martes, 4 de enero de 2011

Corazones oscuros

Poco a poco iré colgando los capis de mi primer libro de la saga Amores inmortales. Más que nada como regalo para las que me seguís con cada uno de mis alocados proyectos, y por la espera eterna de poder verlos en ebook o en papel.

como adelanto comentaros que este año saldrá a la venta (al fin!!) el segundo libro de la saga Amores inmortales titulado La sombra de la duda, y posiblemente también saldrá un relato corto titulado Las llamas del deseo (en la que la historia será una de las gárgolas)

Espero que os guste, y espero comentarios (tanto buenos como malos, que no hay censura)

un beso







RESUMEN



Su nacimiento marcó un antes y un después en la historia de su raza. Su infancia estuvo plagada de dolor y traición, convirtiendo a Jared Bastard en el hombre que es. Un vampiro odiado por los suyos y perseguido hasta la saciedad por los brujos.
Su futuro está envuelto en la oscuridad al ver como todo por lo que luchó es consumido por el fuego y las ansias de poder de unos humanos que no solo cambiarían su vida, sino la historia.
Su corazón de vampiro ansía la sangre de los brujos, los asesinos de su familia adoptiva. Sin embargo por el camino escucha una voz que le cambiaría la percepción de la vida.
Jared no esperó encontrar con la única mujer que podía salvarlo de la oscuridad que era su vida.



PRÓLOGO



Otoño 2003 en el Parque Nacional de Jasper, a seis horas de Toronto.

La densa niebla cubría el valle, como un espeso manto mortecino, ocultando a la vista a un gran lobo de pelaje grisáceo que corría a gran velocidad adentrándose en la oscuridad del bosque.

Sus brillantes ojos miraban a su alrededor, confirmando que la sangre que manaba abundantemente de las numerosas heridas y quemaduras que marcaban su áspero pelaje estaba atrayendo a las fieras que moraban en el bosque.


Jared Bastard estaba agotado, física y mentalmente. Aquella noche habían atacado las tierras de los hechiceros de las sombras, humanos que le dieron cobijo en su mansión y que le trataron como un miembro más de su familia.

Para él, un vampiro desterrado por los suyos, que solo conoció el dolor y el desprecio desde su más tierna infancia, el que le abriesen las puertas de la mansión Shadow´s House fue una experiencia nueva que le caló hondo en su quebrado corazón.

Durante quince años vivió con los hechiceros compartiendo sus risas y sus preocupaciones, ayudándoles en sus misiones. En esos años se escucharon rumores de ataques a otros clanes de cultura mágica por parte de mortales que aprendieron a utilizar el poder de los elementos naturales, pero no le dieron mayor importancia.

Grave error.

Ahora lo sabía.

Jared gruñó


La culpa le acosaba. No pudo hacer nada por salvar a sus hermanos y hermanas.

Aquella noche, él había salido junto al grupo de Rescate siguiendo el mensaje de auxilio que recibieron vía satélite. Durante dos horas rastrearon las montañas alrededor de las amplias tierras pertenecientes a los hechiceros y que lindaban con el dominio del clan lycans Rhobsein. Cuando encontraron el lugar desde donde se emitía la señal de socorro quedaron estáticos. Los hechiceros a los que iban a salvar estaban todos muertos, con el pecho abierto y desprovistos de su corazón.

No perdieron ni un segundo.

Dieron media vuelta y regresaron corriendo a la mansión principal.

Nadie habló durante el trayecto, todos estaban pensando lo mismo. Que la mansión principal corría peligro.

Y no se equivocaron.


En cuanto llegaron a la cima de la montaña que separaba los dos valles del clan, contemplaron mudos del horror las llamas que consumían la mansión.

Jared entrecerró los ojos al recordar lo que sucedió después.

No fueron capaces de mantener la sangre fría y se dejaron llevar por el deseo de vengarse, corriendo colina abajo invocando sus poderes. Estaban dispuestos a eliminar a los que destruyeron sus vidas, aniquilando su hogar y a sus familias.

Pero fueron ellos los que acabaron siendo cazados como animales. No se lo esperaron.

Los mortales que eran capaces de utilizar la magia elemental y de los que escucharon tantos rumores, eran reales y los estaban esperando a la entrada de lo que en otro tiempo fue una majestuosa mansión.

En cuanto estuvieron a la vista fueron atacados sin piedad por los brujos. El fuego los quemó, obligándolos a levantar sus barreras defensivas

descuidando los hechizos de ataque que estaban invocando.

Ese descuido lo supieron aprovechar bien los brujos, que buscaron grietas en las barreras y lanzaron nuevos ataques. El poder que demostraron poseer fue inmenso. Imposible. Pues ningún mortal era capaz de soportar esa cantidad de magia en sus cuerpos sin perder la vida. Pero aquella noche, Jared comprobó que las teorías que aprendió de niño siempre tenían una excepción.

Jared rechinó los dientes.

Vaya manera de descubrir que los brujos realmente existían y que estaban dedicándose a atacar indiscriminadamente a los clanes de seres inmortales que vivían en relativa paz en aquel parque nacional protegido por los humanos que desconocían que entre los árboles y los ríos que cruzaban los valles de Jasper existían barreras mágicas que ocultaban de su vista las ricas y prósperas propiedades de los hechiceros y del clan lycans Rhobsein.


Jared luchó junto a sus hermanos guerreros contra los brujos, pero le tomaron por sorpresa, atacándolo por la espalda dos brujos que lo lanzaron por los aires, estrellándolo contra la verja metálica que rodeaba a la mansión. El hierro retorcido se clavó en su espalda, produciéndole una corriente de dolor que nubló su vista unos segundos. El tiempo suficiente para que lo chamuscaran con una bola de fuego.

Jared se detuvo, olisqueando el aire. Estaba en problemas. Había traspasado los límites de la propiedad de los hechiceros. Ahora estaba en el dominio lycans.

Los lycans que vivían en aquellas tierras eran hombres y mujeres orgullosos que se alejaron de las normas de su raza, y vivían bajo su apariencia animal en cuevas ocultas en lo más profundo del bosque. Ellos cazaban a todo aquel que se atrevía a cruzar sus tierras, destrozando sus cuerpos a mordiscos. Evitando de esta manera volver a sufrir pérdidas de miembros de su clan a manos de intrusos.


A Jared le fallaron las patas delanteras, cayendo al suelo. La pérdida de sangre, le estaba mermando los poderes. No podía mantener por más tiempo su apariencia de lobo.

Lentamente, el lobo desapareció. Y en su lugar su forma humana se estiró con dificultad, siseando de dolor y escupiendo sangre al suelo. Su cabello corto de un color negro como las alas de un cuervo, estaba sucio de sangre y tierra. Su flequillo pegado a su sudorosa frente fruncida por el esfuerzo sobrehumano que utilizó para levantarse. Al quedar de pie, trastabilló mareándose un instante, pero antes de caer nuevamente al suelo se apoyó contra un árbol, raspando las heridas de su espalda contra la dura corteza del tronco.

Su metro ochenta y siete de puro músculo temblaba profusamente, procurando no desmayarse. Los jirones en los que quedó su camisa después de desgarrarse y quemarse, colgaban a ambos lados de su cintura, dejando al descubierto su maltratada espalda.

Un ronco gruñido procedente de su derecha, lo sorprendió.

Al girar la cabeza, encontró al animal que lo acechaba. Encima de una roca un gran lobo de pelaje blanco roto le mostraba los dientes y no perdía detalle de su futura presa, evaluando el momento idóneo para atacarle.

Antes de que pudiera reaccionar, el lobo saltó desde la roca sobre Jared, hincándole los colmillos en su brazo, consiguiendo tirarlo al suelo con la fuerza de su ataque.

Jared luchó por librarse del lobo, golpeándole con el puño en el húmedo hocico. Al hacerlo el animal soltó un gemido de dolor y dejó ir a su presa.

Con esfuerzo, Jared se levantó y se puso delante del árbol donde se había apoyado para cubrirse la espalda. Los lycans atacaban en manada. Los hermanos de aquel orgulloso lycans no estarían lejos.

— Criatura, te encuentras territorio lycans y la condena es la muerte.


La ronca voz del animal tuvo toda la atención de Jared, quien lo examinó detenidamente.

El macho lycans no era estúpido. Había percibido que no era humano y por tanto había hablado rompiendo el silencio de la noche. Si el lobo por el contrario se hubiera encontrado delante de un humano lo habría destrozado sin piedad, sin revelar que era capaz de articular palabras.

Estaba ante un macho alpha poderoso, que no dudaría en arrancarle los brazos a mordiscos con tal de mantener libre sus tierras de intrusos. Y en su actual estado, malherido y con el núcleo mágico inestable, no estaba en condiciones para enfrentarse a él. Si lo hacía corría el peligro de perder el control de su poder y destruirse, quemándose desde dentro.

Tenía que evitar la confrontación.

Intentaría calmar al orgulloso lycans.

— Mis disculpas, este camino lleva a donde pretendo llegar con prontitud.


Sin dejar de gruñir el lobo pateó el suelo con las patas delanteras y erizó el pelo de su lomo encorvando la cabeza. Su raza era muy orgullosa, nacían guerreros y nunca mostraban piedad ante sus presas. Su vida era dura y salvaje, marcada por las traiciones y las disputas de poder. Los lycans tenían numerosos enemigos que luchaban contra ellos en cruentas batallas en las que participaban los hombres y las mujeres de su raza. Por ese motivo, la principal norma de su clan era no permitir la entrada de ningún otro ser que no fuera un lycans. Las demás criaturas inmortales tenían vedada la entrada, y si se atrevían a cruzar sus tierras serían perseguidas y cazadas sin mostrar piedad ni parase a escuchar sus excusas.

— Nada de lo que me digas me importa, criatura. Está prohibida la entrada en mis tierras.

Jared entrecerró los ojos al escuchar como se acercaban los demás lobos, siguiendo el rastro del lobo alpha de la manada. Era hora de poner fin al enfrentamiento. Le urgía encontrar una cueva donde

dormitar, sobre la húmeda tierra curativa, hasta que sus heridas sanasen.

Además, posiblemente los brujos que atacaron las tierras de los hechiceros, podrían haber seguido el rastro de sangre que dejó mientras huía, maldiciéndose al tener que abandonar las cenizas de lo que llamó su hogar. No podía perder más tiempo. Si lo encontraban los brujos, podría peder la vida. Los mortales habían cazado a los hechiceros que lucharon valientemente por salvar su hogar, arrancando después de asesinarlos, sus corazones, alimentándose del poder latente en el palpitante músculo. Los brujos habían dejado de ser humanos la primera vez que se alimentaron de corazones de seres inmortales, perdiendo su alma en la oscuridad de la sed de sangre y de poder.

— Corréis peligro lycans. Tú y los tuyos deberías abandonar estas tierras y buscar refugio en el clan Heimdall — el lobo mostró sorpresa cuando Jared citó el nombre del clan principal de la raza lycans. Las seis castas de lycans le juraron fidelidad al clan Heimdall, y era el lugar de refugio de los miembros que sufriesen algún tipo de ataque o destierro.

— ¡Silencio! — le acalló el lobo, al tiempo en que se transformaba en hombre.

Era la primera vez que Jared veía la transformación de un miembro de la raza lycans. No fue tan horrible de ver como le había descrito sus tíos las noches en que le narraban cuentos con hombres lobo como protagonistas. Apenas en unos segundos el lobo había dado paso al hombre, perdiendo el pelaje y poniéndose de pie sin apenas esfuerzo. Era muy parecido a su propia transformación cuando adoptaba la forma de un lobo.

Lo gracioso era que en verdad al transformarse aparecían desnudos, tal y como nacieron. Jared compuso una expresión de disconformidad, teniendo en cuenta que permanecía delante de él, un hombre de largos cabellos rubios, cuerpo atlético y sin muestras de vergüenza ante su desnudez.


Jared se mordió la lengua para no gritarle que se vistiese, que cubriese su cuerpo y dejase de moverse de un lado a otro. Era una visión un tanto inquietante, ver como la larga verga del hombre lobo se balanceaba rozando sus blanquecinos muslos cada vez que él se movía.

Alejando la mirada de la entrepierna del lycans, Jared dijo.

— No pretendo hacer ningún daño en tus tierras, lobo. Tan solo deseo llegar a las cuevas de las montañas. Hace unas horas han atacado las tierras de los hechiceros, corréis peligro si los brujos deciden venir a cazaros.

— Podéis engañar a otro con esa patética excusa, criatura, pero a mi no.

Jared pasó una mano por sus cabellos revolviéndolos.

— Que pesadez que me llames criatura — ordenó a su mente que los colmillos que habitualmente mantenía retraídos en sus encías se

alargasen, sorprendiendo de esta manera al orgulloso macho —. Nací vampiro, lobo — le señaló sonriendo abiertamente para que este pudiese distinguir con claridad sus largos y curvados colmillos.

Gabeil Rhosban, macho alpha y jefe del clan lycans Rhobsein, cuyos dominios eran las tierras del norte del parque, dejó escapar una carcajada irónica carente de emoción. Aquella noche parecía que iba a ser aburrida y de golpe delante de él se aparecía un estúpido y malherido vampiro.

Justo lo que necesitaba para alegrarle la noche.

Matar a ese chupasangre y saborear con gusto su palpitante y oscuro corazón.

De todos era conocida la aversión que sentían mutuamente las dos razas inmortales más numerosas. El odio que sentía los vampiros y los lycans estaba muy arraigado en sus corazones.

Y por nada, desaprovecharían la oportunidad de matar a un murciélago chupasangre, librando al mundo de su odiosa presencia.


— Vampiro te has condenado al venir a mis tierras — sentenció Gabeil bajando la voz y señalando con la cabeza a los hombres y mujeres lycans en su forma lupina que se acercaban hasta ellos, rodeándoles lentamente sin dejar de mostrar los colmillos que adornaban sus encías.

Bravo, Jared esta vez te luciste. Rodeado de pulgosos, a punto de transmitirte la rabia. Pensó Jared cerrando los ojos por unos instantes contando veintidós lobos a su alrededor.

Procurando que no notasen la rabia que sentía en esos momentos al ver que su advertencia era ignorada de tal manera que estaban a punto de atacarle, Jared ocultó lo que sentía riéndose en alto.

Adoptando una postura relajada, descruzándose de brazos y manteniendo una sonrisa en sus labios, Jared sorprendió a los lobos que lo miraron como si se hubiera vuelto loco.

Jared disfrutó internamente al ver que había descolocado al macho alpha con sus inesperadas carcajadas.

A que esto no te lo esperabas. ¡Eh, chucho!

— Estás loco vampiro — le gritó Gabeil una vez recuperado del shock inicial. No era normal que la víctima se pusiese a reír como un loco mientras estaba rodeado por sus futuros verdugos. Lo tuvo que preguntar — ¿De qué te ríes? Estás en clara desventaja.

Jared negó con la cabeza manteniendo la sonrisa. Puede que el lobo pensase que lo superaba y solo porque estaba cubierto por sus compañeros, pero lo que no podía saber el lycans era que el poder que dormitaba latente en su corazón podía con todos ellos. Jared no era un vampiro normal. Por sus venas corría sangre de dos razas diferentes de inmortales.

Era poderoso, pero al tiempo peligroso y no solo contra los que luchara. Su poder era su mayor enemigo. Si perdía el control de su cuerpo, acabaría

muerto, estallando en miles de pedazos y destruyendo todo a su alrededor como una bomba atómica.

Siguiendo su costumbre de no servir a nadie más que a sí mismo, y no guardarse nada de lo que pensase. Jared soltó.

— ¿No te aconsejó tu madre que nunca te fiases de las apariencias, cachorro?

Gabeil gruñó amenazadoramente dando un paso hacia delante. Odiaba que le llamasen cachorro. Por más que gruñese y gritase los demás jefes de los otros seis clanes de su raza, seguían dirigiéndose a él como ―el cachorro. Un título que a su pesar le quedó aún después de cien años gobernando con eficacia su manada. Era cierto que tomó las riendas a los diecinueve años, pero ya tenía más de un siglo de experiencia.

Maldición, deseaba de una puta vez que dejasen de incordiarle.

El vampiro le había dado donde más le dolía.

— Chupasangre de mierda. ¡Retira tus palabras!


Antes de que le atacase Jared procuró calmar al orgulloso lupino sin dejar de maldecir por haberse precipitado en hablar. Pocas veces era las que se podía controlar y no soltaba a la cara lo que realmente pensaba. Y esta vez había cometido una gran estupidez al cizañar al lycans mientras era vigilado por su gente.

— Te repito nuevamente que no deseo nada de estas tierras, permíteme continuar mi camino lycans — Necesito encontrar las cuevas curativas. Si sigo así acabaré desmayado. Esta vez me han jodido y bien. Pero esto no quedará así. Pensó Jared, entrecerrando los ojos que brillaron con peligrosidad Juro por mis dioses que acabaré con los brujos. Seré yo quien les arranque sus podridos corazones.

Pero como supuso el lobo no iba a olvidar tan rápidamente la ofensa. Esta vez fue él quien se echó a reír e indicó con un gesto de su cabeza a su gente que se preparase para atacar.


En cuanto se cansase de ver como jugaban con la presa el lobo alpha daría permiso para que acabasen con él, despedazándolo vivo.

Joder, salgo de un infierno para meterme de cabeza a otro. Se lamentó Jared, pasando una mano por la cara, retirando parte de la tierra y sangre reseca que cubría su dolorido rostro.

— Por última vez lobo, déjame ir — advirtió con voz firme, concediéndole una última oportunidad al lycans.

Pero de nada sirvieron sus palabras.

— Nunca, vampiro. Esta noche tu sangre manchará mis tierras.

Jared cerró los ojos y suspiró resignado.

¡Vaya, que original! ¿Por qué siempre los malos sueltan la misma amenaza? Pensó Jared con sarcasmo. Soltó un suspiro y estiró el cuello, moviendo los hombros en círculos, intentando quitar tensión a su maltrecho cuerpo. Bravo por tu diplomacia.


Lo que en un principio pretendió ser una retirada a tiempo se estaba convirtiendo en una nueva confrontación. Parecía que desde que abandonó a su clan vampírico los problemas le perseguían, surgiendo hasta debajo de las piedras, como si una maldición le persiguiese constantemente.

El ataque inesperado de los lobos, siguiendo una orden silenciosa de su jefe, le sacó abruptamente de sus pensamientos.

Jared dejó que se abalanzasen sobre él antes de dejar salir parte de su poder, procurando mantener su núcleo mágico en calma.

Como una explosión, unas llamas anaranjadas surgieron de su cuerpo y alcanzaron a los sorprendidos lobos que gimieron de dolor cuando el fuego lamió sin piedad sus cuerpos. Muchos de ellos después de recibir el golpe se transformaron en humanos apagando con las manos el resto de fuego, retirándose prudencialmente del campo de batalla.


Gabeil se tensó visiblemente al ver el potencial destructivo del vampiro.

No se lo esperó.

No era normal que un chupasangre fuese capaz de dominar uno de los elementos mágicos. Un vampiro era capaz de incinerar pequeños objetos como cerraduras que le permitiesen entrar en las casas de sus víctimas. Pero no podían provocar una explosión como la que presenció. El fuego que salió del interior del cuerpo del chupasangre, parecía que tenía vida propia crepitando calmadamente a su alrededor, protegiéndolo.

Mientras lo veía luchar fieramente, Gabeil analizó sus movimientos y descubrió que se había equivocado con ese hombre. Sus movimientos letales, la confianza en su poder y la destreza en la lucha le indicaron que al menos debía tener trescientos años pues un vampiro no conseguía desarrollar todo su potencial hasta la madurez y la alcanzaban después de los doscientos años de existencia.


Su gente estaba perdiendo y por el momento debía agradecer que no hubiera víctimas mortales. El fuego que dominaba con asombrosa facilidad el chupasangre iluminaba con potentes fogonazos la oscuridad de la noche, haciendo retroceder y caer a sus valerosos guerreros, que por más que intentaban seguir atacándole después de levantarse, caían al suelo, malheridos con el pelaje chamuscado y con el orgullo quebrado ante la derrota, adoptando su forma humana.

Debía poner fin a esa locura. Su deber ante todo era mantener la seguridad de su manada.

— ¡Basta! — rugió Gabeil con fuerza haciéndose oír entre los gritos de batalla.

Instintivamente sus guerreros cesaron al instante de luchar, transformándose en lobos y permaneciendo a unos metros de él dispuestos, a pesar de las heridas, de defenderlo si el vampiro osaba atacarle. Una lealtad que agradecía Gabeil y por la que iba a

rebajarse a concederle al vampiro inmunidad en sus tierras.

Gabeil miró resentido al vampiro. Este parecía fresco e inalterable, como si la batalla que acababa de librar no le hubiese restado fuerzas.

Pero la realidad era bien diferente. Por dentro, Jared estaba a punto de quebrarse, luchando fieramente por seguir consciente procurando que su poder no saliese de su cuerpo descontroladamente.

La batalla había mermado su fuerza considerablemente, pero ante todo un vampiro nunca mostraba debilidad ante nadie.

Gabeil acabó diciendo a regañadientes.

— Tienes camino libre vampiro, pero no vuelvas a entrar en mis tierras.

Jared procuró normalizar su agitado corazón. La sangre que corría por sus venas era escasa a causa de las heridas y debía mantener un nivel sanguíneo adecuado si no quería morir desangrado. Su poder curativo era débil si lo comparaba con su capacidad

de destrucción. No podía sanar hasta que pudiese descansar en condiciones, recostado sobre la tierra y en contacto con la naturaleza.

— Mi agradecimiento jefe lycans — le concedió Jared agachando la cabeza y haciéndole una ligera reverencia.

Gabeil inclinó a su vez su cabeza y después de transformarse en su forma lupina aulló en alto para luego correr seguido de su manada, internándose en la oscuridad del bosque, regresando a su hogar, a las cuevas en las que vivían desde que perdieron a los lycans antiguos tras una cruenta batalla contra clanes enemigos de vampiros.

Los cobardes chupasangres, los atacaron de noche, llamando a sus esclavos de sangre para que combatiesen en primera línea de batalla. Antes de que se dieran de cuenta, las gárgolas y los vampiers estaban sobre ellos acabando con su gente.

Ellos eran pequeños cuando ocurrió, pero recordaban como fueron conducidos por las mujeres a

las cuevas ocultas en las entrañas de la montaña, escondiéndolos para salvarles la vida.

Durante cinco días esperaron el regreso de sus familiares. Pero el quinto día al ver que nadie aparecía, salieron de la cueva y se encontraron con la dura realidad.

Sus padres, hermanos y tíos estaban muertos. Sus cuerpos despedazados comenzaban a presentar signos de putrefacción y el olor que inundaba todo el valle era nauseabundo.

Gabeil al ser el hijo del anterior macho alpha tomó el control y con tan solo cincuenta años se convirtió en el jefe lycans más joven de la historia de los siete clanes.

Ahora, vivían ocultos en los bosques. Ninguno de ellos quería volver a vivir como en antaño, en una lujosa mansión. Siendo un blanco fácil para sus enemigos.

El clan Rhobsein era único entre los siete clanes lycans y por muchos siglos esperaban serlo.




************


Una vez que se encontró solo, Jared soltó el aliento de golpe y gritó de dolor, antes de escupir al suelo sangre.

Las heridas se habían abierto y sentía como la sangre se deslizaba lentamente por su cuerpo. Le dolía todo el cuerpo como si le estuviesen quemando las entrañas, como si le retorciesen todos sus músculos y tirasen de ellos con fuerza.

Miró a la cima de la montaña y soltó una maldición. Estaba muy lejos de las cuevas, al menos a media hora si adoptaba nuevamente la forma de lobo.

— Demonios, por tierra no llegaré a tiempo — meditó unos segundos antes de decidirse a tomar una nueva forma animal.

Ahora que estaba solo podía transformarse, ya que adoptar una forma animal le llevaba más de cinco

minutos, entre que se concentraba visualizando en su mente la imagen del animal que iba a convertirse y luego invocaba su poder encogiendo su cuerpo, ocultando su ropa con magia y cambiando su piel por plumas o por pelo.

Con la práctica consiguió acelerar el cambio, pero aún así perdía más tiempo durante la transformación de humano a animal, que de animal a humano.

Un cuervo. Esta vez me transformaré en cuervo. Pasaré desapercibido. Tendría que haberlo pensado antes, pero cuando las llamas de los brujos me pisaban los talones, solo conseguí visualizar a un depredador capaz de defenderse con sus colmillos si me atrapaban.

Después de elegir el animal, Jared se concentró cerrando sus ojos y permitiendo que su poder transformista se liberase. Su cuerpo se encogió y su piel se cubrió de un oscuro plumaje hasta que la transformación se completó satisfactoriamente y

donde antes estaba un hombre, batía las alas un imponente cuervo.

Sacando fuerzas de la flaqueza e ignorando el intenso dolor que recorría todo su cuerpo, Jared alzó el vuelo precariamente tomando rumbo a la cumbre.

El trayecto hasta la cima se le hizo eterno, una tortuosa tormenta de dolor.

Cuando al fin se encontró a la entrada de una cueva Jared suspiró aliviado. Permitiendo que su cuerpo adquiriese de nuevo su verdadera naturaleza, caminó con lentitud hacia las entrañas de la montaña.

Escupiendo sangre cada vez que rompía a toser Jared se dejó caer al suelo y cerró los ojos dolorido agradeciendo la tranquilad que le confería la fresca y húmeda tierra, tan llena de vitalidad y energía positiva.

Antes de que la oscuridad de la inconsciencia lo llamase, Jared escuchó en su mente los angustiosos gritos de sus amigos.


Sus muertes pesarían sobre su conciencia y condenaría su alma eternamente.

Pero antes de morir buscaría a los asesinos que atacaron su hogar y acabaría con todos ellos.

La venganza era su único destino.

No le quedaba nada más.

************



No muy lejos de donde Jared dormitaba, las lenguas de fuego alcanzaban el cielo nocturno iluminándolo levemente por unos instantes. Las salvajes llamas consumían con rapidez los escombros de lo que en otro tiempo fue una lujosa mansión, dejándola al estado de retorcidos hierros candentes y piedra descascarillada y ennegrecida. Los jardines que rodeaban la propiedad estaban cubiertos de ceniza y el humo que desprendía el potente fuego alcanzaba a cubrir todo el horizonte. Los asesinos acabaron con todos los que allí moraban asegurándose que no quedasen supervivientes entre las ruinas, registrando para ello palmo a palmo la propiedad, dejando tras ellos un rastro de muerte y destrucción que difícilmente sería olvidado y que daría comienzo a una guerra que cambiaría ese mundo.


1 comentario:

  1. ¡Hola, Sheyla!
    Discúlpame por no pasar antes a leer tu novela, es que he estado con muchas cosas y algunos problemas personales que no me dejan mucho tiempo, pero la verdad es que hace rato que quiero leer esta historia y no pienso perdérmela por nada.
    Éste comienzo ya me atrapó, con esos personajes (Jared y Gabeil) tan atractivos y los dos tan sedientos de venganza.
    Me resultó sumamente original tu vampiro hechicero, sobre todo los poderes que él tiene.

    Iré poniéndome al día con los capis, y aunque por falta de tiempo no podré leerme todos juntos, si iré viniendo cada día.

    Besos,
    Bri

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