lunes, 6 de junio de 2011

Capítulo 2 Amar a un extraño










CAPÍTULO 2




Cuando la señora la dejó sola, Miryam no perdió tiempo y corrió hacia la sala donde dejó a Sarah esperando con las mochilas. La encontró sentada en el mismo lugar done la dejó, abrazada a su mochila y vigilando la mochila negra que le dejó a su cargo.


Corrió hasta llegar a ella, y después de respirar hondamente, buscando tranquilizar su corazón y su agitada respiración, dijo.


— Sarah — su amiga levantó la cabeza y sonrió. Hasta que vio la expresión seria de Miryam.




Entonces borró la sonrisa.


— ¿No te dieron el puesto?


Miryam negó con la cabeza, al tiempo que decía, sentándose en la silla vacía que había al lado del sitio de Sarah.


— No, no me lo dieron. Pero… — dudó en si contarle o no que el propio director deseaba verla en su despacho.


Sarah se levantó de golpe. La mochila que tenía en su regazo se cayó al suelo rebotando en el suelo y quedando olvidada en una esquina cerca de las patas de la silla.


— ¡Cómo que no te lo han dado! — apretó los puños, su mirada destilaba pesar entremezclada con rabia —. Joder, no te debiste esforzar por conseguir el papel. ¡Maldición! Tenemos que conseguir el dinero.


Miryam tragó con dificultad, parpadeando varias veces. Estaba a punto de echarse a llorar, con los ojos enrojecidos. Sarah estaba consiguiendo que se sintiese culpable al no haber obtenido el papel. La alegría que sintió al saber que no actuaría aquella noche, se vio nublada por la culpabilidad.


— Sarah lo siento…lo intenté. Pasé la revisión médica y después me llevaron a una sala donde comenzaron a preguntarme unas cosas que… — enrojeció al recordar las preguntas —. Alguien llamó por teléfono a una de las entrevistadoras y le comunicó que no servía como actriz.


— Esto es serio Miryam. Si no conseguimos el dinero esta noche no se como haremos para salir del país. Debemos desaparecer antes de que los matones de Braider nos encuentren y nos liquiden por lo que vimos.


Miryam se aferró a su mochila, llorando en silencio. No lo había pensado. Ahora toda la responsabilidad recaía sobre los hombros de Sarah.


— Sarah yo…conseguiré el dinero de alguna manera — desvió la mirada al ver como se la quedó mirando su amiga —. Iré al puerto a descargar pescado, o pediré dinero o...


Sarah respiró hondo, intentando calmarse. Miryam no tenía la culpa. Desde que la conoció en el orfanato y luego cuando se reencontraron en la residencia de asuntos sociales, al cerrarse el orfanato por problemas arquitectónicos, siempre la protegió. La quería. No podía estar mucho tiempo enfadada con ella. Miryam era su hermana pequeña. Y ella, seguiría protegiéndola pasara lo que pasara.


Soltó un suspiro y pasó una mano por los cabellos.


— No te preocupes Miryam. Mira a tu alrededor. No hay nadie más con la etiqueta blanca. Si no te aceptaron a ti, tendrán que aceptarme a huevos. Sino no tendrán la escena de la virgen. Soy su única opción — esbozó una forzada sonrisa. Se agachó y recogió su mochila —. Toma, espérame aquí. No creo que lleve mucho tiempo. En cuanto me acepten les pediré que me acompañes a la grabación y después cuando me den la pasta nos largaremos en el primer ferry que salga por la mañana — Miryam asintió echándose al hombro las dos mochilas —. Te juro que saldremos de esta, hermana.


En ese momento, uno de los encargados de llevar a las mujeres a las entrevistas personales y médicas apareció llamando a gritos para hacerse oír, a Sarah.


— Señorita Petterson, sígame — Sarah se alejó de Miryam no sin antes despedirse de ella y recordarle nuevamente que todo iba a salir bien y que la esperase en aquel lugar.


Miryam esperó a que Sarah desapareciese de su vista para echarse a llorar. Al escuchar los murmullos y las risitas burlescas de las mujeres que esperaban su turno, Miryam corrió dirección a la salida. Sarah tardaría unos veinte minutos en salir, más o menos el tiempo que tardó ella. Necesitaba un respiro. Salir de aquel ambiente opresivo y ser capaz de saludar a




Sarah cuando saliese con una sonrisa sincera.


Pero no llegó muy lejos. Antes de alcanzar la puerta del hotel que se abrió al detectar movimiento cerca, un hombre la interceptó agarrándola del brazo, y tirando de ella hacia atrás.


Miryam chilló sorprendida al ser retenida.


— ¡Suélteme! Quíteme las manos de encima.


El hombre soltó una carcajada, tirando de ella hasta que quedó atrapada en sus brazos. Michael, aspiró su olor, excitándose al oler la pureza del cuerpo de la mujer. Era una de las Elegidas y aún no había sido marcada por ningún macho. Un lirio puro que él se encargaría de deshojar lentamente, convirtiéndola en su hembra.


— No, mujer — La obligó a mirarle a los ojos, levantándole el mentón —. Acompáñame a mi despacho.


Miryam quedó muda al verle. El hombre le sacaba dos cabezas, era alto y fuerte. Vestía un traje negro que le quedaba como una segunda piel, el único color que lo acompañaba era el azul claro de sus ojos que la miraban fijamente, como si estuviesen analizándola. Su rostro era hermoso y duro, de barbilla prominente, labios finos y enrojecidos, nariz aristocrática y unos hermosos ojos azules celestes que brillaban con intensidad. Parecía un antiguo guerrero de las novelas de amor que había en las estanterías de su madre adoptiva. Y el largo cabello recogido en una coleta baja, le daba el último toque de pirata a punto de secuestrarla.


Durante unos segundos no pudo hacer otra cosa que observarle sorprendida. Hasta que él empezó a arrastrarla hacia unas escaleras, a la izquierda de la puerta de entrada al local.


— ¡Suélteme! Tengo que esperar a Sarah.


Michael se detuvo un segundo antes de continuar.


— Su amiga estará bien, no te preocupes por ella. Logrará lo que pretende. En cuanto a ti…— la miró de arriba abajo con lujuria en los ojos —. Tenemos un trato por firmar.




No la soltó hasta que llegaron a las puertas de una habitación en la segunda planta. Miryam no perdió detalle de lo que la rodeaba. Al mirar por las ventanas de aquella planta se veía el estudio, donde estaban grabando unas escenas de sexo. Miryam casi jadeó al ver lo que estaban haciendo esos dos hombres con la actriz. La estaban tomando al mismo tiempo, cubriéndola con sus cuerpos y jadeando en alto mientras el cámara se desplazaba alrededor de la gran cama grabando hasta el último detalle.


Michael observó a su futura hembra. La joven estaba mirando asombrada el espectáculo que estaban dando los actores en la sala de grabación. Se la veía alterada, con las mejillas enrojecidas y los ojos abiertos de par en par. Con cada acometida, con cada jadeo, Miryam se estaba poniendo nerviosa. Su cuerpo estaba reaccionando a aquel espectáculo. A pesar de no haberlo echo nunca, se sentía húmeda y excitada.


Antes de soltar un jadeo, Miryam se apartó de las ventanas, quedando de espaldas a ellas.


Michael sonrió al oler su excitación.


Muy bien mujer. Excítate, deséame. Serás mía esta noche.


Abrió la puerta de su despacho.


— Entra en el despacho.


Miryam bajó la cabeza, incapaz de mirarle a los ojos y siguió las órdenes del hombre. Había algo en él que la obligaba a obedecerlo. Se veía que era un líder nato, acostumbrado a salirse con la suya siempre y que los demás siguiesen cada una de sus órdenes.


Al entrar en la habitación, Miryam la observó. El despacho era grande de unos ochenta metros cuadrados. El suelo estaba cubierto con unas alfombras negras, de aspecto mullido. El mobiliario era moderno, con curvas simplistas y predominando el color plateados. Las sillas que estaban alrededor de la mesa de madera, con forma de S, tenían respaldo alto y estaban tapizadas de seda negra. El armario con cristales tintados donde se veía sombras de archivadores estaba a la derecha de la mesa al lado de una de las ventanas que daba al estudio de grabación. Miryam se sorprendió al ver al fondo del cuarto una cama con doseles. ¿Para qué quería una cama en su despacho? ¿Por qué motivo ese hombre la había traído a su…?


¡Oh, no! Pensó la joven al unir los pedazos del puzzle. Él quiere…pero… ¡No! No se lo permitiré.


Nadie me va a tocar.


Michael presenció el cambio de humor de la mujer. La joven no era tonta, había averiguado su motivo para llevarla a su despacho. No podía perder más tiempo. La tomaría aquella noche, antes de que los alphas que iban a presenciar la escena de la virgen violada por dos hombres, la reclamasen y se viese obligado a luchar por ella.


— Toma asiento, Miryam.


La joven saltó sobresaltada.


— ¿Cómo sabes mi nombre? — preguntó con voz débil, agarrando con fuerza las solapas de las mochilas. Un gesto de nerviosismo que la calmaba.


Michael esbozó una sonrisa.


— ¿Acaso no sabes quién soy?


Miryam negó con la cabeza.


— No, no se quien eres — El hombre se echó a reír, enfureciéndola —. ¿Por qué te ríes? ¿Es que eres tan famoso que te extraña que no te reconozca?


Michael se sentó en el sillón principal detrás de la mesa de su despacho. Cruzó los dedos y apoyó los codos en la mesa. En todo momento mantuvo contacto visual con la muchacha. Su arranque de furia le pareció hermoso. Los machos de su raza admiraban el coraje en las mujeres, era un rasgo que buscaban para engendrar con las Elegidas cachorros fuertes que continuasen con las actividades del clan.


— Si te soy sincero muchacha, si es extraño que no me reconozcas.


Miryam esbozó una sonrisa sarcástica, complaciendo con su gesto al hombre.


— Entonces perdone su señoría por no reconocerle. O... ¿será que no eres tan famoso e importante como creías?


Michael rió. Estaba disfrutando con aquella batalla verbal. Ya tenía ganas de verla en acción, sudorosa bajo él, suplicándole, exigiéndole que la penetrase con más fuerza. Arañándole la espalda, marcándole como suyo.


— Ah, muchacha eres única. No importa que no me conocieses, esta noche…lo harás….completamente.


Miryam tembló ante las palabras del hombre. Había sonado como una oscura promesa y ella estaba atrapada en aquel despacho con un lobo feroz, hambriento de su cuerpo.





Sarah soltó un largo suspiro mientras dejaba encima de una silla del camerino que le habían asignado después de pasar las pruebas médicas y de firmar el contrato, la peluca rubia que le dio la maquilladora. Tenía que vestirse con un ridículo traje de enfermera y ponerse la peluca rubia que le llegaba hasta la cintura.


Sarah soltó un bufido al tocar la aspereza de la fibra artificial rubia. ¿Por qué tenía que ponerse una peluca si ella era rubia natural? Era absurdo.


Pero no iba a protestar ni a comentar nada acerca del escaso guión que tuvo que memorizar. Había pasado las pruebas físicas. Había firmado un contrato por el que autorizaba que la grabasen aquella noche. Y ahora no iba a echarlo todo a perder al protestar por como tenía que ir vestida. Ella no era consumidora de aquella clase de películas, así que no tenía ni idea de cómo vestían habitualmente las actrices porno. Si le mandaban vestir como enfermera con aquella falda blanca que mas que falda parecía un pequeño cinturón cubriendo únicamente su sexo, o aquella camisa sin mangas dos tallas menos con los botones a punto de explotar, ella lo haría. Se vestiría así.


— Señorita Petterson, ¿Está lista? No disponemos de mucho tiempo. Es hora de comenzar la grabación de la escena de violación.


Sarah tembló al abrir la puerta del camerino después de ponerse la peluca. Casi no podía moverse, estaba segura que se hacía un movimiento en falso reventaría la camisa.
Detrás de aquella puerta estaba el pasillo que la llevaría al plato, donde la esperaban para comenzar la escena.


Antes de salir miró hacia atrás por encima del hombro, para comprobar que su mochila estaba oculta bajo la silla del camerino delante del espejo y la mesa llena de productos de maquillaje. Dentro de aquella mochila estaba el contrato, la fotocopia de las pruebas médicas suyas y las de los actores que la acompañarían aquella noche y el dinero.


Sonrió al recordar el dinero que le habían dado. Era un aliciente para continuar con aquella locura. Con los billetes que tenía en su poder podría comprar dos boletos del ferry Londres- Francia y escapar.


Cerró la puerta y caminó temblorosa cuidando de no perder el equilibrio por los tacones que vestía. Eran al menos de unos quince centímetros y de un grosor menor de tres centímetros. Y como no…de un color rojo apasionado.


“Que típico.” Pensó acortando el camino a la sala de grabación “Una enfermera rubia con zapatos de tacón rojos, que chillará que no para luego dejarse tomar.”


La llegada a la sala de grabación, dejó momentáneamente silenciosa a Sarah. La sala era grande, iluminada con potentes focos que brillaban con intensidad. Parecía la recreación de una sala de curas de un hospital, con todo lujo de detalles. Hasta el olor a alcohol y desinfectante. Había camillas con sábanas blancas, goteros, estanterías con medicamentos, aparatos de medición cardíaco que emitían un sonido persistente e ininterrumpido.


Recorrió con la mirada el lugar, deteniéndose en cada sillón forrado de cuero negro que encontraba.


Aquellos muebles desentonaban con el mobiliario que había.


“Por favor… ¿Cómo va haber un sillón de cuero negro en un hospital?” se burló pensando seriamente que iba a participar en una película sin sentido.


Estuvo a punto de soltar una carcajada, pero se contuvo a tiempo, mordiéndose el interior de la mejilla.


“Pero si la primera estúpida soy yo. ¡Voy a perder la virginidad con unos extraños delante de toda esta gente!”


Contó doce personas, que se movían de un lugar a otro llevando cables y lámparas de pie, con baja iluminación. Uno de ellos al pasar por su lado se detuvo. Parpadeó sorprendido y después de mirarla de pies a cabeza, sonrió de lado.


— Así que tú eres la nueva actriz. Bienvenida. No puedo decirte que te sientas como en casa entre nosotros, porque se que te vas a encontrar incómoda. Pero no te preocupes, este trabajo no es como lo describen. Sinceramente, es bastante aburrido. Tenemos que esperar que la iluminación sea la correcta, colocar cada detalle de la película y después esperar que la escena salga a la primera.


El encargado de iluminación al ver como la mujer desvía la mirada y enrojece ante sus palabras, se insulta mentalmente. Esa muchacha que no aparentaba más de veinte años era una novata. Aquella filmación iba a ser su primera vez...en todo.


“Estúpido, intentas calmarla porque luce como si estuviese a punto de ir al matadero y la pones más nerviosa.”


Sarah estaba a punto de echarse a correr, hasta que los vio.


Cuando entraron los actores masculinos de la película el plató quedó en silencio. Los hombres que portaban las cámaras, los encargados de las luces, hasta las maquilladoras que esperaban en los improvisados tocadores a un lado del plató se quedaron mirando embobados a los dos hombres que avanzaban con seguridad vestidos tan solo con unos camisones hospitalarios azules oscuros.


Sarah quedó con la boca abierta y los ojos desorbitados. Su garganta se cerro, secándose de la impresión. Esos dos eran los que….


“Oh, dios. Son….espectaculares. No parecen reales.” Pensó nerviosa sin quitarles el ojo de encima.


Ambos hombres eran altos, más altos que la media de unos cerca de dos metros, hombros anchos y ojos peligrosos. Uno era moreno con bello rizado cubriendo su pecho y sus piernas. El otro era rubio, de ojos azules y un vello fino por su cuerpo. Parecían la luz y la oscuridad.


Parecían que disfrutaban al ser el centro de atención, sonriendo arrogantemente a las maquilladoras y peluqueras que suspiraban a su paso.


Sarah sonrió par sus adentros. Al menos no era la única que se estaba comportando como una tonta, al quedar paralizada y con la mirada perdida memorizando cada detalle de esos cuerpos.


Que pronto,… muy pronto iban a poseerla.


Los hombres se detuvieron de golpe en medio del plató, cerca de las camillas. Entrecerraron los ojos y giraron la cabeza, como si estuviesen buscando algo olisqueando el aire. Sus fosas nasales se ensancharon y sus labios se entreabrieron.


Entonces, ambos se giraron a la vez y se la quedaron mirando fijamente. Sarah jadeó. Esos ojos. Brillantes, penetrantes, profundos. Enfocados directamente sobre los de ella.


Sarah tembló. Aquellas miradas eran magnéticas. Promesas de oscuros placeres. Sintió que se humedecía y un calor extraño subía por su vientre hasta agolparse en su ingle, logrando que jadease en alto, atrayendo la atención del hombre que se intentó calmarla al verla tan alterada.


El encargado de iluminación, se giró y miró con preocupación a la muchacha.


— ¿Te encuentras bien? — le preguntó, apoyando una mano en su hombro logrando romper el contacto visual que mantenía presa a Sarah.


Sarah carraspeó. No. no estaba bien. Estaba excitada, a punto de suplicar que la liberasen del calor que recorría todo su cuerpo, quemándola. ¿Cómo iba a estar bien si dentro de unos minutos iba a estar con esos dos pedazos de hombres?


— ¡No la toques!


El encargado retiró la mano del hombro de Sarah, como si se hubiese quemado, y se volteó atragantándose al ver que fue Kevin Millers quien le gritó. Aquel hombre era peligroso, y no solo porque era primo hermano de Michael y por tanto tenía el poder de convencer a su familiar quien mantenía su puesto de trabajo. No. no solo era por eso. Kevin era ya de por sí un hombre muy peligroso. Los rumores que circulaban de él decían que perteneció a los SEALS durante una década, hasta que lo expulsaron al no acatar las órdenes de su superior.


Nadie sabía si aquellos rumores eran ciertos o no. tampoco se atrevían a preguntarles. El aura que rodeaba a Kevin era oscura, que no dejaba duda a nadie que era peligroso. Y su aspecto, con sus cabellos azabaches, su torso ancho y duro, con unos brazos poderosos capaces de romperle el cuello a un hombre si lo pretendiese.


— ¡Aléjate de ella!


Esta vez el grito fue de Bryce Jeydran, amigo de los Millers desde la infancia y compañero de reparto de Kevin en varias películas. Al contrario que Kevin, Bryce siempre mantuvo el control de sí mismo, manteniendo un rostro neutral a pesar de lo que aconteciese. Hasta en los momentos en los que se sumergía frenéticamente en el cuerpo de una mujer y era grabado desde todos los ángulos, no lograban captar una expresión que no fuese indiferencia, como si el hecho de joder a una mujer duramente logrando que esta gimiese de placer gritando su nombre, no supusiese nada para él.


Verle visiblemente alterado, con los brazos cruzados sobre el pecho y fulminándole con los ojos, asustó al encargado que procedió a una retirada a tiempo antes de verse en medio de un fuego cruzado. Él quería seguir trabajando bajo las órdenes del señor Millers. Su jefe le pagaba bien, más que bien y vivía en directo las grabaciones de películas de alto presupuesto del cine X. Un sueño para un hombre como él que desde niño siempre le interesó el mundo del cine.


Una vez que quedó sola Sarah, se atrevió a echarles un vistazo a los actores que ahuyentaron con sus gritos al hombre que intentó tranquilizarla.


Su boca se le secó y a punto estuvo de soltar un jadeo. Pero se logró controlar recordando que estaban mirándola fijamente.


“Hay joder, están buenísimo. No se si es una suerte que me toque con ellos o no…” pensó, mordiéndose el labio inferior desviando la mirada, abochornada “A quien intento engañar…con ellos dos no me importa nada perder…lo que tenga que perder….delante de una cámara”


El grito del director que los actores que iban a participar en la siguiente escena ya estaban en el plató silenció los murmullos de los presentes y devolvió a la realidad a Sarah, que se vio empujada por una mujer hasta una camilla de la improvisada sala de curas.


— ¡Eh! ¿Pero que es lo que pasa? — preguntó Sarah mirando a su alrededor con nerviosismo al verse sentada sobre la camilla y rodeada por un grupo de mujeres que le quitaron la peluca al ver los mechones rubios bajo esta y la peinaron con prisas, preparándola para la grabación.


La mujer que la arrastró, no le contestó. Siguió dando órdenes a sus ayudantes, dejándola lista en menos de cinco minutos.


Cuando las maquilladoras y la peluquera se apartaron de Sarah, esta lucía las mejillas sonrosadas, los labios con un tono rojizo atrayentes y el traje de enfermera entreabierto, permitiendo ver parte de sus senos.


Bryce gruñó roncamente al ver la imagen de la muchacha. Estaba excitado y duro desde el instante en que captó su olor nada más entrar en la sala de grabación. La mujer desprendía un aroma embriagador que lo excitó hasta niveles inesperados, hasta el punto de verse tentando a lanzarse sobre ella y devorarla hasta saciar la lujuria que le provocaba.


Kevin no estaba mejor que él. Su grado de excitación era evidente. Su polla presionaba contra la toalla que cubría su cintura. Necesitaba urgentemente sumergirse en el apretado ano de la mujer, golpeando con fuerza el estrecho canal hasta correrse.


No era la primera vez que compartía plano con su amigo Bryce. Los dos solían rodar escenas de tríos, penetrando por ambos agujeros a la afortunada actriz hasta hacerla perder el control. Kevin siempre se encargaba de joderla por el culo, preparándola con sus dedos, untando su interior con aceite de sabores, para facilitar la penetración. Era muy cuidadoso en la preparación, procurando hacer disfrutar a la mujer antes de entrar abruptamente en su interior sonsacando un grito de sorpresa y dolor ante la intrusión. Pero esta vez, ansiaba con todo su ser introducirse con una sola estocada en el prieto culo de aquella mujer hasta perder el control de su cuerpo.


Gruñó apretando los dientes, cruzándose de brazos.


Nunca antes se había sentido tan atraído por nadie. Aquella mujer era especial, y no era el único que lo sentía. Su amigo Bryce gruñía por lo bajo a su lado, sin perder detalle del sinuoso cuerpo de la muchacha, devorándola con la mirada.


Cuando conectó con los ojos de ella, Kevin sintió como el lobo que tenía en su interior aullaba con intensidad reconociéndola como una hembra dispuesta para él.


Sarah tembló y tragó con dificultad. Antes de atreverse a decir algo, siguió al hombre que se acercó a ella hasta una camilla de tamaño sobrenatural, pues al menos medía metro y medio de ancho y dos de largo. El lugar estaba acondicionado como una consulta de una clínica pero…con toques sensuales y eróticos. Como las lámparas que proyectaban luces tenues que sobresaltaban el tono dorado de la piel de los hombres con los que tendría que….


Sarah enrojeció.


No era capaz de pensar en lo que iba a suceder sin ruborizarse.


— ¡Siéntate aquí! — Sarah salió de su ensoñación y se concentró en el hombre que llevaba una carpeta y que le señalaba la camilla.


— ¿Qué? — preguntó en alto Sarah, mirando sin comprender e lugar que le señalaba el hombre.


— Es que acaso estas sorda, siéntate en la camilla y hazte pasar por una enfermera que está repasando los archivos — le entregó la carpeta que llevaba en sus manos y continuó, utilizando un tono mordaz de voz —. Es sencillo, ¿no? Te quedarás quietecita hasta que hagan su aparición los enfermos que se aprovecharán de la confiada enfermera. ¿O es que necesitas un informe detallado de tu papel?


Sarah miró hacia el suelo, avergonzado. Aquel encargado de dirección se podía haber ahorrado sus sarcásticos comentarios. Ella estaba muy nerviosa, y no era para menos, iba a perder la virginidad delante de extraños, siendo poseída por dos hombres a los que no conocía de nada y todo por dinero. Más bajo no se podía haber llegado.


Cuando convenció a Miryam no pensó que el momento en que se viese en medio de aquello llegase tan rápido. Sarah paseó su mirada a su alrededor, a menos de cinco metros los dos actores que iban a hacer aquella escena con ella la observaban disimuladamente mientras escuchaban las órdenes de los encargados de dirección.


Soltando un suspiro, Sarah se sentó en la camilla, moviéndola unos centímetros. Su cuerpo temblaba y era incapaz de esconderlo.


— ¿Pero qué haces? — gritó el encargado señalando la línea amarilla que quedó en el suelo al moverse la camilla, aquellas marcas mostraban donde debía ir el escaso mobiliario que utilizaban.


— ¡Si le vuelves a alzar la voz serás hombre muerto!


El rostro del encargado de dirección perdió todo rastro de color. Con algo de temor reflejado en su mirada, se volteó lo suficiente como para contemplar de reojo a los actores que lo fulminaban con sus brillantes e intensos ojos. Una mirada que le transmitía que si volvía a tocar o dañar de algún modo a la mujer se vería de patitas en la calle y con algún hueso quebrado.


Cabeceando, se alejó de la mujer y se refugió en los pasillos del edificio, sin llegar a mirar atrás para no enfrentarse nuevamente a esos ojos. No era estúpido. Muchos rumores circulaban acerca de aquellos actores, las malas lenguas decían que eran hombres sin escrúpulos capaces de sacarse del camino al insolente que se interpusiese en sus planes. Apreciaba su trabajo, se ganaba bien y estaba en primera fila en las mejores producciones de películas porno. No podía quejarse, tenía en trabajo que todo hombre soñaba conseguir. Pero tener que tratar con actores como aquellos era la parte oscura de su trabajo. Al final, y como siempre hacía, claudicaba a favor de los deseos – o más bien exigencias – de los hombres a los que supuestamente debía dirigir en las escenas.


Con un largo suspiro ingresó en el saloncito exclusivo para los encargados de las cámaras y la colocación de los implicados en la película. Necesitaba un trago para olvidar la expresión en los rostros de los dos actores principales de esa gran producción.


Algo fuerte, sí señor.






Mientras tanto, en la sala de producción Sarah recuperó la voz cuando uno de los hombres con los que se suponía que debía perder la virginidad se le acercó velozmente y la tomó por los hombros. Sus manos eran fuertes, callosas y le transmitieron calor que hizo que se ruborizase.




Nunca antes había tenido contacto con un hombre y esa noche debía…. No, ahora no podía echarse atrás. Fue idea suya participar en aquel circo, no iba a echarle la culpa a nadie y de hacerlo se la echaría al destino, el puto sino que la condujo de cabeza a la desesperación y la angustia. Al igual que su amiga, necesita con urgencia dinero para huir de la ciudad y a ser posible lo más lejos que los billetes verdes le permitiesen.


Una vez que llegasen a su nuevo destino, encontrarían la manera de sobrevivir, siempre lo habían echo. Ninguna de las dos eran niñas indefensas como muchos creían, habían crecido antes de tiempo después de vivir las muertes de sus progenitores, los maltratos tanto físicos como psicológicos de los centros de acogida y finalmente el abandono que arraigaba en sus corazones al ser despreciadas y repudiadas como simples delincuentes por los hipócritas de la fiscalía de menores.


— No temas, muchacha. Esta noche disfrutarás.


Sarah regresó a la realidad al escuchar la ronca voz del hombre y sentir su incipiente erección rozar su vientre.


Estuvo a punto de gemir. Tener a un hombre excitado a su lado, saber que iba a yacer con él y ver que su cuerpo no reaccionaba negativamente ante aquel insólito hecho la dejó aturdida y descolocada.


Era imposible que el calor que comenzaba a surgir en su interior fuera deseo. Siempre tuvo que protegerse de los ataques de los hombres que irrumpían en su vida alegando que tenían la intención de protegerla, meras mentiras que escondían su verdadera naturaleza.


— Kevin, suéltala la estás asustando.


Sarah miró hacia un lado. Se acercaba el rubio, el vikingo con mirada felina y ojos azules celestes brillantes por el deseo.


El tal Kevin, quien la abrazaba transmitiéndole su calor, la soltó y dio un paso hacia atrás.


— Quien la asusta no somos nosotros, huelo la excitación en ella, son todos esos parásitos que según Michael precisamos para grabar las escenas.


Bryce asintió. En el momento en que entró en la sala de grabación, mentalizándose de poseer a una mujer durante cerca de una hora, mientras permitía que unos extraños le grabasen, un dulce aroma a flores inundó sus fosas nasales. Aquel delicioso olor solo significaba una cosa.


Una mujer humana con el gen lycaer. Una de las elegidas.


Mujeres que podían concebir a los cachorros lycaer y por tanto eran muy buscadas y protegidas por los machos que las encontraban. Se convertían sin pretenderlo en las concubinas que todo macho lycaer deseaba. Humanas que convivían entre los de su raza, aprendiendo a sobrellevar el miedo que les causaba yacer con hombres que ocultaban una bestia en su interior, mientras veían como las abandonaban en el lecho aún caliente por sus cuerpos para regresar al lado de sus esposas.


Un futuro duro para las elegidas, pero necesario para la supervivencia de la raza.


Las hembras lycaer eran incapaces de concebir un hijo, sus úteros se habían marchitado hacia siglos y ante la posibilidad de ver exterminada la raza, los machos tuvieron que buscar una solución.


Finalmente la encontraron cuando descubrieron que ciertas humanas poseían la capacidad de fecundarse con su semilla, naciendo de esa unión bebés fuertes y con el gen dominante lycaer, convirtiéndose en un miembro más de la familia.


¿Cuál era la característica que las diferenciaba de las demás mujeres?


Su aroma.


Dulzón.


Atrayente.


Excitante.


Y aquella temblorosa muchacha que los miraba con los ojos abiertos y las pupilas dilatadas, era una de ellas.


Una elegida que había tropezado en su camino con dos machos alphas hambrientos.


Aquella noche no iban a grabar una escena. Iban a marcarla con su semilla, con su olor,… iban a hacerla suya.


— Tienes razón, lo mejor será echar a estos…. — la palabra humanos rozó su lengua pero no vio la luz — insectos y concentrarnos en lo que realmente importa.


Kevin sonrió de lado. En ocasiones creía que Bryce era capaz de leer su mente, y en aquella ocasión no era diferente. Él había pensado lo mismo. Dejar de lado la película que no era otra cosa que un trabajo que realizaban para hacerle un favor a Michael y por placer, que coño debía aceptarlo, disfrutaba realizando unas escenas de sexo fuerte, pero en aquella ocasión lo mejor era concentrarse en el regalo que el destino les puso en su camino.


Sin decir palabra, dio media vuelta y avanzó con pasos seguros, escudriñando a su alrededor con sus ojos avizores, disfrutando al ver el miedo que provocaba con su sola presencia.


A dos pasos de los empleados, Kevin se detuvo y les miró fijamente.


— Largaos — su voz resonó en el silencioso lugar formándose un eco que erizó los pelos de los oyentes —. ¡Es que no me habéis oído! Sacad vuestros culos de aquí.


Uno de los cámaras, balbuceó tras dejar caer al suelo un rollo con cables, utilizados como alargadores para poder llegar allí donde era necesario y no perderse detalle de la escena.


— Pero señor… ¿y la película?


— Ya no se va a grabar, pedazo de gilipollas . Así que tenéis exactamente dos minutos para recoger todo y abandonar las instalaciones del estudio.


Bryce rió. Los humanos saltaron ante la orden de Kevin recogiendo con rapidez los instrumentos que empleaban para grabar, dejando apresuradamente sin mirar atrás la sala principal de grabación. No hacía falta seguirles, estaba seguro que aquellos humanos se irían a sus casas, con las gargantas secas y los corazones latiendo a mil por hora.


Sarah contempló todo en silencio sin entender realmente que sucedía.


Cuando escuchó que no se iba a rodar la película se tensó.


¿Entonces qué hacía ella ahí? ¿Le iban a pagar?


La respuesta surgió en su mente.


No. No le pagarían. Nadie pagaba dinero por nada. Sin escena no habría sueldo, y sin sueldo no habría posibilidad de comprar un billete para ir a Francia y escapar.


La vida le había enseñado que si querías algo debías trabajar duramente para conseguirlo, muy pocas eran las personas que nacieron con estrella y ella no conocía a ninguna de ellas.


Sarah hizo una mueca, la idea de perder la única oportunidad de obtener un poco de dinero de manera fácil y rápida se rompió ante sus narices. Vale que aceptar dinero por mantener sexo y más cuando era por tu primera vez era fruto de la desesperación y la marcaría por siempre, pero no conseguirlo frustró sus sueños de seguir con vida un año más.


Soltando un suspiro que se perdió en el ruido que produjeron los empleados de sonido e imagen, Sarah se quitó la peluca rubia y la dejó caer al suelo antes de dar media vuelta y caminar con los hombros caídos hacia la puerta que daba a la sala donde la maquillaron y le entregaron aquel ridículo vestido blanco que emulaba al de las enfermeras.


No dio más de dos pasos cuando una mano fuerte la detuvo.


— ¿Pero qué? — logró decir Sarah al ver que era el hombre que echó a gritos a los empleados de sonido e imagen.


Kevin le acarició el hombro, sonriendo al oler como se excitaba y temblaba por su suave toque.


— ¿A dónde vas muchacha?


— ¿A dónde…?— Sarah titubeó antes de responder —. Voy a la salida donde me espera una amiga para regresar a…— “al infierno que son las calles y no saber en que callejón nos espera la muerte por ver lo que no teníamos que ver” pensó — a nuestra casa.


Bryce se colocó frente a la joven tomándole la barbilla, mirándola a los ojos.


— No, pequeña, no irás a ningún lado. Esta noche, serás nuestra.


Sarah tembló al ver como los carnosos labios del rubio se acercaban a los suyos, cuando se rozaron y el calor invadió su cuerpo, Sarah jadeó con fuerza.


Su gemido fue absorbido por la hambrienta boca de Bryce que la devoró, jugueteando y mordisqueando su lengua, saboreándola a fondo hasta memorizar su sabor.


Aquel no era su primer beso, pero no se parecía en nada al baboso y asqueroso beso que le robó uno de sus compañeros del orfanato mientras le retorcía un brazo acorralándola contra la pared.


Fue puro volcán sentir como la besaba, como sus labios la acariciaban suavemente y su caliente lengua le recorría cada rincón de su boca, provocándole pequeños temblores que se extendieron al resto del cuerpo.


Bryce hizo lo imposible para no agarrar una pierna de la mujer alzarla y buscar con su verga inhiesta la húmeda entrada para profanarla con sus prisas. Luchó contra la creciente necesidad de marcarla y la soltó, gruñendo al verla sonrojada y con los ojos entrecerrados y la mirada perdida.


Debía sentir celos. Si le acosaban sería normal, pero Kevin no sintió nada , más que excitación al ver a su mejor amigo besar apasionadamente a la elegida, bebiendo de ella como un náufrago en una balsa en medio del mar, sediento de agua dulce. Su polla creció orgullosa hasta presionar contra la tela que cubría su cadera, formándose un montículo evidente y ansioso por ser liberado.


Con el rostro tenso por el deseo reprimido, Kevin tomó a la joven por los hombros, la giró y avanzó hasta ser el dueño de sus enrojecidos labios. Él no tuvo piedad como Bryce. La abrazó con fuerza restregando su polla contra su vientre. Una de sus manos buscó uno de sus pechos y lo estrujó con suavidad, sin dejar de chupar y mordisquear su lengua, mientras que con la otra comenzó a desabrocharle el disfraz de enfermera. Los botones se abrieron uno a uno, hasta que el disfraz quedó olvidado en el suelo.


Ante el cuerpo desnudo y excitado de la mujer, Kevin la dejó ir, mordisqueándole una última vez los labios.


— Oh, nena, esta noche nos pedirás que no paremos.


Sarah salió del estupor al escuchar esas palabras.


No podía dejarse llevar por el placer. La vida de Miryam y la de ella pendía de un hilo. Tenían que salir de Londres. Abandonar todo aquello que les recordaba la oscuridad de su pasado y rehacer sus vidas en otra ciudad.


Con fuerza de voluntad Sarah se separó del hombre, golpeándole la mano.


Con manos temblorosas recogió la bata blanca y se la colocó encima de los hombros, ocultando su humedecido cuerpo.


— No…— susurró con la voz enronquecida —…Debo irme.


— No nos tengas miedo, pequeña.


Sarah miró al rubio con el corazón desbocado.


— No tengo…miedo…— “precisamente miedo no tengo, pero no puedo perder tiempo en….en…” sintió ganas de llorar. Con 17 años había conocido el lado oscuro de la sociedad, de la vida y tenía que luchar día a día enfrentándose a la ley del más fuerte —….Esto está mal. Debo irme.


Bryce la detuvo y la abrazó. Los temblores de la mujer llegaron a su corazón. No quería su miedo, deseaba su pasión, que gritara su nombre cuando llegara a la cumbre, que se corriera apretándole la polla, estrujándosela hasta beber toda su simiente.


— Confía en nosotros, eres especial.


Quiso creerle. Sarah quiso creer aquellas palabras. Pero años de amargura y de soledad le endureció el corazón.


— ¡No! — gritó con nerviosismo —. Tengo que irme. Si no gano dinero con esto, me iré a otra parte y…


Esta vez fue Kevin quien alzó la voz. Su instinto de alpha se mostró al pensar en que otro hombre la tocaría, que besaría aquellos labios que le atormentaban con su adictivo sabor.


Todo su cuerpo se tensó y la furia creció en su interior, su parte de lobo gruñó, si otro hombre la miraba siquiera acabaría con él.


Aquella mujer iba a ser suya, recibiría su semilla y sería la futura madre de sus hijos. Una vez que la marcase estaría unida a él por el resto de su vida. Ya no habría vuelta atrás, el cuerpo de la mujer añoraría el suyo, ansiaría su toque, su dura polla, humedeciéndose con solo pensarlo.


— No te preocupes por el dinero, te daremos todo lo que desees, si te quedas, tendrás el mundo a tus pies.


Sarah enmudeció. Las palabras sonaron sinceras pero eran surrealistas, nadie podía jurar entregar el mundo a otra persona tras conocerle apenas por unos minutos y en aquellas insólitas circunstancias.


Ella no creía en finales felices, pero si en el valor del dinero y si aquel hombre le pagaba por perder la virginidad con él, teniendo en cuenta que aquel fue el pacto inicia, lo haría, agradecida del inesperado giro del destino al ya no ser grabada e inmortalizada por toda la eternidad para formar parte de una escena de una película porno.


Su voz no titubeó cuando miró a los hombres.


— Si me pagáis lo acordado por hacer esta escena, me quedaré — “después buscaré a Miryam y nos iremos lejos”


La sonrisa que esbozaron los hombres le resecó la garganta. Prometían calor, sexo, experiencias ardientes que quedarían grabadas en su corazón y quizás….en su alma.


— Cuando acabemos contigo, no querrás alejarte de nuestro lado, nena — murmuró con voz ronca el rubio, devorándola con la mirada, como si se tratara de un animal salvaje a punto de abalanzarse sobre la presa.


Y aquella noche, la presa era ella.

5 comentarios:

  1. No me olvido de colgar el siguiente capi de Corazones oscuros, a finales de esta semana lo postearé

    un beso ^^

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  2. Plas plas plas plas plas (aplausos y mas aplausos) me has tenido en vilo jure que se me atraganto la cena jeje que calor. Muy bien nena ;) espero el próximo.

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  3. Muchas gracias Nikta!!!!! siempre es una alegría leer un comentario positivo de lo que se escribe, y tus palabras me alegraron muchísimo, animándome a continuar colgando nuevos capítulos de Amar a un extraño.
    Un besito!!!!!

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  4. Por fin pude leerlo enterooooooo, que llevo desde antes de ir a comer con el capi abierto, jajjaa

    Me ha encantado, wapa, todo el rato esperando para saber si iba a suceder o no, jaja, contigo nunca se sabe.

    Muchos besotes, wapi

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  5. Jajajajaja gracias Val por leerlo!! mmm, quizás haya alguna sorpresa dentro de esta historia....

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