Ir al contenido principal

El límite del deseo. (adelanto)

Os dejo el prólogo y el capi 1 de mi novela EL LÍMITE DEL DESEO (la novela que Uziel ha publicitado en un post anterior y la cual busca editorial).




La portada la he dibujado yo, así que tengo derechos de autor jejejeje, y perdonadme el trazo, que la hice en cinco minutos y no me paré mucho en las sombras, ni en los pequeños detalles, sólo quería plasmar lo que me apareció por la mente cuando escribía la historia.




Un beso (recordad, los comentarios son gratis jajajajaja)






Sinopsis


Damaris estaba harta de ser el ángel de la Guarda de Uziel. Cierto que era un mujeriego y un manipulador, pero no era su “agradable” carácter lo que le enfurecía si no que estaba obligada a proteger a un demonio.
Uziel vivía por y para el placer. Su misión era corromper las almas de los hombres para condenarles al Infierno, y de paso librarse de ir al Paraíso – prisión de alta seguridad en medio del Inframundo – si no llegaba al cupo mensual de objetivos cumplidos.
¿Quién le iba a decir que desde el momento en que despertó en la morgue del hospital público, a dos días de Navidad, encontraría la luz que iluminaría su vida?

Un demonio excitado por un ángel, y que luchará por librarse de ir al Paraíso.
Un ángel Guardián que querrá deshacerse de su protegido, ansiosa de tener unas “vacaciones”.
Mientras, a su alrededor, la lucha entre el bien y el mal los salpicará a ambos.

¿El amor les salvará?
¿Y el deseo?

La línea que separa el bien del mal es muy fina, atrévete a traspasarla.
¿De qué lado estarás?


- PRÓLOGO –



—¡Eres un desgraciado!
Uziel esquivó el pisapapeles que su ex amante – si la mujer aceptaba finalmente que el encuentro que tuvieron solo fue un polvo de una sola noche y no el inicio de un amor para toda la vida – le lanzó y dio otro paso en dirección hacia la puerta. Lo peor de una noche de sexo era cuando llegaba el momento de largarse. Las actuaciones melodramáticas de las humanas eran patéticas y acababan cansando.
—¡No puedes dejarme!
Estuvo apunto de soltar una carcajada. Si le hubieran dado un dólar cada vez que le habían gritado esa frase llenaría un campo de fútbol con billetes verdes.
Delante de él a unos pasos, una rubia – no recordaba su nombre ni le importaba, lloraba abiertamente, y le miraba con ojos enrojecidos y suplicantes. Si tuviera conciencia se sentiría un cabrón por abandonarla de aquella manera, pero hacía siglos que no sentía nada.
—Es exactamente lo que estoy haciendo, querida.
La mujer abrió los ojos sorprendida. Su rostro perdió color y se tambaleó como si hubiese perdido el equilibrio.
Al menos dejó de llorar. No soporto que lloren. Es inútil derramar lágrimas, no conseguirán conmoverme con sus actuaciones de doncellas arruinadas.
—Fuiste un bocado delicioso pero como te dije, no comparto cama dos veces con la misma mujer.
Esperaba que con aquellas palabras la humana desistiese. Por su experiencia, lo hacían después de gemir y llorar y rebajarse a suplicarle que no las dejara, que era el hombre de sus vidas.
Patéticas actuaciones de mujeres que se obsesionaban con él después de unas horas de sexo.
—Pero pensé que….
Uziel regresó a la realidad y la observó. La anterior noche había acudido a su pub favorito, no buscaba irse con nadie, solo deseaba emborracharse hasta perder el sentido de la realidad o caer desmayado sobre la barra. La recolección de almas del mes había sido un auténtico fracaso. Solo había conseguido corromper a cuatro senadores y a dos médicos, maldiciendo a sus almas al tormento eterno.
Al ver esas cifras tan bajas, sus superiores le dieron un ultimátum. O conseguía un alma que valiese la pena o pasaría una temporadita – nada agradable – en el Paraíso, una prisión de alta seguridad ubicada en las entrañas del infierno donde se descubría nuevas facetas del dolor.
La vida era una puta mierda, y más si eras un demonio devorador de almas MASCULINAS. Si al menos los jefazos le dejasen cambiar de sección y encargarse de recolectar almas de mujeres, sus cuotas estarían cubiertas en tan solo cinco días.
Pero no.
Estaba obligado por contrato a buscar y corromper almas de humanos, susurrándoles por la noche, persiguiéndoles en sus sueños, apareciendo en sus vidas como un mortal y todo para añadir un nombre a la lista de los condenados al tormento eterno.
—Creí que conmigo sería diferente, que te quedarías a mi lado.
—¿De verdad creíste que conseguirías atraparme con un solo polvo[1]? —rompió a reír al ver la mueca culpable que puso la mujer ante sus palabras. Había dado en el clavo —. ¿Qué te juraría amor eterno? —las carcajadas se calmaron y dieron paso a su amado sarcasmo —. O eres estúpida zorra o una soñadora sin cerebro, si realmente creíste eso.
El grito que profirió la rubia le rasgó los tímpanos.
—¡Me engañaste!
—No, preciosa, te engañaste tú misma. Cuando te abalanzaste sobre mí en el pub te lo dejé muy claro. Me iría contigo para follar, nada más —otro alarido encolerizado. Ya estaba comenzando a enfadarse. O se callaba o le retorcía el pescuezo.
—Pero yo te amo. No permitiré que me abandones. Ningún hombre me ha dejado antes.
Uziel se encogió de hombros.
—Siempre hay una primera vez, cielo. Asúmelo y hazte un favor, no te humilles más.
Comenzó a volar objetos contra él, desde la lamparilla de noche, hasta la cubitera. Arrojados con fuerza en un intento de dañarle.
La melodía de su móvil salvó a la mortal de una muerte segura.
—No te vuelvas a cruzar en mi camino, mujer. No golpeo a hembras pero si te vuelvo a ver no responderé —le dejó claro con voz dura, antes de dar media vuelta y salir del dormitorio.
Una vez en el pasillo aceptó la llamada.
—Uziel.
—Por las alas de un ángel, Uziel, ya pensaba que te había secuestrado una horda de vampiresas.
—Casi aciertas, pero no. Tuve un pequeño encontronazo con una mortal ilusa.
Se escuchó unas carcajadas al otro lado de la línea que interrumpió la conversación durante unos segundos.
—Me alegro ser tu fuente de diversión, pero si sigues partiéndote el culo de risa, te cuelgo.
Con algo de dificultad, su interlocutor comenzó a toser intentando por todos los medios detener la burbujeante risa.
—¿Para que mierdas me llamas a estas horas, Absalón? Hoy es mi día libre.
—No mates al mensajero, amigo mío.
Uziel atravesó el pasillo del motel, concentrándose en la conversación – si se podía llamar así – que mantenía con Absalón, un demonio que conocía desde que era crío y con el que creció y estudió en la Academia. Al contrario que él, Absalón decidió especializarse en Informante, quedando relegado su trabajo a ser un simple oficinista. Era el contacto que mantenía dentro del Infierno con los altos cargos. El encargado de llamarlo cuando surgía algún problema o cuando se requería que se concentrase en una misión en especial.
Le apreciaba – después de todo era su único amigo- pero en ocasiones su retorcida manera de ser le exasperaba. Sobre todo cuando su cuota mensual estaba por los suelos y su humor no estaba para burlas.
—Aún no me has dicho nada relevante, Absalón y como has podido comprobar no estoy de humor.
—No hace falta que me lo señales, Uziel. Deberías buscarte otra mujer con la que descargarte, en lugar de refunfuñar como un imbécil.
Uziel se detuvo delante del ascensor. Estaba en la planta seis del motel. Si, de acuerdo que podía fácilmente bajar las seis plantas. Era un demonio inmortal después de todo, ¿pero por que cojones no iba a aprovechar los beneficios del ascensor?
Apretó el botón y se quedó mirando el contador.
0.
—Tomo nota de tu consejo, pero por esta noche, ya he tenido mi ración de sexo.
1.
—Eres un bastardo con suerte, lo sabes ¿no? Al menos tú puedes estar en la Tierra. A los demás nos tocó quemarnos el culo en el Infierno.
2.
Uziel resopló en alto, sin dejar de mirar el número del contador del ascensor, el cual parecía que se movía muy lentamente.
A su alrededor los ruidos de gemidos de los ocupantes de los cuartos de aquella planta le estaban poniendo nervioso, excitándole. En ocasiones como aquella se maldecía por no haber prestado atención en las clases de “cómo cerrar tu mente y disminuir tus sentidos” que cursó en la Academia. Por desgracia su oído era más fino que el de un humano y podía oír con claridad cada gemido, cada ruido de colchón, cada roce.
3.
—Te jodes, Absalón. Ya te dije que eres un imbécil si elegías quedarte en una oficina en lugar de venir a la Tierra.
—Paraíso —contestó sencillamente Absalón —. ¿Te suena de algo ese nombre?
Uziel sonrió de lado. Cómo no le iba a sonar, si recibía amenazas constantes con visitarla y convertirse en un residente temporal de esa “adorada” institución.
4.
—Si deseas algo debes pagar un precio para conseguirlo, Absalón.
—No tengo tu fortaleza, Uziel. No aguantaría la presión de llenar una cuota de almas. Prefiero…
Uziel le interrumpió.
—Prefieres pudrirte en el Infierno, sin saborear nunca la libertad que tenemos los que estamos en la Tierra. Es tu elección, amigo. Pero no me sueltes el rollo de “pobre de mí y que suerte tienes tú” cada vez que te convenga.
Se escuchó un golpe seguido de un quejido, como si Absalón le hubiera golpeado a algo.
5.
—Estoy a punto de entrar en un ascensor y sabes que la cobertura se irá a la mierda. Además sólo tengo ganas de regresar a casa y tomarme una cerveza antes de dormir lo que queda de noche. Suelta de una vez lo que tengas que decirme.
—No me explico cómo puedes entrar en esas cajas. Oí decir que se sujetan por tres cables.
Uziel cambió el móvil de mano.
—No es como si pudiese morirme si se rompen los cables, Absalón. Y no veas lo útiles que son los ascensores —sobre todo si la tía que me tiro esa noche vive en un piso veinte.
—Si tú lo dices, te creeré.
6.
—Te tengo que dejar, Absalón. Al fin llegó el ascensor.
—¡Ei! Espera que lo que tengo que decirte es importante.
Uziel esperó que se abriesen las puertas antes de cortar la llamada, pero antes de pulsar el botón rojo del aparato le respondió:
—Puedes esperar hasta dentro de una hora, en cuanto llegue a mi apartamento te llamo y me cuentas esa novedad tan importante.
Después de cortar la llamada, Uziel guardó el móvil en uno de los bolsillos del vaquero. En cuanto llegase a su apartamento, el lugar al que llamaba hogar y el cual era su refugio donde nunca llevó a ninguna de las mujeres que conoció por las noches, llamaría a Absalón. Pero antes tendría que salir de aquel lugar y alejarse de los jadeos y los gemidos que estaban volviéndole loco por dentro.
Ni que no lo hubiese hecho esta noche. Murmuró para sí mismo en su mente, molesto por el creciente bulto que apretaba contra la dura tela del vaquero.
—Si no eres mío no serás de nadie.
Uziel se giró de golpe al reconocer la voz. Tal y como supuso la mujer que dejó en el cuarto estaba ante él, apuntándole con un arma.
—Si aprietas el gatillo serás lo último que hagas en esta vida —le amenazó dispuesto a cumplir su palabra. Si le atacaba acabaría con ella, y llamaría a una de las demonios que se encargaban de recolectar las almas de las humanas.
La mujer soltó una carcajada carente de emoción. Sus ojos se veían opacados, como si la cordura se hubiera volatilizado de su mente. Estaba desarreglada, con el vestido mal abrochado y no llevaba ni medias ni calzado. El cabello rubio lo llevaba enredado y suelto cubriéndole parte de los hombros. No quedaba nada de la espectacular mujer que lo sedujo en el pub.
—Arrogante hasta el final. ¿Por qué no me amas como te amo yo? Si tan solo correspondieras mis sentimientos.
Uziel bufó en alto.
¿Amor? Que equivocada estaba. Ella no le amaba.
—Nunca corresponderé a tus sentimientos, ya que no eres más que una loca obsesionada conmigo. Tú no me amas. Me has conocido esta noche y estás encaprichada de mí.
La mujer apretó los dedos, haciendo crujir la goma que protege parte del arma por la fuerza del amarre. Con cada palabra que soltaba la estaba alterando. Pero, joder, su punto fuerte no era dialogar. Él era un recolector de almas, no diplomático.
—Sí que te amo —Bien por ti. Pensó Uziel cansado de ser objeto de constantes acosos por parte de humanas como aquella que se quedaban prendados de él después de compartir lecho. Odiaba que se aferraran a él como si fuera su tabla de salvación. Él no era la salvación de nadie, su única misión en la vida era provocar caos y contaminar las almas con la oscuridad que yacía en cada uno de los corazones de los mortales. Ante las siguientes palabras, detuvo las contemplaciones interiores y se concentró en lo que estaba ocurriendo —. Te vi en el pub muchas veces. Pude ver qué tipo de mujer te gusta. Siempre supe que no las deseabas, que ibas con ella por compasión. Estabas esperándome.
Uziel se cruzó de brazos y se apoyó contra la pared, al lado del control del ascensor, y declaró:
—Ni siquiera habría reparado en ti esta noche si no fuese porque no había ninguna otra mujer disponible con la que irme.
Con el rostro enrojecido como si estuviese a punto de llorar, la mujer respondió con la voz más aguda de lo normal y apuntándole con el arma directamente a la cabeza.
—¡Eso es mentira! Soy hermosa. Ningún hombre puede resistirse a mis encantos.
Uziel rompió a reír. Aquella humana habría sido una diablesa fabulosa. Orgullosa. Con el coraje suficiente como para amenazar a otra persona con un arma. Egoísta. Dispuesta a todo con tal de conseguir lo que le obsesionaba.
Pero para su desgracia, no era más que una mortal más.
—Tienes el ego muy crecido, humana. Pero son ciertas, cada una mis palabras. Puede que seas mona, pero no diría que eres hermosa. Como tú hay cientos de mujeres.
No debía haberla provocado.
Un humano no puede acabar con la vida de un demonio, después de todo los demonios son criaturas inmortales. Pero si podían causarle daños graves, que les inmovilizarían y les impedirían contraatacar, quedando indefensos contra los agresores.
Aquella mujer, con el corazón roto por sus palabras, despechada y con una insana obsesión hacia él, consiguió lo que muchos cazadores humanos deseaban: le tomó por sorpresa al comenzar a dispar el arma, alcanzándole en la cabeza.
El primer disparo le nubló la vista y le hizo perder el equilibrio quedando tirado en el suelo.
El segundo disparo le hizo probar el sabor amargo de su sangre, al impactar contra su garganta.
El tercer disparo le provocó una fisura en los pulmones y comenzó a respirar con dificultad.
La muy perra usó balas perforantes[2], unos proyectiles que causaban un daño irreparable en los humanos, y en su cuerpo….tardaría unas horas en recuperarse de las heridas.
La cuarta y sucesivas balas, le acribillaron las costillas, le destrozaron los músculos internos del pecho y le hicieron papilla los órganos, en especial el corazón, donde la humana se cebó, descargando la pistola.
—Si no eres mío, no serás de nadie. Tú me obligaste a matarte.
Aquellas fueron las últimas palabras que escuchó Uziel antes de perderse en la inconsciencia, entrando en un estado de letargo donde su cuerpo comenzaría a acumular energía para reparar los tejidos dañados.
Yo no te obligué a nada, humana. Tú solita te has condenado, y todo por un sentimiento tan absurdo como el amor. Suerte que los demonios no nos enamoramos. Nunca cometeré una locura semejante. Nunca…
Su cuerpo quedó inmóvil sobre el suelo de la sexta planta del motel. La sangre que manaba de las múltiples heridas comenzó a encharcarse a su alrededor. La humana se dejó caer al suelo, quedando de rodillas a su lado. Comenzó a sollozar y a murmurar incoherencias meciéndose hacia delante y hacia atrás, dejando caer la pistola vacía al suelo, mientras los inquilinos de las demás habitaciones salían al pasillo para averiguar lo que había sucedido.
—Tú me obligaste. No quería matarte. Tú me obligaste.




- CAPÍTULO 1 –



Despertar tras pasar el letargo curativo era una puta mierda. Literalmente. En cuanto el cuerpo comenzaba a conectarse, y cada uno de sus nervios, emitían una onda eléctrica de energía, despertar se convertía en una cuenta a contrarreloj dolorosamente lenta.
Uziel contuvo un grito cuando el dolor se volvió insoportable. Sentía que la cabeza le iba a estallar en cualquier momento y que los pulmones en lugar de oxígeno estaban inhalando azufre puro y duro como si aún estuviese en el Infierno. Ardía. Joder, como ardía.
La humana que le había disparado estaba muerta.
En cuanto despertase completamente saldría en su búsqueda y acabaría con ella.
Su mente quedó en blanco cuando una nueva oleada de dolor le recorrió cada molécula del cuerpo, recordándole el motivo por el que debían mantenerse alejados de las armas de los mortales.
No supo cuanto tiempo pasó, después de todo no tenía un reloj a mano ni tampoco contó los segundos en que tardó en reaccionar del todo y pudo moverse ligeramente. Tampoco importaba, lo único que deseaba era que el dolor desapareciese y que su cuerpo dejara de arder y de convulsionarse como si estuviera cociéndose en lava ardiendo.
En cuanto pudo abrir los ojos y mover las manos, Uziel gritó hasta estar a punto de desagarrarse la garganta.
Su voz resonó donde estaba encerrado, indicándole que estaba en un espacio pequeño por la velocidad con la que le llegaba el eco. Con sorpresa, palpó a su alrededor. Estaba oscuro y no se podía ver nada. Extendió las manos, estudiando el entorno que le envolvía. Era de un material, liso, frío al tacto, metálico.
Intentó levantar una rodilla, chocó contra la estructura metálica y al hacerlo la tela que le cubría se deslizó hasta agolparse en su torso.
Uziel enfocó su mirada, concentrándose en distinguir el entorno en el que se encontraba. Gracias al poder demoníaco que dormitaba en su interior y que despertaba a voluntad, adoptando nuevamente la forma de un humano en cuanto la misión o el peligro pasasen, pudo vislumbrar que estaba desnudo.
Con sorpresa impresa en el tono de su voz, exclamó en alto nada más percatarse de dónde se encontraba:
—¡Estoy encerrado en un puto ataúd metálico!
Ahora sí que podía decir que ese era el peor despertar de su vida. O casi…
Porque no iba contar para nada el día que tras una noche de juerga, se despertó en la cama con otro hombre, oliendo a sexo y a alcohol barato. Definitivamente ese día lo borraría de su mente, y por nada del mundo ni bajo tortura lo iba a admitir en alto, quedando como un recuerdo amargo de una noche confusa en la que no tenía recuerdos de lo que sucedió.
Mejor. Se dijo para sí mismo, al pensar fugazmente en cómo se sintió al despertar y ver al otro hombre acostado desnudo a muy pocos centímetros de él. Por suerte no me dolía el…
—Dios —blasfemó intencionadamente, escuchando su voz distorsionada por el metal que lo aprisionaba —. Debo salir de esta caja —Y encontrar a la zorra que me metió en este lío de mierda.
No dispuesto a perder tiempo, y malhumorado al haber sido tomado por sorpresa por una vengativa mortal, Uziel estiró las piernas dándole una patada a una de las paredes del ataúd. El golpe resonó con fuerza, provocando un estruendo que habría levantado de sus tumbas a los muertos.
La luz inundó el estrecho habitáculo, cegándole momentáneamente, hasta que sus ojos se acostumbraron a la intensidad luminosa.
—¡Oh, Dios mío! No puede ser, esto no puede estar pasando. —Uziel maldijo en alto al escuchar la aterrorizada voz de una mujer. No estaba solo allí donde le encerraron. Y ahora cómo cojones iba a explicar su “resurrección” —. ¡Qué alguien me ayude! ¡Socorro!
Mascullando entre dientes antiguas maldiciones, Uziel estiró los brazos por encima de su cabeza, y en cuanto tocó el acero, empujó con fuerza, consiguiendo salir del ataúd.
Para caer directamente al suelo, quedando despatarrado, desnudo y magullado en cuerpo y en su orgullo.
Pero lo que realmente remató la situación fue recibir un golpe fuerte en la espalda, que lo tumbó contra el suelo.
—¡Muere vampiro! —la voz de la mujer sonó alta, con un tono agudo como si rozara la histeria. Recibió otro golpe que le sacó el aire de los pulmones. No tenía ni idea con qué cojones le estaba aporreando pero le estaba jodiendo a base de bien —. ¡Muere!
Dos veces en una noche.
Dos veces que una mujer humana le gritaba que debía morir.
O estaba perdiendo el toque, o los humanos habían llegado al punto en que no le temían a lo sobrenatural.
¡Oh, qué delicia eran los tiempos en los que los mortales eran temerosos y supersticiosos! Cuando podían caminar por las noches aterrorizando y divirtiéndose a costa de sus presas. Pero ahora….
Disparado y aporreada por mujeres.
Muy buena experiencia para su currículum.
Después del tercer golpe, Uziel apoyó las rodillas y las palmas de las manos en el suelo y se levantó.
—¡No! ¿Por qué no te mueres? —al girarse se encontró con una humana vestida con bata hospitalaria en la que leyó su nombre y su ocupación.
Srta. Hollis. Forense.
¿Forense?
Paseó la mirada a su alrededor, deteniéndose unos segundos en la pared que había a su espalda. Contó al menos treinta cubículos, todos y cada uno de ellos con una tapa metálica en la que se leía un número identificador, todas,…menos por la que había salido.
Si tenía alguna duda acerca de dónde se encontraba, solo necesitó ver las camillas metálicas que había esparcidas por la gran sala, iluminada levemente por parpadeantes bombillas.
¡Estaba en la morgue!
Sí, definitivamente aquella era el peor despertar de su existencia.
Sin duda.
—Esto no me puede estar pasando, la peor pesadilla del forense se está cumpliendo.
Uziel encontró sus ojos. Claramente estaba histérica, apretando con fuerza una bandeja metálica, levemente abollada. La observó con atención y un poco de curiosidad. Umm. No estaba nada mal. Alta y delgada, como a él le gustaban, con piernas largas, para rodearle la cadera mientras la embestía. Sus cabellos rubios estaban recogidos en una coleta alta, pero algunos mechones rebeldes le acariciaban la frente. Y sus ojos…azules como el cielo. Un delicioso bocado. Dio un paso hacia delante, devorándola con la mirada.
—¡Atrás! ¡No des ni un paso más! Si lo haces te romperé la cabeza.
Deliciosa, pero armada con una bandeja metálica.
La risa burbujeó en su garganta. ¿Pensaba matarle con una bandeja quirúrgica?
—¿Con eso? —preguntó Uziel en alto señalando el objeto metálico que apretaba con fuerza la humana —. Has visto demasiadas películas de terror si crees que puedes dañarme con esa bandeja.
La humana abrió los ojos del todo.
—¡Hablas! —Esta tía es tonta. Pensó Uziel al recordar que lo primero que hizo cuando salió del nicho metálico era maldecir en alto —. ¿Cómo es posible? ¿Qué eres?
—¿A cual respondo primero? ¿Quieres que te de una explicación científica de cómo surge los sonidos cuando el aire pasa a través de nuestra garganta, o te explico a qué raza pertenezco? —se burló, no dispuesto a contestar sinceramente a ninguna de las preguntas expuestas por la mujer.
La forense dio un paso hacia atrás, apoyando la bandeja sobre su pecho, buscando protección tras la fina tabla metálica.
—¿Qué eres? ¿Un vampiro? —claramente cuando estaba nerviosa hablaba de más —. ¿Me vas a atacar? ¿Tienes sed?
—¿Es lo único que se te ocurre preguntarme? ¿Salgo de un nicho y lo único que me preguntas es si tengo sed? —Uziel contuvo la risa y preguntó a su vez, observando atentamente la futura reacción de la humana ante sus palabras —. ¿Qué harías si te digo que me muero de sed?
La forense apartó la vista de él y comenzó a temblar, mirando con evidente nerviosismo el reloj que colgaba de la pared al lado de la puerta de salida de la sala. Uziel escuchó como su corazón bombeaba salvajemente y como tragaba con dificultad. Estaba atemorizada, podía percibirlo y olerlo con claridad, y no dejaba de mirar hacia la salida.
—¿Me vas a matar?
Uziel le echó una ojeada al reloj. Eran las cinco y medio de la madrugada, debía haber pasado tres horas en la morgue, el tiempo que tardó su cuerpo en recuperarse de los disparos a bocajarro. No podía perder tiempo en charlas sin sentido. Debía llegar a casa e intentar descansar unas horas antes de estudiar a su siguiente objetivo: un juez, para planificar cómo abordarlo para corromperlo. Por cada objetivo disponía de dos meses, antes de que sus Superiores comenzaran a presionarle y a amenazarle con enviarle una temporada al Paraíso.
Tras unos segundos tensos, en los que tan solo se escuchaba el reloj de la pared, Uziel respondió finalmente:
—No, no te mataré.
—¿No? Pero eso es…
Uziel se apareció delante de ella y le arrancó la bandeja de las manos. El sonido que hizo cuando acabó estrellándose en el suelo, la sobresaltó.
—¿Acaso deseas que te mate?
Ella tragó con dificultad, antes de negar con la cabeza con desesperación.
—¡No! ¡Por supuesto que no quiero morir!
—Entonces a qué esperas. ¡Abandona este lugar si no quieres que cambie de opinión y te despedace! —al ver que no reaccionaba, Uziel perdió los nervios y gritó con voz atronadora, impregnando en el tono de voz parte de su esencia demoníaca —. ¡Lárgate!
La humana no tardó ni medio minuto en llegar corriendo a la puerta de salida. Cuando ya pensaba que había conseguido espantarla, se quedó de piedra al ver que caía de rodillas al suelo con la mano en el pomo de la puerta y gemía de dolor.
—No irás a ningún lado, mortal. Te quedarás ahí quietecita. Vas a ser necesaria.
Uziel se giró rápidamente al escuchar tras de sí una voz de mujer. Apenas fue un susurro pero el poder que transmitió le provocó que se le erizara los pelos de la nuca. El tono de aquella voz era duro, frío, recordándole al sabor de la oscuridad que tanto influía en su existencia, y sin embargo consiguió lo que nunca otra voz consiguió antes, que se calentara por dentro deseando perderse en su candencia.
Cuando vislumbró a la dueña de aquella magnética voz, se quedó sin palabras. Mudo, contempló el ser más hermoso que hubiese visto en su vida. La mujer estaba a unos pasos de él, sentada sobre una de las camillas metálicas, con las piernas cruzadas y una de sus manos apoyadas en su rodilla. Sus cabellos azabaches flotaban como si tuvieran vida propia alrededor de su ovalado rostro, acariciando su aterciopelada piel. Vestía de negro, con algo parecido al cuero que se adhería a su cuerpo como si fuera una segunda piel, provocándole el irrefrenable deseo de rajarlo con sus propias uñas y tirar los restos al suelo, dejándole como una única prenda los zapatos de aguja del color del carbón. Pero si ya su cuerpo le provocó taquicardias, cuando le miró a la cara, estuvo a punto de gemir en alto.
Era…perfecta.
Sí, aquella era la palabra que apareció en su mente cuando quiso describirla.
Mirada inteligente y fría, con ojos oscuros como la noche de un tono más oscuro que el cabello, nariz pequeña y respingona y unos labios carnosos, creados para pecar.
Durante un instante su mente quedó en blanco y solo pudo percibir imágenes de aquella deliciosa boca alrededor de su miembro, chupando ávidamente.
Su fantasía se rompió cuando la escuchó hablar de nuevo:
—¿Qué narices miras?
Uziel tragó saliva. Aquella noche había estado con una mortal durante tres horas, en términos generales debería estar saciado, pero su cuerpo respondía ante aquella mujer. Quería poseerla, recorrer con su lengua cada centímetro de piel, ver como temblaba bajo sus manos, como sollozaba suplicando por más, y por último oír como gritaba su nombre al llegar al clímax.
Oh, demonios. Estoy duro.
Y era cierto, deprimente pero cierto. Estaba duro.
—Uo, así que es cierto que los demonios estáis bien dotados.
Al escuchar aquellas palabras, Uziel se percató de su estado de desnudez. Él no poseía pudor, era algo que perdió hacía siglos pero estar erecto delante de dos mujeres, con el torso cubierto de sangre reseca de las heridas y en medio de la morgue no era una escena muy erótica que se diga.
Enseguida su descaro superó el pudor y le devolvió como respuesta:
—Cierto, nena. Y esta noche estás de suerte, soy todo tuyo.
Esperaba que se echara a sus brazos, húmeda y jadeante dispuesta a montarlo sobre la camilla metálica.
Que poca suerte tuvo.




[1] Polvo: una sola vez.
[2] Balas perforantes: Balas que en su interior están compuestas de plomo, acero endurecido, tungsteno y uranio empobrecido, lo que provoca que sean capaces de perforar blindajes como chalecos antibalas.

Comentarios

  1. Pues sí que te ha quedado bien la portada... y eso haciéndola a las prisas, no puedo ni pensar qué te saldrá con más calma!!

    La historia me encanta, ya lo sabes, he tenido el privilegio de leerla y la adoro.

    ResponderEliminar
  2. Hola!!! Soy socia del Club de las Escritoras como tú, he decidido seguir a tooodas las socias, porque me parece una idea fnatástica para conoceros y ver las maravillas que hacéis en vuestros Blogs, así que te sigo y espero que tu también te pases y te quedes por:

    Adolescentealos28.blogspot.com

    (Como a algunas ya os seguía y a otras no, para no saltarme a nadie este mensaje os lo dejo a todas :))

    Bss de color Violeta...

    ResponderEliminar
  3. Tenes idea coomo para cuando va estar listo?? YA QUIERO LEERLO VA ESTAR BUENISIMO!!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Alegrías del día

Paso corriendo que ya me tengo que ir para saludaros a todas y para colgar las imágenes de El guerrero de mi destino en las plataformas de venta de Amazon.es y Amazon.com , ayer consiguió entrar entre los 100 más vendidos de Amazon!!!!!
Como no tenía el ordenador no pude subir las imágenes así que lo hago hoy. La oferta que iba a ser hasta hoy a la noche tendré que alargarla  un poco porque no puedo entrar en Amazon para cambiarle el precio y porque muchas chicas me han pedido que espere al lunes porque así ellas la pueden comprar. Así que... queda abierta esta oferta hasta que regrese a casa y pueda entrar en Amazon, es decir tranquilamente hasta el martes o el miércoles que viene. Espero que la aprovechéis y le déis una oportunidad a Gaerth!!!!!!
Y muchas gracias a todas las que lo habéis comprado!!!!
Gracias!!!!





IMÁGENES DE AMAZON.ES


Los más vendidos en Romántica 41. Ashia, la niña somalí (Basada en hech... de Neo Coslado 4.6 de un máximo de 5 estrellas(22) Versión Kindle EUR 0,89 42. Alg…

Relato Nunca digas no a un lobo feroz de Ursula Brennan

Con un poco de retraso comparto con todas, por el día del Libro, mi relato Nunca digas no a un lobo feroz, un relato divertido y como no, romántica gay. Espero que os guste, para poder comprender un poco la historia os recomiendo leer antes el relato Nunca hagas enfadar al lobo feroz. 



LINK DEL RELATO 


Es necesario leer Nunca hagas enfadar al lobo feroz para poder comprender mejor la historia de Nunca digas no a un lobo feroz. 





Registro Safecreative: 1503133451057
Imágenes de la portada: Pixabay


Nunca digas no a un lobo feroz
Ursula Brennan




Ponme otra. Liam O´Brian negó con la cabeza mirando con pesar al humano que tenía frente a él al otro lado de la barra, no era habitual verlo por el bar sin la presencia de Kenneth pues habitualmente acudían al local juntos desde que los dos se conocieron en la Academia. Olisqueó el aire notando el olor a embriaguez que sudaba el policía por cada poro de su piel. Se le veía pálido, más delgado que la última vez que estuvo en el bar hacía un mes y con u…

Entrevista y Halloween

Buenos días a todas!!!
Espero que paséis un buen día. Hoy paso corriendo por el blog para comentaros que Ester FG me entrevistó la semana pasada y ayer subió la entrevista en su blog. Me lo pasé genial respondiendo cada pregunta que me envió y espero que os guste cómo quedó. Recordad que los comentarios en los blogs son muy importantes y se agradecen, Ester ayuda muchísimo a las autoras y a los autores y quiero añadir que es una gran mujer a la que tengo el placer de llamar amiga. 




ENTREVISTA


Por el momento no hay muchas más novedades, sigo escribiendo, realizando muñecos con fimo y lana de fieltro y deseando publicar todo lo que tengo pendiente por finalizar. 
¡Ah! Ahora mismo estoy acabando las correcciones profesionales de Belleza oscura y El guerrero de mi destino, gracias al trabajo de dos correctoras muy buenas. Están quedando de lujo las nuevas ediciones. 


Y quien quiera animarse a participar en el grupo LAS CHULÍSIMAS DE SHEYLA DRYMON, comentaros que además de juegos, encuestas…