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Una noche para no olvidar




Con este relato participé en el I Concurso de relato paranormal de Escribe Romántica. De nuevo quiero agradecer a Escribe Romántica y a Editora Digital por la oportunidad de participar en la Antología Escribe Romántica junto a 14 escritor@s que consiguen emocionarte con sus palabras.






Muchas gracias.


De nuevo recordaros que esta Antología se puede descargar en Editora Digital completamente gratis.









UNA NOCHE PARA NO OLVIDAR



1


31 de Octubre, 2011



—¿No puedes estar hablando en serio?
Marian sonrió y asintió con la cabeza sin dejar de esbozar una sonrisa cómplice.
—Es lo mejor para ti, cielo.
—Estás loca, ¿lo sabías? No pienso acudir a esa fiesta, por mucho que insistas Marian.
—Pero si es lo que necesitas ahora mismo, Aldana —golpeteó con un dedo el amarillento papel que extendió en la mesa de la cafetería donde estaban tomando un café —. Al fin has dejado a ese hijo de puta que no te merecía. Necesitas despejarte un poco, salir de casa. Ponerte guapa y ligarte a un tío bueno para que te alegre la noche.
Soltando un suspiro Aldana Swuat se echó hacia atrás, apoyándose cómodamente contra el esponjoso y algo descolorido sillón en el que estaba sentada. Frente a ella, la humeante taza de capuchino quedó olvidada ante la propuesta de Marian. Vale, que era su mejor amiga, que siempre estaba a su lado cuando más la necesitaba – y cuando no, también-, pero ¿qué amiga te insistía para que fueras a una fiesta de “parejas” que se iba a celebrar la noche de Samhain[1]?
—No creo que sea buena idea, Marian. No me apetece mucho ir a ninguna fiesta — y menos a una de este tipo. Le echó un vistazo rápido al folleto que seguía extendido en la mesa. Las letras doradas se veían con claridad y la imagen que aparecía junto al lema era muy explícita, sin dejar nada a la imaginación. Se veía a una mujer semidesnuda siendo abrazada por un hombre vestido con traje negro y del que sólo se veía su espalda —. Si quieres una noche inolvidable no puedes faltar. Ven durante el Samhain y conocerás el Cielo en el Infierno —leyó en voz alta el lema de la fiesta, atrayendo la atención de Marian.
—Ves, es perfecto. Justo lo que necesitas.
—¿Conocer el Cielo en el Infierno? —repitió Aldana, arqueando una ceja.
No iba a seguir insistiendo. Cuando Aldana se ponía terca no había quien lograra que cambiara de opinión.
—Tú verás lo que haces Aldana. Quédate el folleto que te servirá de entrada si te animas a asistir. Pero recuerda, sólo tienes 28 años y te mereces ser feliz.




2





Estaba loca. Completamente loca. Definitivamente había perdido el juicio. No dejaba de pensar Aldana mientras el bus de la línea 6 la acercaba a las afueras, a la vieja mansión en la que se iba a celebrar la más comentada y esperada fiesta del pueblo.
—Última parada.
La voz del conductor del bus la sacó de sus pensamientos y la devolvió a la realidad. Con el corazón desbocado por los nervios, Aldana tomó aire y se bajó junto con los demás ocupantes del bus. Todos iban disfrazados. Le echó un vistazo a su alrededor y se asombró de la calidad de los disfraces. Ella no era de las que compraba uno a través de catálogo, prefería hacérselo con viejas ropas y algo de imaginación.
Así pareces una vagabunda en medio de Cleopatras, Vampiresas y Romanas que muestran más carne que tela.
Siguió a la masa. Caminando a un paso de ellos, en silencio. Sin participar en la hilaridad del grupo, en los comentarios animados de los que estaban dispuestos a pasar la mejor noche de sus vidas.
Muchos acudían por la novedad. Era la primera vez que se iba a celebrar una fiesta de este tipo en el pueblo. No podían perdérsela.
Aldana por el contrario, acudía porque no tenía nada más que hacer en casa, porque no estaba dispuesta a quedarse otra noche más maldiciendo a su ex novio, a un paso de llorar por los malos recuerdos.
Así que buscó ropa vieja de su abuela que guardaba en un baúl en el desván y tras media hora de viaje en el bus, acabó siguiendo al rebaño de mujeres -sexys y maquilladas, dispuestas a arrasar- que parloteaban sin parar mientras avanzaban por el camino empedrado hacia la mansión.
—¿Pero qué sucede? — murmuró Aldana al ver que el grupo de mujeres se detenían a las puertas de la mansión.
No tardó en llegar hasta la puerta y comprobar qué era lo que provocaba aquellos gritos.
—Os lo vuelvo a repetir señoras, no se permite la entrada de nadie más.
Perfecto. Por una vez que decido cometer una locura, el maldito portero me niega la entrada.
Estaba ya dispuesta a dar media vuelta y a regresar a casa caminando – porque no había más buses a aquellas horas de la noche ya que en el que llegó era el último del día.
—Espera —Aldana estuvo a punto de soltar un grito al ver avanzar al hombre hasta ella. Éste se le puso delante y continuó —. Tú sí puedes entrar.
Aldana sintió un escalofrío. No supo si era por la ladeada sonrisa del hombre o por las miradas asesinas de las mujeres que estaban protestando en alto en esos momentos. No podían creer que no pudiesen entrar.
—¿A qué esperas, preciosa? Tras esas paredes, tú vida cambiará para siempre.
Una voz dentro de ella le aconsejó que se negara, que no diera los tres pasos que la separaban desde donde estaba hasta la entrada de la mansión, pero algo en el tono de voz del hombre le dio la seguridad que le faltaba y acabó penetrando en la vieja residencia, escuchando de fondo los gritos y maldiciones de las mujeres que no pudieron acceder a la fiesta.
—Esto es…— no podía encontrar la palabra con la que describir lo que estaba viendo.
—Impresionante, ¿a qué sí? — Aldana se giró y estuvo a punto de chocar contra el pecho del hombre que le permitió la entrada—.Bienvenida al Cielo en el Infierno, Aldana. Te estaba esperando.
Aldana contuvo la respiración y no pudo desviar la mirada de los oscuros y penetrantes ojos del hombre. Estaba paralizada, con el corazón bombeando con fuerza contra el pecho.
Tragó saliva con dificultad antes de preguntar, con un hilo de voz:
—¿Cómo sabes mi nombre?




3




—Llevo toda mi vida soñando contigo, Aldana.
—¿Cómo que sueñas conmigo? —debo salir de aquí. No puedo quedarme en este lugar con este…
Aldana soltó un grito al ser abrazada por él. la había tomado por sorpresa. Ni siquiera le vio moverse.
—No puedes dejarme. Llevo siglos buscándote.
Llevo siglos buscándote. Resonó con fuerza en la mente de Aldana. Al asimilar lo que había dicho, le apartó de un golpe y dio un paso hacia la salida. Debía huir. Alejarse de ese trastornado.
Sintió la mirada de todos sobre ella. Cuando había entrado se había quedado sin habla al ver a un grupo de hombres y mujeres medio desnudos bailando al son de una música que sólo ellos escuchaban, portando en sus manos copas con un líquido rojizo.
—Siempre has sentido que no encajabas, que no vivías realmente. Cada día cuando te mirabas al espejo sentías que no eras real, que eras un mero reflejo, y que de un momento a otro te ibas a despertar.
Se detuvo en seco ante la puerta. Dio media vuelta y preguntó en voz alta:
—¿Cómo es posible…?
—¿Qué te conozca tanto? ¿Qué sea capaz de ver lo que ocultas en tu alma? — con cada pregunta se estaba acercando a ella —. Porque yo me sentía igual — estiró una mano y le rozó la mejilla. El escalofrío que le recorrió el cuerpo la sorprendió y la atemorizó. Era la primera vez en su vida que sentía perder el control de su cuerpo por una simple caricia. La humedad que percibió – agradecía que llevara un vestido largo hasta el suelo, con varias capas de tela – entre sus piernas, era prueba más que suficiente que aquel hombre había conseguido un milagro – en una mujer frígida, según como la había calificado su ex.
Aldana le observó con atención. Lo que más le atraía eran sus ojos. Oscuros, intensos, brillantes, capaces de alterarla físicamente. Siguió observando su rostro, desde su aguileña pero regia nariz, su fuerte mandíbula y sus finos y rosados labios. Paseó la mirada por su cuerpo, percatándose que ella no era la única que había sentido la corriente eléctrica de puro deseo con aquella simple caricia. La protuberancia que se percibía entre las piernas del hombre era evidente, un reclamo para sus ojos y una tentación para sus labios.
El corazón le seguía latiendo con furia contra el pecho. Quería arrodillarse, desabrocharle los botones de aquel anticuado pantalón de lino y tomarlo entre sus labios, hasta verle jadeante, sin control sobre su cuerpo y gimiendo su nombre.
—Tenemos toda una vida para conocernos, Aldana. Para memorizar el sabor del otro.
Las palabras de él la devolvieron a la realidad.
—¿Cómo es posible que sepas lo que estaba pensando? — ¿es que acaso lo he dicho en voz alta? Temerosa de haberlo hecho, le echó un vistazo a su alrededor, sorprendiéndose al comprobar que eran los únicos que estaban en el hall de la mansión. Los hombres y mujeres que vio nada más entrar no se veían por ningún lado.
La carcajada que soltó el extraño le produjo un nuevo escalofrío. Su voz era ronca, con un leve acento francés.
—Siempre me gustaron las mujeres suspicaces, y tú Aldana eres más de lo que esperaba —la tomó entre sus brazos y le acarició la espalda —. Mucho más de lo que merezco.
El brillo de sus ojos fue lo último que vio antes de cerrar los ojos al sentir los labios de él sobre los suyos. Ese beso, el primero desde que dejó a su ex, borró toda huella del pasado, diluyó lo que una vez pudo sentir con el hombre que la marcó con su desprecio, con sus palabras.
Antes nunca sintió pasión.
Hasta ese beso.
Sus lenguas danzaron y se buscaron, acariciándose con lentitud, memorizando el sabor del otro.
Aldana temblaba cuando él se separó, y su respiración era agitada al igual que los latidos de su corazón.
—Agradeceré el día en que te apareciste en mi s sueños. Gracias a tu presencia pude recuperar mi corazón, pude alejarme de la oscuridad en que se había convertido mi vida. Eres mi Paraíso en el Infierno. Te amo, y sólo espero que algún día consigas amarme.
No supo cómo consiguió responder en voz alta y temblorosa:
—Si ni siquiera sé tú nombre.
Él volvió a reírse en alto.
—Tienes toda la razón, preciosa. Debí haberme presentado correctamente antes de abalanzarme a besarte, pero es que eres una tentación demasiado grande para mí — además de loco, ciego. Pensó Aldana. Ella no era una belleza. Más bien, era una mujer normal y corriente, con unos cuantos kilos de más – sí, le gustaba el chocolate y no lo iba a dejar por nadie -, con apagados cabellos castaños y unos vivaces y curiosos ojos azules.
—Ciego de amor por ti, amor.
—¡Lo has vuelto a hacer! ¡Puedes leer la mente!
Él asintió al tiempo en que le tomaba una mano y se la besaba.
—Sí, amor mío. Puedo leer las mentes de los humanos, y cuando seas cómo yo, también serás capaz de hacerlo. Eres mi alma gemela, la luz que busqué durante siglos. La única que podrá hacerme feliz. Eres la amante de un vampiro, Aldana. Y sólo espero que no me temas — estuvo a punto de gritar al ver que sus colmillos se alargaron y sus ojos cambiaron de color, de oscuros a un rojo brillante que le recordó a la sangre. Pero más allá de la máscara del monstruo que nunca creyó que fuera real, pudo percibir un atisbo de miedo, y fue ese temor el que diluyó el que ella sentía. Recordó las palabras de su amiga. Mereces ser feliz. Sí, lo merecía. Durante 28 años había vagado sin rumbo, sin llegar a vivir realmente. Viendo pasar los días sin importarle el paso del tiempo. En los apenas segundos que había pasado al lado de él había sentido mucho más que en los años de existencia. A su lado se sentía completa, dispuesta a lanzarse al vacío sin temer la caída —. Porque si lo haces, prefiero la muerte a seguir existiendo.
Era consciente que la decisión que estaba a punto de tomar iba a cambiarle la vida, pero así lo esperaba, así lo deseaba.
Levantó el brazo y le acarició el pecho.
—Confío en ti — necesito confiar en ti.
Él dejó escapar un suspiro de alivio y la estrechó entre sus brazos. El calor que experimentó con el beso, regresó con fuerza, confirmándole que había tomado la decisión correcta.
—Te haré dichosa por siempre.
Esta vez fue Aldana quien soltó una carcajada.
—Pues chico, te aconsejo que primero me digas cómo te llamas.
Las risas de los dos se escucharon desde el piso de arriba de la mansión. Los hermanos y hermanas del clan levantaban sus copas al aire brindando por la nueva pareja. Al fin había ocurrido lo que por tanto tiempo habían esperado.
Conwall Ludinger, Príncipe de los vampiros había encontrado a la dueña de su corazón.

[1] Se celebra el 31 de Octubre. En Gaélico sería: fin del verano.

Comentarios

  1. Si que la hemos leido, pero no suelo postear en los blogs por falta de tiempo
    me gusta como escribes
    sigue así

    espero que tengas suerte y encuentres editorial

    Abrazos

    ResponderEliminar
  2. Me gustó mucho, ya tengo la Antología y me encantó cada relato que hay, el tuyo es especial, dulce y con humor, me gustó mucho

    ResponderEliminar
  3. No me habia dado cuenta de èl antes, en un suspiro lo lei, me gustas como escribes,lo sabes, me gusta el genero paranormal y le diste totalmente tu esencia de escritora....y mira q soy una miedosa eh, y pense dioss q me voy a encontrar?? pero no, le diste el miesterio que hay en esa fecha tan señalada y aderezada con los famosos personajes vampiricos.

    Me encanto si no lo habia dicho en este testamento jajajaja

    Un besote

    ResponderEliminar

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