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Capítulo 1 Amar a un extraño

Como siempre, este libro lo tengo registrado en la Propiedad del Registro Intelectual, por tanto, me pertenece, así que es delito su distribución, plagio y demás....









CAPÍTULO 1



El camino hasta el lugar de la audición, se le hizo corto a Miryam. Sarah la condujo hasta un edificio de tres plantas, donde se podía leer un cartel que ponía Hotel Mooners.


— No es lo que yo pensaba — murmuró en voz baja Miryam, mirando detenidamente en lugar donde conseguiría el dinero para una nueva vida.


Sarah soltó una nerviosa carcajada.


— Ya te dije que era un sitio serio. El director es famoso y las películas tienen un gran presupuesto para ser una película de este tipo. Solo estarán las actrices elegidas y los actores porno consagrados.


Miryam bufó.


— Pues vaya consuelo. Abrirme de pierna ante unas…treinta personas.


Sarah la cogió del brazo y tiró de ella hacia delante.


— Vamos, Miryam. Es hora de que nos presentemos al casting de elección de actrices.


En la puerta del hotel, Miryam detuvo a su amiga. Acababa de darse de cuenta de algo.


— ¿Cómo que pasaremos un casting? No íbamos a actuar nada más llegar.


— ¡Eh, no! Tenemos que pasar un casting.


Miryam la miró con ojos entornados.


— ¿Y que se supone que debemos hacer? Desnudarnos, dejar que un doctor nos revisen para ver si somos vírgenes tal y como solicitan… ¡Acaso lo sabes!


Sarah soltó una maldición.


— No joder, no lo se. No tengo ni puta idea de lo que tenemos que hacer en el casting. Pero lo único que nos debe importar es que si alguna de las dos consigue el trabajo, tendremos dinero suficiente para salir del país.


Miryam se removió incómoda. Y si resultaba ser ella la elegida, sería capaz de dejar que un hombre se aprovechase de ella mientras sabía que su amiga quien fue la que la introdujo en aquella locura, estaba sana y esperando en una salita a que ella hiciese todo el trabajo.


Era una locura y ahora se arrepentía de haberse dejado convencer.


— Creo que lo mejor será que nos larguemos y busquemos otro empleo, Sarah.


Sarah se puso delante de ella y la sujetó por los hombros, clavándoles los dedos.


— Ahora no podemos echarnos atrás, Miryam. Es ahora o nunca. Debemos hacer esto para poder escapar. ¡Acuérdate que si nos atrapan nos matarán!


— ¡Lo sé lo sé! No me lo recuerdes. No hace falta que lo repitas cada dos por tres. Nos estás poniendo en peligro al chillar que nos van a matar. Parece que quieres tener una diana sobre tu cabeza.


Sarah negó con la cabeza, efusivamente.


— No, eres tú la que parece que quieres morir joven. Si no conseguimos salir del país en dos días estaremos muertas, tiraras al río y comidas por los peces.


Miryam soltó un suspiro. Ya no había vuelta atrás. Lo mejor para las dos era no dudar más y lanzarse de cabeza en esta locura. Ya llegaría el momento de llorar y arrepentirse por lo que iban a hacer.


— Entremos entonces, si no….daré media vuelta y echaré a correr.


Sarah soltó un chillido de placer. Ella sola no estaba dispuesta a pasar por aquello. No se atrevería. Necesitaba tener a su lado a Miryam para sentirse fuerte y capaz de pasar aquello.


En silencio, entraron en el hotel. En seguida se les acercó un hombre vestido de traje gris y que llevaba en sus manos una carpeta con decenas de folios. Se quedó delante de ellas, y después de echarles una ojeada, les preguntó.


— Venís a la audición.


Miryam fue incapaz de hablar. Tenía la garganta seca y la voz se negó a aparecer, así que acabó asintiendo con la cabeza.


Sarah en cambio, si le contestó con voz temblorosa.


— Sí, llamamos ayer para apuntarnos en la sección de actrices sin estrenar.


El hombre alzó una ceja, como si dudase de sus palabras, pero no expresó en alto sus pensamientos. Les preguntó sus nombres y sus edades, exigiéndoles un documento oficial para comprobar que tenían la edad que decían. Después de comprobar que estaban anotadas en la lista les indicó que lo siguiesen.


Las chicas caminaron detrás de él, mirando con curiosidad y nerviosismo todo lo que les rodeaba. Pasaron por los pasillos del primer piso y llegaron a una sala redonda donde había más de treinta mujeres esperando con diferentes pegatinas de colores en sus pechos.


Roger Bairten les entregó dos pegatinas blancas.


— Deberéis esperar en aquella esquina. Las revisiones médicas para las “primerizas” son dentro de una hora. Seréis llamadas por vuestros apellidos y deberéis pasar una revisión médica completa. Así comprobaremos que sea cierto que aún disponéis del virgo.


Miryam se atrevió a preguntar.


— ¿Todos pasarán una revisión, no?


Roger examinó con detenimiento a la muchacha que habló. Era una joven delgada, vestía completamente de negro, tenía el rostro manchado con rimel. Su rostro no era nada de otro mundo, pero sus ojos eran bellos, hermosos. De un color azul claro que mostraba un temor que era excitante.


— Sí, por supuesto. Todos los actores que realicen escenas de sexo sin protección tienen que pasar unos rigurosos exámenes médicos para comprobar que no tengan enfermedades.


Sarah suspiró.


— Menos mal — susurró. Al menos no correrían el peligro de enfermarse. Pero…abrió del todo los ojos asustada. Si había peligro de un embarazo no deseado, y lo que menos le convendría era quedarse embarazada de un actor. —. ¿Y los embarazos? ¿Cómo se evitan? Si no se usa protección….


Roger desvió su atención sobre la otra muchacha. Esta en cambio si era hermosa, de una belleza exótica. Con curvas voluptuosas donde una mujer debería tenerlas y una melena rubia que tentaba a quien la mirase. Su rostro era ovalado, con el único defecto que su nariz era un poco ganchuda, pero la cara era lo último que enfocaba la cámara y siempre se la podía cubrir con una máscara.


— Al acabar el rodaje se reparte entre las mujeres una de las dos pastillas que deben tomar para producir que les baje el periodo. Así se evitan los embarazos. Las actrices que se dedican profesionalmente en este mundillo, tienen colocados un diu para evitar los embarazos.


Las muchachas temblaron, y asintieron con la cabeza.


Roger les señaló unas sillas libres.


— Esperad ahí a que os llamen. Enseguida os atenderán.


Agarradas del brazo, caminaron hacia los sitios libres que les señaló el hombre. Se sentaron y contemplaron las mujeres que charlaban animadamente a su alrededor. Eran voluptuosas, vestidas con trajes apretados que dejaban al descubierto sus curvas y no dejaba nada a la imaginación. Iban bien maquilladas y peinadas y sus perfumes se entremezclaban creando una sinfonía de aromas que aturdía. En sus pechos tenían pegados unas pegatinas de un color rojo.


Revisaron las pegatinas de cada mujer que había en la sala.


Todas tenían pegatinas rojas.


— Parece que somos las únicas que tenemos pegatinas blancas. ¿No es extraño?


— No, no lo es Sarah. Debemos ser las únicas imbéciles que están dispuestas a perder su virginidad delante de una cámara.


Sarah asintió, cruzándose de brazos al ver como las mujeres dejaron de hablar entre ellas y las miraban con curiosidad, cuchicheando al ver que sus pegatinas eran blancas.


— Bueno, mírale el lado positivo. Seremos elegidas fijo. Si no hay nadie más.


Miryam rechinó los dientes.


“Vaya alegría”


Ahora solo les quedaba esperar a que las llamasen para pasar la revisión médica, y aquella espera si se les hizo eterna.





— Señorita Whitter, su turno. Síganos, por favor.


Miryam se levantó y caminó detrás de la enfermera, echando un vistazo a Sarah que quedó esperando en la sala. Ella fue la primera en ser llamada para pasar la revisión.


Conteniendo los temblores Miryam siguió las órdenes de la doctora. Se desvistió, se tumbó boca arriba en la camilla y esperó a que la examinase. Sintió una punzada de molestia cuando la doctora introdujo un dedo en su vagina para encontrar la frágil barrera que confirmaba que era virgen.


— Anota, señora Marson. La señorita Whitter es virgen. Ha pasado la prueba.


Miryam se levantó de la camilla y buscó la bata blanca que le dieron en el vestidor para no ir desnuda hasta la consulta del médico. Se puso la bata. Cuando la anudó le temblaron las manos.


La enfermera esperó a que se vistiese.


— Muy bien, señorita. Ahora sígueme es hora de que te entrevistes con una de las actrices del reparto. Ella te preguntará una serie de cuestiones para ver si estás capacitada o no para este trabajo.


Miryam se quedó quieta, agarrando las solapas de la bata con fuerza.


— ¿No puedo vestirme con mi ropa?


La enfermera sonrió. Comprendía el temor de la joven. Perder de aquella manera su virginidad era lamentable. Debía de estar muy desesperada para verse envuelta en un asunto como aquel. Realizar películas porno no era como se creía. Las actrices quedaban hastiadas después de un día de rodaje. Les dolía el cuerpo y necesitaban una semana de relax para poder volver al rodaje. Los actores que trabajaban en la compañía del director Millers eran unos hombres muy dotados que partían en dos a las actrices y las hacían gozar de placer en cada escena.


— Puedes vestirte si así lo deseas — No durarás mucho con la ropa puesta. Los directivos aceptarán a esta mujer en el reparto. No tienen muchas vírgenes donde elegir y su cuerpo es llamativo. Pensó esperando que la joven se vistiese con los pantalones arrugados y la camisa negra. La mochila que llevaba encima se la había dejado a la otra chica —. Ahora si estás lista acompáñame, debes pasar la segunda prueba.


Caminaron en silencio, atravesando varias puertas hasta llegar a una sala en la que había una mesa redonda que la separaba de las actrices que esperaban para entrevistarla.


— Entra y contesta con sinceridad.


Miryam asintió con la cabeza. Entró con timidez y ocultando en lo profundo de su ser el temor que le producía ver tan cerca el final de aquella locura. Se sentó en el único sitio libre y esperó a que las dos mujeres que la observaban con curiosidad hablasen primero.


— Por lo que veo eres una de las candidatas para el puesto de nueva actriz revelación — comentó la mujer rubia de ojos castaños. Miryam cabeceó afirmativamente —. No tienes pinta de actriz.


No sé si serás capaz de realizar el trabajo.


Miryam tembló mirando con disimulo a su alrededor, detrás de ella estaba la puerta de salida y a un costado de la habitación había un gran espejo en el que se veía reflejada. Se observó durante unos segundos, comparándose con el aspecto que presentaban las otras dos mujeres. Ellas vestían la bata blanca igual a la que ella se negó a llevar puesto por más tiempo. Sus cabellos estaban recogidos en unos moños nada elaborados y sus rostros estaban maquillados de una manera que parecía artificial, con labios rojizos y unas pestañas alargadas y curvadas. Por el contrario ella se veía como un pajarillo asustado y perdido, vestida de negro e pies a cabeza y con el rostro blanco de los nervios.


Pues claro que no parezco una actriz de cine X. Pero no me importa, tampoco quiero vivir de esto. ¿Por qué nos tiene me tiene que pasar esto? Si no estuviese desesperada no estaría aquí.


— Deja tus resentimientos de lado Amanda, y no asustes a la chica — le echó una mirada de advertencia a la rubia, silenciándola con aquel gesto. Amanda estaba resentida al ser retirada del reparto. El director no soportó por más tiempo sus caprichos y la dejó fuera de la película encargándole la selección de las nuevas actrices, una actividad que amargaba a la mujer al ver que aquellas hermosuras le habían quitado el trabajo. Liselle se giró y después de sonreírle a la aspirante intentando tranquilizarla, abrió una carpeta y sacó unos papeles —. Dime chica, ¿has tenido algún tipo de experiencia sexual?


La muchacha se mostró sorprendida. Abrió y cerró la boca un par de veces como si no encontrase las palabras para contestar a su pregunta. Al cabo de unos segundos, contestó.


— No, yo nunca he…— enrojeció —...estado con ningún chico.


— ¿Y con alguna chica? — preguntó Amanda, disfrutando de la reacción de la joven aspirante.


Vale que estuviera enfadada al haber sido retirada de la plantilla de actores, que el director la expulsara de su cama, si los rumores que circulaban eran ciertos, no era motivo suficiente para descargar su ira sobre una atemorizada joven, que se veía a leguas que no deseaba estar en aquel lugar.


— No, no tuve experiencia con ninguna chica.


Liselle asintió y garabateó la respuesta en el informe, anotando cada palabra de la joven. El que no tuviese ningún tipo de experiencia era un punto negativo para la muchacha. Las escenas que tendría que rodar no se podían repetir y todo porque ella no supiese el modo de actuar. Y algunas de ellas eran entre dos mujeres, y si la joven era tan vergonzosa como aparentaba no sería capaz de hacer algunas de las escenas ante la cámara.


Antes de que le hiciese la siguiente pregunta, sonó su móvil.


Tomó el bolso que dejó a los pies de su silla y contestó la llamada.


— Dime.


La voz que sonó al otro lado de la línea la puso tensa. Era el director, el hombre que estaba presenciando la entrevista sin perder detalle gracias al espejo que cubría la pared de la oficina.


Tras aquel espejo en el que se veían reflejadas, había otro despacho donde se sentaba el director, el productor y los dos actores principales para ver de primera mano a las aspirantes.


— Tráeme a esa mujer.


Liselle se volteó para quedar de espaldas al espejo, y bajando la voz, preguntó a su jefe.


— ¿No será parte del ocaso? ¿No la deseas como ruiseñor?


El lenguaje utilizado era en clave. Así la joven no se enteró o no dio muestras de enterarse de que estaban hablando de ella y de su posible o no participación en la película. La filmación de una nueva entrega de la serie que filmaba la producción se le llamaba ocaso, al ser rodado enteramente de noche a la luz de las velas que adornaban el plató. Y ruiseñores eran como se las llamaba a las actrices principiantes de este género de filme ya que sus voces eran más agudas que las de las actrices consagradas.


— No. No filmará la película, pero le ofreceré un trabajo. Envíala a mi despacho.


— Pero señor…


Michael Millers gruñó acallando a Liselle que contuvo el impulso de ponerse de rodillas y mostrar el cuello en un gesto de absoluta sumisión.


— No olvides con quien estás hablando, mujer. Si digo que la quiero en cinco minutos en mi despacho, tú me la enviarás en tres. ¡Está claro!


Liselle tragó con dificultad, carraspeando.


— Sí señor. Está clarísimo. Ahora mismo se la envío.


Soltó un suspiro al escuchar como le colgó el teléfono. Nadie en su sano juicio deseaba ver a Michael enfadado. Ella llevaba trabajando a las órdenes de la familia Millers durante ocho años, desde que salió de la universidad. En ese tiempo conoció a los Millers y aprendió a respetarlos, atendiendo a cada uno de los deseos de los tres hermanos Millers. Pero de esos tres el más terrorífico era Michael, el mayor, heredero de la fortuna Millers y dueño de las compañías de entretenimiento. Era un hombre apestosamente rico y para ocupar su tiempo libre se dedicaba a la grabación de películas de temática X, que rápidamente consiguieron las alabanzas de la crítica y la admiración de los seguidores de este género.


Si él le pedía a la chica, ella no iba a dudarlo. Se la enviaría al despacho, envuelta con papel de regalo si fuera necesario.


— Liselle… ¿ocurre algo?


La aludida regresó a la realidad, parpadeando y enfocando su mirada en su compañera Amanda.
Se obligó a esbozar una sonrisa y contestó, carraspeando en alto y cerrando la carpeta con las preguntas que tenían que formular a las aspirantes.


— No, no ocurre nada — Se levantó y le tendió una mano a la joven aspirante que se mantuvo en silencio —. Señorita Whitter acompáñame.


Amanda soltó una carcajada, golpeando la mesa con la palma de la mano, sobresaltando con aquel inesperado gesto a Miryam que botó en el sitio y cruzó las manos, nerviosa.


— ¡Ja! Ya sabía yo que esta no tiene madera para actriz. ¡Cómo la iban a contratar si parece un pez muerto!


Liselle entrecerró los ojos. Amanda era una estúpida. Acaso no se acordaba que a través del cristal la estaban observando. Si creía que con ese arranque Michael la iba a aceptar de nuevo en su lecho estaba muy equivocada. Por lo que dedujo de la llamada telefónica, su jefe estaba interesado por la muchacha nueva. Amanda debía dejar de soñar en imposibles, Michael no volvería a invitarla a su cama. Y quizás aquella noche, la despediría si seguía actuando de aquella manera.


— ¡Cállate, estúpida! El Señor Millers quiere hacerle la entrevista personalmente — cogió del brazo a Miryam y la obligó a levantarse —. En lugar de burlarte de las chicas, preocúpate por tu futuro. Si sigues así, no durarás mucho en este mundo.


Amanda enrojeció de rabia. Se levantó de golpe tirando la silla al suelo. Con los puños apretados, sus ojos brillantes, gritó con voz aguda.


— ¡No puede echarme! Michael no puede deshacerse de mí. ¡No puede!


Liselle torció la sonrisa. La puerta del despacho estaba abierta y los curiosos que paseaban por el pasillo se quedaron escondidos para atender la discusión. Miryam no sabía donde meterse.


Estaba en medio de una lucha verbal que no comprendía, ni quería hacerlo. Solo sabía que había sido rechazada como actriz porno en aquella filmación, y a pesar de que no conseguiría el dinero que necesitaba estaba feliz al no tener que tumbarse delante de una cámara y esperar a que acabasen la escena.


— Vaya no sabía que eras tan importante — se burló Liselle, sacando del despacho a la joven Whitters —. Reza para que sea verdad y te libre de las filas del paro, Amanda.


Al cerrar la puerta, se escucharon los gritos de Amanda y los ruidos de muebles tirados al suelo.


— Yo...lo siento si he causado algún problema.


Liselle se giró.


La joven estaba apoyada contra la pared, con la vista clavada en el suelo. Se la veía tensa y transpiraba vergüenza, al darse de cuenta que todo el mundo la estaba mirando fijamente, con curiosidad.


Todos querían ver quien era la mujer que había alterado de aquella manera a Amanda. El equipo de la productora Millers tuvieron más de una vez que morderse la lengua para no gritarle a la caprichosa Amanda. Al compartir por las noches la cama de Michael, Amanda se creía una diva, repartiendo órdenes como si realmente fuese ella la jefa. Nadie la soportaba y esperaban que el señor Millers abriese los ojos y se buscase una nueva amante con la que divertirse. Por fin sus deseos se hicieron realidad. Aquella muchacha que vestía completamente de negro y se movía con nerviosismo, había cautivado de alguna manera a Michael. Al desbancar a Amanda, le estarían eternamente agradecidos.


— Tú no has hecho nada, Amanda se ha cavado su propia tumba. Ahora sígueme iremos hasta el despacho del director Millers.


Miryam asintió. No tenía ni idea porque el señor Millers quería verla, pero nada perdía con concederle unos minutos antes de ver si Sarah había conseguido el papel. Al pasar al lado de unos hombres, estos inclinaron la cabeza. Miryam los miró con sorpresa. ¿Por qué motivo la saludan, si no los conocía?


Lo que no sabía la joven fue que aquellos dos hombres estuvieron presentes, junto con Michael durante la corta y extraña entrevista. Ellos olieron lo que olió Michael y lo que lo llevó a tomar la precipitada decisión de hacerla suya.


La muchacha era una de las Elegidas.


Una mujer humana que poseía el gen lycaer que la hacía apta para convertirse en la hembra reproductora de un macho de su especie. Pocas veces encontraban a una de las Elegidas. Por eso encontrar una tan joven y sin marcar, era un privilegio que Michael no iba a perder. La tomaría, sin importarle las reglas del clan que establecía que la mujer mortal tenía que ser presentada ante el Consejo y ser disputada por los machos alphas que la quisiesen como futura madre de sus hijos, ni que ella se negase a ser completamente suya.


El destino de aquella joven estaba ya marcado. Antes de que se diese de cuenta estaría compartiendo lecho con Michael, descubriendo entre sus brazos las delicias del sexo duro y salvaje que solo un lycaer era capaz de mostrar.

Comentarios

  1. Ey!!! muy bueno, novedoso y sorprendente me ha gustado mucho atrapa su sencillez y lo directo. Interesante manera de introducir el tea, enhorabuena ;) estaré atenta al próximo.

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  2. Genial, wapa, esperaré 'pacientemente' para el próximo, jejeje, besosssssss

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  3. gracias chicas por pasaros por el blog y por leer la nueva historia, me alegro que por el momento os guste, un besito ^^

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