dictado de los dioses.
Cuando antes eran una raza reverenciada y temida por los mortales, vigilada de cerca por los dioses y orgullosa de ser Satyres, después de la Gran Caída y el cierre del portal eran una sombra de lo que fueron.
Estaban condenados a permanecer en aquellas tierras, desahogando sus apetitos sexuales con mujeres de barro que creaban los artesanos y reanimaba el Gran Chamán – o hasta que éste le levantara el castigo, sería él quien lo hiciese. Mujeres que se inclinaban a tu paso, que se contoneaban cuando las mirabas susurrando una y otra vez lo único que decían: “Hazme tuya”.
Dio un paso hacia delante, quedando al borde del acantilado. La cueva Sagrada estaba en lo alto de la montaña. Le echó un vistazo al portal. Era del tamaño de una montaña y tenía la forma de una mujer con grandes pechos, cintura fina y caderas anchas. Rourik sonrió al fijar la mirada en la entrada de portal ubicada en el pubis de aquella espectacular figura. Era irónico que para saciar el deseo que les consumía por dentro debían atravesar los muslos de una montaña con forma de mujer.
Dio otro paso hacia delante y se dejó caer, aterrizando en la entrada del pueblo a los pies de la montaña. 
Sólo hizo falta que diese tres pasos para que dos golems le interceptasen y se lanzasen a sus pies.
—Hazme..
—…tuya— dijeron a la vez las dos mujeres con aquellas voces carentes de emoción.
Estaba cansado de ellas, de estar con “juguetes” que hacían todo lo que les pedías. Que nunca se negaban a nada, que sólo decían aquellas dos malditas palabras.
Los primeros siglos fueron un alivio al encierro, pero ahora eran un engorro. No podías dar ni dos pasos –bueno, en este caso tres— sin que se lanzaran a tus pies y gimiesen con esa voz monótona.
Intentó ignorarlas. Le resultó difícil ya que le estaban manoseando, y le intentaban desnudar. Dio dos pasos más y por suerte –gracias a los dioses—, las golems dejaron de fijarse en él para lanzarse a un joven Satyre al que tomaron desprevenido. 
Tomó rumbo a su cabaña con paso rápido –antes de que otra de aquellas malditas se fijara en él.
No tuvo suerte.
Seis golems más tarde, llegó al refugio que era su cabaña situada a los pies de la montaña de portal, muy cerca de la entrada.
—Al fin en casa— susurró agarrando con fuerza el pomo de la puerta. Tiró hacia dentro y la puerta se abrió. En el Reino no había llaves ni cerraduras, después de todo cada Satyre del calle se conocía, no existía el concepto de propiedad y por tanto tampoco el de robo.
Fue cuando lo sintió. Un temblor dentro de él y un ardor que le provocó una dolorosa erección.
—¡Oh, dioses! —jadeó con voz enronquecida, sin explicarse cómo podía estar duro como una piedra a punto de explotar.
Otro temblor le sacudió, y junto a él a todo el Reino.
Soltó el pomo y dio un paso hacia atrás, alejándose de la entrada de su hogar, palpándose el abultado paquete.
No comprendía qué es lo que estaba pasando. No era normal que el Reino temblara de aquella manera y menos que se excitara sin estimulación externa.
Al tercer temblor, Rourik gimió y se corrió, manchando el pantalón, como un infante durante sus primeras experiencias sexuales.
—¡Oh, joder! —masculló en alto, y no por haberse corrido sin siquiera tocarse sino porque ante sus atónitos ojos el portal tomó vida. Se retorció, la piedra se abrió y de él salieron un grupo de mujeres vestidas con prendas extrañas, vaporosas, de color blanco mostrando mucha piel, y que no dejaban de gritar.
“¿Qué cojones pasa?”


......


Dentro de unas horas....El primer capítulo, EXPLOSIVO, HOT, HOT... ¿Os lo vais a perder?


2 comentarios:

  1. Nenaaa!! esto promete! me dejas con los dientes largos.

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  2. ohhhhh!!!! Quiero saber como continua para irme calentita a la cama!!! Me encanta!!! SIGUELAAAAAA!!!

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